martes, 3 de abril de 2007

CCLXXXIV.- "Corazón-salado-vasallo-del-mar"

TINTERO VIRTUAL CCLXXXIV
Como soy gran aficionada a los libros de aventura y ciencia ficción, no me resisto a proponer como tema cualquier cosa en relación con ella.
Stephen R. Donaldson es autor de una doble trilogía de corte fantástico, bastante atípico y donde de forma secundaria destaca un personaje que siempre me ha encantado:
"Corazón-salado-vasallo-del-mar"
Es su nombre. Y con su nombre, espero que os inspireis y escribais en esta edición. No es algo cerrado, tanto puede ser un personaje, como cualquier otra cosa que se os ocurra, pero el tema de este Tintero será el propuesto.
Imaginación y buenas letras para todos.
Salud y paz.
(pd. Si os parece muy complicado, os comento que Corazón-Salado era un gigante, enorme y tan poco fiero como su nombre indica. Amaba el mar y navegaba en un extraño barco de piedra...)

YUYUWANA 23/02/0701:14




  • Marte.
(este relato casi no me cabía en el post).Marte.
En los primeros días de la colonización en Marte se enviaron cohetes con un mecanismo de fisión nuclear que creaba agua a partir de arena, un mecanismo termonuclear al servicio de la terraformación marciana. La terragénesis funcionó perfectamente y durante más de un siglo se emitió vapor de agua a la atmósfera carbónica del planeta creada directamente de la fisión termonuclear de la sílice marciana. Los cohetes eran al mismo tiempo inmensas excavadoras que extraían la arenisca de la superficie y a su vez, enormes centrales nucleares de fisión atómica. Llevar hombres a Marte era una tarea en aquel momento imposible. El vapor de agua emitido condensaba en la altura y la primera lluvia sobre Marte fue todo un acontecimiento de esperanza para la humanidad. Poco a poco fuimos capaces de crear ríos y lagos que lentamente erosionaron la superficie del planeta, aunque no fuimos capaces de crear mares salados, pues en Marte no había Cloruro Sódico. Luego empleamos todo tipo de algas para repoblar aquello, preparándolo para la colonización humana. Y más tarde soltamos los primeros peces. La cantidad de agua pesada que había en el ambiente era excesiva para un ser humano normal, sabíamos que el humano enviado a Marte sólo viviría una media de cincuenta años, pero la falta de recursos en la tierra había hecho descender la esperanza de vida global media humana a los cuarenta y cinco, y sólo una casta de científicos y políticos llegaba a la media de ciento doce años, y no es que la medicina fuera mala, que no lo era en absoluto, prácticamente no había enfermedades, es sencillamente que no había comida para todo el mundo y decidimos que los mayores de cincuenta años debían ser asesinados eugenésicamente, salvo si eran seres de dotes y dones excepcionales. Los primeros pobladores humanos de Marte fueron cincuenta hombres y veinticinco mujeres. Luego enviamos un centenar más, y seguimos enviando hombres actualmente. Por eso la población mundial en la Tierra ahora mismo es de veinte mil millones de seres, y la población humana en Marte es apenas de unas diez mil almas. Es una población excepcionalmente Joven que se enfrenta a toda clase de peligros, los peces que enviamos se han reproducido y mutado de una manera realmente estrambótica, sus formas y colores son espectacularmente extraños y están empezando a colonizar no sólo el suelo marciano sino incluso el aire, no se sabe si el proceso se debe al agua pesada residual o a la inexistencia de una capa de ozono en condiciones pero la evolución avanza a pasos rapidísimos, a una velocidad desaprensiva, además, al ser los mares marcianos de agua dulce su nivel endógeno de bacterias, hongos, y protozoos es muy elevado. Estrafalarios pecesinsectos, que descienden de peces terráqueos, e insectos que a su vez descienden propiamente de insectos mismamente terrenos, pueblan los aires y las aguas de Marte, hongos gigantes que han evolucionado de oomycétidos comunes colonizan las playas sin mareas de los lagos y ríos marcianos. Todo tipo de algas habitan en las frondosas, extravagantes, y peligrosísimas riberas, algas carnívoras y plantas espinosas que en la tierra eran fósiles vivientes y que sin embargo aquí son lo más evolucionado y chabacano que existe. Sin embargo no hemos llevado mamíferos a estas tierras salvo conejos, algún que otro pájaro y ratas. Sólo las ratas, los conejos, y los gorriones se han adaptado, pero los gorriones no pueden competir ya casi con los insectospeces voladores y están prácticamente al borde de la extinción. Las ratas son gigantescas igual que los conejos y se depredan entre varias razas, descendientes de sus primitivos padres, entre sí, con una ferocidad sin piedad rayana en lo macabro, con una apoteosis de bestialidad sin cuento. Shiiko Ontri, corazón salado, apagó su ordenador y dejó de escribir el Tema que le habían pedido en clase. .........................

Escritorcillo 23/02/0713:33




  • LA AGONIA DE UN GIGANTE.
Dicen, que cuando nació presagiaban iba a ser un gigante. Cuando comenzaron a hacerle su cuna, pronosticaban que pronto se le quedaría pequeña. Y se inició en su andar con paso firme y potente. Dejó pasar de inmediato su infancia, para entrar en la pubertad. Mas tarde, al poco tiempo, se hizo ya grande, muy grande. Tan grande que nadie le reconocía.
Un gigante hicieron de él con sangre obrera, con cuerpo metálico y de PVC. Mente de empresarios, y proceder de magnates y banqueros. Lo de menos para él ya no era su sangre ni su cuerpo, lo primordial era el dinero.
Así fue caminando día a día, mes a mes. Un año tras otro, mientras observaba marismas, mientras absorbía el aliento de cientos de obreros. Sin pararse a mirar en el futuro de aquellos diminutos cuerpos que a su alrededor se movían. Y a él que más le daba, que se muriesen de rabia o de pena, que se manifestasen o protestasen en cada jornada.
Han pasado veinticinco años y aquél gigante que crearon se está desmoronando, lo están dejando morir. Ahora a nadie le importa la forma que tenga de irse. Tan sólo aquellos diminutos cuerpos, que anduvieron a su vera y a su alrededor, son los que se lamentan por su muerte y hacen suyo el dolor.
Dicen y comentan, que no le dan más de seis meses de vida. Ahora que el padre del gigante lo abandona, algunos, solicitan justicia y ayuda. Pero aquellos diminutos cuerpos que anduvieron a su lado y que son los obreros, son los que lamentan su muerte y los que lloran a su lado.
¡No te mueras DELPHI!, lloran y lamentan cientos de obreros en la Bahía de Cádiz. Temen que si muere el gigante metálico y de PVC, se morirán de hambre, ellos también.
PD.- tal y como me ha salido lo he colocado. Que sirva de apoyo y protesta.

erkaytano 23/02/0713:50




  • Félix.
vivía en una pequeña casa medio destartalada a orillas del mar y era el hombre mas feliz del pequeño pueblecito marinero al que pertenecía. Tenía un corazón mas grande que su enorme corpachón y cuando alguien hacia alguna referencia a esto, el sonreía y decía que tenía el corazón salado como el mar. Se dedicaba a la pesca que el mar generosamente le ofrecía. Todas las mañanas salía en su pequeña barca pintada de naranja que el mismo decoró con su color favorito y que resaltaba contra el azul y el blanco de las olas. Siempre volvía con una buena pesca que él por las tardes vendía en el mercado del pueblo y con lo que sacaba iba tirando, pues él no necesitaba mucho más para vivir.
En el pueblo lo tenían por un personaje peculiar y solían murmurar que por las noches bailaba desnudo en la playa tirando flores al agua y hasta alguno decía haberle visto cantando y hablando con sirenas e incluso bañándose con ellas en las noches de luna llena. Algunos del pueblo decían que tenía un pacto con el mar, él le rendía vasallaje y a cambio el mar le regalaba la pesca con la que se alimentaba y vendía para sacar el dinerito necesario para vivir. Pero los mas, lo tenían por un loco y le gastaban bromas a veces un poco pesadas que èl toleraba con paciencia.
Un buen día llegaron al pueblecito unas gentes de aspecto importante y junto con el alcalde se acercaron donde vivía Félix y hablaron con él para proponerle comprarle su casa y sus tierras y construir un hotel frente al mar. El buen hombre sonrío y dijo que ni por todo el oro del mundo se marcharía de allí, que el mar era su pasión y su vida y nunca se alejaría de él. Por mucho que le ofrecieron y le rogaron el siguió negándose a todas sus propuestas. Los hombres importantes se marcharon muy disgustados y diciendo por lo bajito: - ya veremos.
Una noche cuando Félix bailaba desnudo junto al mar unos hombres vestidos de blanco lo cogieron y a empujones lo metieron en una ambulancia y se lo llevaron al hospital psiquiátrico que había en la ciudad. La orden la había dado el alcalde alegando su locura. Como no tenía familia, el alcalde fue nombrado su tutor disponiendo de sus bienes que por supuesto en seguida fueron vendidos a los constructores para que empezaran las obras del hotel.
El pobre “corazón salado” se vió recluido entre cuatro paredes blancas y por mucho que miraba por la ventana no podía ver el mar y se sumió en una profunda tristeza, a penas si hablaba y no comía, pasándose la mayor parte del tiempo llorando y añorando el mar.
Mientras tanto en el pueblo habían construido el esplendido hotel que se erguía orgulloso en primera línea de playa con aspecto desafiante como un gigante que se enfrentaba sin miedo al mar. Cuando estuvo terminado, la noche antes de la inauguración cuando todo el mundo se hubo marchado, el mar enfurecido mando una enorme ola que en un momento se trago el hotel quedando solo restos destrozados en la playa.
Los habitantes del pueblo empezaron a decir que el mar estaba furioso con ellos por haber alejado a su vasallo de él y se había cobrado con creces la afrenta y que debían devolver a Félix a su hogar si no querían que hubieran peores consecuencias porque igual que se había llevado el hotel se podía haber tragado todo el pueblo.
El alcalde habló con el psiquiatra que trataba a Félix y los dos estuvieron de acuerdo en que lo mejor para él era devolverlo a su hogar.
Cuando el buen hombre volvió al su casita que todo el pueblo se había encargado de reconstruir beso la arena de la playa y corriendo se sumergió en su amado océano dando gritos de alegría. Todavía siguen contando los mas viejos del lugar que ese día vieron sirenas acercarse y bañarse con su vasallo, mientras todo el pueblo reía y aplaudía.

pimienta14 23/02/0713:58




  • GüELITA VICTORIANA.
Victoriana tiene 92 años y baja cada día, si el tiempo y la artrosis se lo permiten, al muelle de su ciudad. Una vez allí, sale de su boca medio dentada una maldición agradecida:
- Gracias, hija de puta.
Victoriana lleva jubilada casi treinta años. Dedicó cuarenta y siete a estibar barcos. Pasaron sobre sus espaldas sacos de carbón, de café, de maíz ... Si se pudiesen contar las toneladas que soportaron las piernas de Victoriana las matemáticas se convertirían en cuentos de magia y fantasía.
Es todo un carácter Victoriana. Hoy, apoyada en su cachava, ve estibar a los pocos hombres que trabajan en el muelle con una mezcla de asombro, envidia y desprecio. Ve como las cintas sin-fin penetran en los vientres oscuros de los cargueros y salen los sacos en ordenadas filas hasta lo alto de los camiones de carga o los vagones del tren. Ve como la cuchara de la grúa engulle cientos de kilos de granel en cada bocado y los deposita con delicadeza de monstruo dulce en las tolvas de carga. Nunca se le olvidará la primera vez que vio funcionar la grúa y como el encargado del manejo la invito a la cabina a ver las maniobras:
- A la mierda el trabajo de los hombres – dijo Victoriana – a partir de ahora trabajarán ellas.
Dos años después de jubilarse, Victoriana ingreso en un hospital traumatológico para operarse de las piernas. La primera vez que fue al médico, en toda su vida, éste no pudo creerse lo que revelaban las radiografías. Los huesos de las rodillas eran un puzzle imposible que hacían del simple hecho de caminar un calvario que ella aguantaba sin apenas quejarse. La sustitución de las rotulas por unas prótesis y el posterior post-operatorio la tuvieron nueve meses atada a la cama.
- Niño, llévame al muelle – me dijo cuando fui a recogerla con el coche el día que le dieron el alta.
- Gracias, hija de puta – dijo en voz baja cuando aparque al lado de un ro-ro de coches.
- ¿Y eso abuela?
- Nada, cosas mías. Vamonos a casa.
Victoriana tiene el corazón salado más dulce de toda la ciudad. Incapaz de dar un beso o dedicarte una palabra amable, metía horas de carga en los almacenes del muelle para comprarnos coca-colas y chocolate de estraperlo del que traían los marinos del otro lado de la mar. Una gigante de ciento cincuenta y cinco centímetros subiendo los cuatro pisos sin ascensor con la cara seria y las manos cargadas de tesoros dulces.
Todavía hay hombres en el muelle, casi niños cuando ella se jubiló, que cuando la ven llegar se acercan a darle dos besos. Jamás los devuelve. Ellos, grandes como castillos al lado de Victoriana, fingen no ver la humedad de sus ojos.
Agua salada y contenida. Con dos cojones.

MALDOROR_ 23/02/0718:16




  • Sueños de Gigante que penden de una soga.


Alargaba su mano para asir en la penumbra los finos chorros de luz que entraban por el tragaluz y escapaban entre sus dedos entreabiertos, ahora ligeramente cálidos. Pensaba que aquellos rayos de luz eran como agua de mar en aquella habitación, pues el mar traía promesas de aventuras, de leyes, hombres, rumores, vientos y seres fantásticos que el había tenido tiempo de escudriñar con morosidad en innumerables tardes, donde algunos hombres sucumbían a sus gigantescas ambiciones, vasallos de sus emociones oscuras, o donde otros, aferrados a la esperanza de un rayo de luz, enfrentados a los dioses, caían para volver a levantarse una y otra vez, sin prestar oído a los cantos de sirena, amarrados al mástil central de una idea que no sucumbía en las tempestades de sortilegios, esclavitudes, encantamientos, mujeres, príncipes desleales y cualesquiera otros ardides que el ojo del lector quiera descubrir en los libros que, como aquellos fluidos luminiscentes de aquella habitación donde la lobreguez retrocedía, tal vez iluminen algún recóndito rincón oscuro en el pensamiento y lo llenen de nuevos detalles.
Una soga se mecía sobre la viga próxima al tragaluz y Cristian suspiró, recordando como el abuelo aquella noche desaparecía taciturno, doblando la esquina del pasillo a oscuras, sin zapatillas, y con algo que ocultaba entre los brazos. A esta hora de la mañana debería estar volviendo de la calle, desgastando paso a paso el camino que viene desde la panadería, allá en la plaza, esquivando los desconchados del pavimento, pronunciando denuestos contra el delegado de la mancomunidad, resollando por el esfuerzo de subir aquella cuesta mientras se cerraba más la gastada pelliza marrón. Durante setenta años el mismo trayecto, todas las mañanas, en todas las condiciones, habían visto pasar las piedras viejas de aquel pueblo la figura de Severino, abuelo de Cristian. La tarde anterior habían discutido, una vez más, aunque Cristian no le hacía mucho caso, ocupado frente al televisor con uno de aquellos aparatos “comecocos, que te sorben los sesos”, como decía el abuelo cerrando el puño aún fuerte como una roca, “ ¡ abre un libro ¡, que se te va a secar el cerebro”, añadía con un puñetazo estentóreo sobre la tapa del último que estuviera leyendo, mientras Cristian haciendo un combo presionando los botones de su flameante mando estaba en disposición de terminar con aquel villano de turno, megalómano y digital que estaba a punto de conquistar el mundo o cualquier otro planeta, navegando con sus huestes de metal. Cristian que había seguido la historia de triángulos amorosos, traiciones, despedidas, muertes y enigmas, proyectaba su último asalto del día para salvar a la humanidad cuando su abuelo le desenchufó la playstation. A eso le siguió un estallido colérico, donde Cristian y su abuelo, la única familia que le quedaba, se cruzaron acusaciones trufadas de desprecios dando como resultado que uno se fuera llorando a su habitación y en el otro se detuvieran las lágrimas en aquellas bolsas de años, para precipitarse con la amargura del agua de mar sobre el suelo del hogar.
La oscuridad que la noche anterior se hubiera señoreado en aquella habitación reculaba hacia las grietas de la pared, mientras la luz seguía avanzando y parecía bajar resbalando por la soga hacia el cuerpo muerto que basculaba, mecido al antojo de la gravedad y la inclinación del techo, a un lado y a otro de la habitación sin que Cristian pudiera tocarlo siquiera con la yema de los dedos. Yacía en la soga aquel cuerpo muerto que le contara las historias de amores que no es capaz de matar una espada, muertos que viven en el recuerdo de sus amigos, redes de conflictos medievales, de impulsos, de emociones, de sentimientos, venganzas, venenos y gigantes capaces de hacer temblar un ejercito con el rugido de su garganta y que se podrían derrumbar ante la traición de un amigo. Cristian se subió a una silla para alcanzarlo, mientras en el vestíbulo de casa sonaba el viento que entraba a través de la puerta de entrada y Severino llegaba a tiempo de tender sus brazos cuando Cristian caía desde la silla, rodando ambos por el suelo. Cristian se levantó asustado y su abuelo se fue incorporando lentamente mientras su nieto le brindaba la mano. Se miraron. Severino arremolinó los cabellos alborotados de su nieto y se rieron. Cada uno de ellos prometió probar el entretenimiento del otro, para tratar de entenderse, cuando bajaban a desayunar un gigantesco tazón de leche con pan untado de aceite y la play reposaba en la mesilla que está junto a los libros.
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4571 caracteres según el word. No he tenido mucho tiempo para corregirlo.
Un saludo afectuoso, deu. :D

ALIAS-ABC 25/02/0715:30


  • Nicolasón.

Mientras subía al cadalso el populacho contaba los peldaños de madera que crujían bajos sus enormes pies: ¡Uno…dos…tres…siete!
La aparición del gigante Nicolasón en la ciudad fue muy extraña. Corrió la voz de que su cuerpo no era de carne sino de leño; que se comía animales enteros como las culebras y que su fuerza era tal que podía parar una yunta de bueyes sólo con tensar su brazo derecho.
No hablaba, Nicolasón no emitía palabra alguna. Medía más de 10 pies y los bíceps tenían el perímetro del vientre de un ornodo mesonero.
Su conducta como ciudadano era intachable. Respetaba los enseres, las casas, las gentes. Pero en una situación no respetaba a nadie ni a nada: cuando tenía hambre. Lanzaba bramidos fieros y daba pasos alocados en busca de alimento. A zarpazos derribaba establos, si era necesario, y se llevaba una res o un par de corderos y hasta un cerdo. Se lo colgaba todo a sus espaldas y se adentraba en el bosque.
Nunca nadie se atrevió a vigilar dónde reposaba su cabeza Nicolasón. Pasado cierto tiempo volvía a la ciudad y se paseaba tiernamente por las calles sonriendo con gestos amables a los ciudadanos.
Pero un día, nadie sabe cómo desapareció un niño. Unos dijeron que fue Nicolason, otros callaron.
En el juicio, Nicolasón fue sentenciado a morir en la horca y expuesto en el rollo.
Más de treinta personas hicieron falta para atarlo. Se le juzgó sin que él abriera la boca. El juez lo consideró un irracinal. El día que se iba a cumplir la sentencia, cuando subía los escalones del cadalso dio un bramido y rompió las ataduras. Encima del patíbulo comenzó a bramar y de su cuerpo salieron chorros de líquido que formaron un gran charco.
El populacho asustado le dio la espalda sin atreverse a mirar. Cuando volvieron los ojos al reo sólo vieron un árbol de dos ramas y una maraña de hierbas.
Los estudiosos de la época dicen que Nicolasón concentró tanta fuerza en sus gritos que el agua de su cuerpo manó por los poros y su carne se convirtió en una mojama leñosa, como de árbol.
Aún hay quien afirma a los visitantes que ese tronco retorcido y costroso que agoniza en medio de la plaza es Nicolasón y que un día recuperará su forma.

ANDRESNIPORESAS 25/02/0720:58


  • El gigante fósil Magic Johnson NBA Global I

Entre tunicados, holoturias, erizos de mar, esponjas marinas,anfípodas, gambas gigantes,corales, medusas, anémonas..se ha encontrado en el epicentro de los diez mil kilómetros cuadrados del fondo marino antártico, que había estado oculto bajo el hielo, antes de que las gigantescas capas se hubiesen quebrado de dolor pasional y aburrimiento gélido, los restos arqueológicos de un ser humano gigante que no corresponde a ninguna de las especies de "homo sapiens" jamás vistas hasta ahora.
Los científicos han llamado a este fósil, que debió medir cerca de tres metros, Magic Johnson NBA Global, a sabiendas de que este especimen ahora se lo rifarían los equipos de élite de baloncesto de los países que despuntan en esta modalidad deportiva. El verdadero Magic Johnson ha manifestado en rueda de prensa telefónica que se siente muy orgulloso y que aprovecha la ocasión para rogar a la audiencia que aporte donativos a su organización Magic Johnson AIDS. Añade que le parece "wonderful" que la ciencia se ocupe de los fósiles muertos, pero que hay que pensar también en los que viven una vida de fósiles por causa de esta terrible enfermedad.
La prensa científica especializada defiende que este gigante probablemente fue sepultado por un alud cuando se encontraba pescando percebes antárticos gigantes, gambas enormes de aguas frías y pulpos de la especie "Antarctic octopus paraledone turqueti". El fino paladar, la vida nómada y silvestre de Magic Johnson NBA Global le permitían degustar mariscadas que hoy resultarían inasequibles para los bolsillos más pudientes. Junto a él se han encontrado restos fósiles de arpones con afiladas puntas, aptas para herir o matar a sus presas marinas. La dentadura de este ser fabuloso muestra un aspecto mitológico de afilados colmillos aserrados dispuestos en tres hileras cual boca arqueada en forma de media luna,de tiburón galano.
La existencia nómada de Magic hace presuponer que era capaz de recorrer las extensas llanuras níveas del extremo meridional argentino y chileno en menos de dos meses, sin a penas establecerse en un mismo lugar más de tres días seguidos. Se movía sólo, sin compañía. Con casi toda seguridad, afirman los científicos, que se reunía con sus congéneres una vez al año en un lugar concreto de la Antártida, aún por determinar. Ese feliz día se intercambiaban presentes, realizaban ceremonias iniciáticas y copulaban. Las hembras vivían una gestación de doce meses. Parían solas a sus hijos y los criaban solas. Cuando sus hijos cumplían los siete años, los dejaban libres desenvolverse y desarrollarse a su ser. Esta peculiar manera de vivir evitaba conflictos, luchas y rivalidades entre unos y otros, aunque es probable que en esos encuentros anuales apuntara algún conato de competencia o enemistad.
Magic Johnson NBA Global pudo permanecer en el Planeta Azul por espacio de dos mil cuarenta años. No más.

gemmayla 26/02/0720:43


  • De gigantes y enanos (una parodia tinteril)

Un buen día los enanos decidieron matar al gigante Paco. Las malas lenguas dicen que por envidia, pero el motivo oficial fue que el gigante Paco les tapaba el sol, agostaba las cosechas y sumía a los enanos en una perpetua noche de la que, francamente, estaban más que hartos. Nadie que conociera al gigante Paco podía tragarse semejante patraña, pero como no había más gigantes que él, y la envidia emponzoñaba el corazón de cada enano de la aldea, nadie puso objeciones a la sentencia, que se ejecutaría al amanecer.
El gigante Paco, que era de buen conformar, aceptó su destino, ya que prefería estar muerto antes que contrariar a sus vecinos. Así, se dirigió con el paso humilde de una res al matadero, se dejó enlazar la soga al cuello y se dispuso a morir. Fue necesario un regimiento de enanos para retirar el inmenso taburete sobre el que se erguía Paco, pero al fin lograron derribarlo cortando a hachazos las patas como si fueran robles. Al desplomarse éstas con los últimos hachazos el taburete cedió y el corpachón de Paco cayó como un saco de cemento, haciendo crujir la trabazón de la horca, que no obstante resistió.
Pero no se le rompió el cuello, y el pobre gigante estuvo columpiándose durante más de una hora. Alguien temió que fuera cierto lo que dijo un escritor y que la horca fuera una balanza en cuyos platillos se miden un hombre contra el resto del mundo, y que esta vez el hombre fuera a ganar la partida; pero Paco no era tan grande, ni el mundo tan generoso, y ambos supieron de quién era la victoria. Entonces Paco sintió odio. Odio hacia aquellos miserables enanos que lo estaban matando. Les odió y juró venganza.
Pero pronto se diluyó el odio, conforme se le escapaba la vida. Y entonces, con el último aliento, sintió el reverso amable de la muerte por ahorcamiento: algo comenzó a agitarse en su entrepierna, y sintió crecer un bulto que presionaba sobre la tela de saco de sus inmensas calzas. Tanta fue la presión que cedió el saco, y sobre las cabecitas de la diminuta multitud se desplegó majestuosa la más inmensa erección que vieron los siglos. Una verga enorme que se erguía y se erguía como el ego de un alcalde, y que se alzó al cielo ansiosa por alcanzar las nubes. Tanto creció aquella monstruosidad que el sol se ocultó como en un eclipse y en toda la aldea reinaron las tinieblas. Y mientras expiraba, un resto de conciencia le hizo a Paco experimentar el mayor orgasmo que nunca un gigante hubo sentido.
Ya muerto, no pudo ver como los ríos que brotaban de su virilidad anegaban la aldea, el río, los bosques y campos circundantes, y arrastraban a los enanos valle abajo, para esparcirlos por la llanura. No obstante, nadie murió más que Paco, cuyo cuerpo fue incinerado y sus cenizas arrojadas al mar, que en un tris estuvo de secarse ante el aluvión de polvo. Todos decidieron, entonces, olvidar a Paco, pero ninguno pudo. Al cabo de unos meses comenzó a extenderse entre los enanos la sospecha de lo que se les venía encima. Una tras otra, las enanas fueron quedando preñadas. Jóvenes y viejas, casadas o solteras, ninguna quedó sin tripa. Y los enanos temblaban de celos bajo sus crecientes cornamentas con el recuerdo de la riada.
Sea como fuere, al cabo de nueve meses comenzaron a nacer enanos en cada casa de la aldea. Enanos que no tardaron en arrancar a crecer, para superar en pocos meses la estatura de sus padres. Y a los dos años se hizo patente, entre aquella legión de infantes que les sacaban la cabeza a sus temerosos padres putativos, que de enanos no tenían nada, y que la riada había dado sus frutos. Y crecieron y crecieron las criaturas, y no pasó ni una década hasta que los enanos sintieron llegada la venganza del gigante mientras caían uno tras otro aplastados como hormigas por sus propios hijos.

Kastorp 26/02/0720:47


  • Jazz

La orquesta empezaban a afinar los instrumentos dentro de la sala de conciertos, y el ruido salía al vestíbulo por las puertas abiertas. La-la-la-laaa, daba la pauta el piano; ahí-ahíiiiiiiiiii le contestaba un violín. Los espectadores rezagados se apresuraban a toser y entraban corriendo a sus sitios. La función iba a empezar enseguida.
Benson seguía indeciso al lado del guardarropa junto al general Azumbre y sus soldados. Mordía una semilla de caco tostado que le había dado Azumbre y que estaba muy buena, y se preguntaba si, al fin y al cabo, no sería mejor enrolarse en su tropa para ser libre. El general no parecía tan mala persona, o al menos tan mal trozo de carne en lata. En ese momento estaba a su lado metido en su armadura, pero se había quitado el trasmisor de una oreja para poder oír bien y apuntaba la cabeza hacia la puerta atentamente. Alguien sensible a la música no podía ser un monstruo, ¿verdad?
Duduá —afirmó un saxo allá adentro. Bebebobop —dijo “de acuerdo” una trompeta. Los maestros se habían calentado y espontáneamente habían empezado a jugar por libre, y se habían puesto a tocar algo fuera del programa, todos a la vez. Jazz¡¡¡¡ La gente gritó encantada. Un clarinete burlón se lanzó a tocar “En marcha”, canción viejísima que todavía funcionaba, y la orquesta le fue detrás con toda la trompetería desplegada, y el público enloqueció y silbó, aplaudió y pateó, y pidió más. Más Jazz¡¡¡¡ El auditorio se venía abajo. Eso de la ópera quizá estuviera bien, pero el Jazz sí que les gustaba a los pioneros. El contrabajo se marcó un solo de virtuoso, dum-dum-dudum-dududum-dong-dong, y de pronto una voz de mujer, la famosa PezLunar, la diva, la que tenía que ser la protagonista de la ópera de aquella noche, se lanzó en medio del escándalo y empezó con Miles Davis, “Kind of blue”, cantando una letra inventada en el antiguo idioma común que ya nadie entendía: “Lágrimas azules en tus ojos”, decía, y la gente no sabía lo que decía pero le encantaba la voz y el ritmo lento, leeeento y suaaaave de la canción, y empezaron a dar palmas.
El general Azumbre encogió su ojo periscópico, que era como entornar los párpados, para poder escuchar mejor a PezLunar. Era un gran tributo a la bella voz de la diva, porque quedarse sin ver significaba quedarse indefenso y que cualquiera, incluso uno de los mismos soldados que andaban por allí, un enemigo de tantos, pudiera atacarle y vencerle en ese momento, mientras estaba desprevenido. Pero el general no parecía tener en cuenta el peligro, sólo quería escuchar y su cara se había vuelto de piedra, no le importaba nada más.
Se decía que antes, hacía tiempo, el general Azumbre había sido joven, quién lo iba a suponer, y que había estado enamorado de una chica pero ella le había rechazado. Triste asunto. El general había sido un mozo guapo y menos bruto que ahora, pero bastante bruto de todas maneras, y se había entregado a un llanto brutal día tras día y sobre todo por las noches, y la sal de sus lágrimas había secado sus ojos y todos sus sentimientos humanos, de manera que su corazón de sal nunca había pertenecido a nadie más, y sólo era vasallo del mar amargo que había formado con sus lágrimas, del recuerdo.
Benson comía cacao y observaba a Azumbre, que escuchaba la canción hecho una piedra con su ojo derecho seco y el izquierdo artificial, imposibles las lágrimas. Benson se preguntaba si alguien lo había conocido tan bien como para llamarle monstruo.

BLANKA-L 27/02/0714:15


  • El hijo del pescador

Cuentan que mientras mamaba respiraba la sal de la brisa marina, que sus primeros pasos fueron sobre una red de pescar de tantas que su madre cosía y que aprendió a caminar detrás de las gaviotas confiadas que se acercaban a comer los restos del pescado descargado por la mañana en el muelle. La piel clara le duró muy poco, enseguida se le cubrió de color con los abrumadores rayos del sol, y sus manitas y su cara se hicieron fuertes ante las inclemencias del tiempo que trajeron sus primeros inviernos. Su padre que era pescador y sabía lo duro que era vivir de ese trabajo, soñó y planeó para él otra vida diferente lejos del mar, no supo comprender que todo lo que el niño había vivido hasta entonces sería como un veneno que inundaría su cuerpo y su espíritu para siempre.
Manuel fue un niño inteligente y aprendió rápido en la escuela de aquel pueblecito de pescadores, aunque las hojas de sus libros siempre olían a brisa de mar. Él estudiaba sentado entre las inmensas redes, levantando a veces la vista hacia el azul lejano allí donde una línea une y separa las distintas tonalidades del mismo color. Su madre miraba su cara y lo veía soñar despierto, y sabía que su hijo tenía el corazón lleno de sal, no será fácil –pensaba ella- alejar a este chiquillo del mar…A los diez años Manuel partió tierra a dentro, para seguir sus estudios en un internado de la gran ciudad; el tiempo y las paredes del colegio borraron el tinte moreno en la piel del niño, los libros se impusieron a sus sueños azules y en sus juegos al aire libre dejaron de oírse las voces conocidas de las gaviotas. A pesar de todo, Manuel tuvo siempre muy claro lo que quería hacer con su vida y en su fuero interno llevó guardado por años el compromiso de que algún día el mar sería su dueño y señor. Sin dejar de estudiar, siguió soñando con grandes veleros surcando los mares, él se veía allí sobre el oleaje, en la proa del barco sintiéndose libre bajo el sol y recibiendo en su pecho y en su cara la fuerza del viento impregnado de sal.
No fueron vanos aquellos sueños, pues ayudaron al niño a pasar durante aquellos años los largos meses escolares lejos de casa, en verano se resarcía saliendo a pescar con su padre de madrugada y llenándose los ojos con la vida del puerto después, pocas veces se perdía la venta del pescado -en las lonjas se le podía encontrar mirando absorto el regateo de las subastas- y al acabar, se acercaba al lugar donde trabajaba su madre que seguía adobando las redes de pesca…Así, entre la ciudad y el mar, pasaron los años de su adolescencia y aún corrieron unos cuantos años más de estudio para Manuel hasta que llegó, por fin, aquel día en que volvió a casa.
En realidad volvió para despedirse antes de partir en barco rumbo hacia un destino lejano, ya solamente sería pescador en ratos de ocio, acompañando a su padre por puro placer, y en ratos de ocio pasearía entre las redes llevando del brazo a su madre. Manuel aquel día ya no llevaba libros de estudio debajo del brazo y su piel, de nuevo morena, contrastaba bajo el deslumbrante traje blanco con el que iba vestido, en sus manos, inquietas de pura alegría, giraba y giraba una gorra de capitán. Y es que aquel niño creció con el corazón salado y hubiese sido imposible que luchase por hacer cualquier otra cosa que no fuese, cumplir su sueño de hacerse vasallo del mar.

SONETODECUERDA28/02/0711:31


  • El no-cuento del gigante frente al mar.

Había una vez, en un lugar muy lejano, que existía un viejo gigante que miraba al mar.
Era, este viejo gigante, un hombre de piedra o granito, o al menos así le gustaba relatarlo, a los mayores del lugar, a los recién llegados, o a los más jóvenes, o a cualquiera que quisiera escucharlos, cuando las noches de invierno eran frías y debían arremolinarse junto al fuego.
Por aquel entonces era buen fuego, creador de pequeñas reuniones y enormes batallas dialécticas entre los más duchos y que, muchos años después, lograrían hacer de aquellas batallas un arte del prosear… pero ¡disculpen! me pierdo entre los recuerdos; como decía: había un fuego, un grupo de personas arremolinadas a su alrededor y un narrador que contaba lo que gustaba imaginar sobre la fantástica figura del gigante de piedra sentado frente al mar.
La gran pericia del cuentacuentos mantenía a todos en vilo durante unas horas. Mientras, quizá en la oscuridad de la noche, si era invierno tardío, o quizá con el despuntar del alba, todavía, junto a las rocas de la playa o un poco más allá, se encontraba el gigante Corazón Salado ¿hablándole? al mar.
Era este un mote que le habían puesto los niños. Pero tenía muchos más, algunos eran verdaderas poesías hechas nombre, otros no eran tan afortunados y no merecen siquiera el recuerdo de su mención. Así que el gigante Corazón Salado seguía petrificado como de roca, como un monte, como una figura eterna. Y siempre escuchando atento el mensaje que le traía el mar.
Dicen que era un loco. –pobrehombrelocoquemiralamar. Pobrehombrelerdoquenosabehablar. Miraalhombretontoquenodicená – porque cuando alguien, más valiente que los demás, se atrevía a acercarse tanto como para pronunciar las palabras mágicas “¿Qué miras?” El buen gigante solamente volvía sus ojos por un instante, como si prender la mirada lejos de su agua no le dejase respirar. Y ni siquiera debía responder porque aquella mirada tenía la cualidad de resultar aterradora para quien la recibiese, de tal forma que siempre salían corriendo como alma que lleva el diablo, relatando, eso si, para espanto de sus oyentes, horrendas historias de lo que había sucedido en aquel lugar.
Y de esta forma tan simple se forja una leyenda. De la rutina más sencilla, del más incomprendido deseo, de un pesar, de un anhelo. Esperando a algo o a alguien, o simplemente que llegue un cierto momento.
Y es que hubo un día que no apareció el gigante. Y ni los más sabios, ni los más valientes, ni los más curiosos, pudieron decir a donde había ido o que había sido de él. Simplemente desapareció. No así su historia, que hasta el día de hoy ha perdurado, pero si aquella figura de granito y arena o… quizá…, de corazón salado.
Que más cabría decir de aquel gigante que nada hablaba… algunos podrán imaginar que desde la mar llegó su amada. ¡Románticos!
Otros podrían decir que se aburrió de tanto esperar y se recogiese sin más para hacer camino al andar. Pesimistas…
Y los optimistas podrán decir que la espera llegó a su fin, y que el mar, después de tanto tiempo adorado, para su más fiel vasallo, le construyó un jardín.
De piedra, agua y sal.
Pero todo es magín, señoras y señores. Porque solo el mismo gigante sabe a donde fue Corazón Salado vasallo del mar.

YUYUWANA 28/02/0720:32

CCLXXXIII.- Chocolate

TINTERO VIRTUAL CCLXXXIII.- Chocolate
Toca una edición sensual y sabrosa: Chocolate.
(En todos sus usos)

BLANKA-L 16/02/0700:57




  • "Lo que les pasa a mi cuñada y mi suegra, me repercute inexorablemente".
Mi suegra y mi cuñada se han ido una semanita a tierras cacereñas para embadurnarse de chocolate en un Spa o SPA - unos defienden el origen belga del término referido al topónimo Spa, un centro termal situado en la provincia belga de Lieja. Otros aducen que procede del acrónimo en latín "salus per acquam" -
Por teléfono me han ido relatando las excelencias de los chorros de agua fría y caliente, de las piscinas de olas destempladas que convierten la piel de naranja en tersura de porcelana, de los jacuzzis que disparan balas de perlas de cristal, de los parafangos de chocolate negro, blanco y crocanti, de las saunas finesas y masajes tailandeses en el corazón de Monfragüe, de la aromaterapia de fragancias silvestres y marinas.
El martes me manda mi suegra un SMS en el que leo literalmente "Hoy toca cromoterapia". Pienso que ya llevan varios días convertidas en un cromo. Pienso que para rejuvenecer dos semanas en la vida de una, ¡hay que ver lo que toca dejarse sobar! Reconozco que se apodera de mi cierta envidia aviesa, cierto rencor malsano y torcido, no tanto porque ellas están allí y yo aqui, sino porque ellas no están aqui y yo no estoy allí. En definitiva y para explicarme mejor, que me gustaría ocupar el lugar de ellas y recibir doble terapia de Spa y que ellas estuviesen aqui o en cualquier otra parte. Un momento, lo aclaro mejor. Que quiero ir sola a un Spa sin compañía alguna y menos la de mi suegra y cuñada. No es egoísmo duro mío, sino puro afán de evasión. Anhelo huir, escapar a cualquier parte antes de sucumbir aplastada por la rutina cruel, gris que sabe a chocolate amargo y sin endulzar.
El miércoles me llama mi cuñada desde la habitación del hotel, de fijo a fijo. Me dice que la llame yo, que a mi con la tarifa plana no me cuesta los euros. Colgamos el auricular y pulso la tecla de rellamada. Me confundo y he llamado al restaurante chino, ése al que ayer encargué un menú para tres para cenar. La voz de la mujer china la confundo con la de alguna masajista coreana del "Salus per acquam", del Spa liejano-cacereño. Le digo "Por favor, páseme con mi cuñada que quiero que me cuente qué tal le ha ido hoy la terapia del chocolate". La china me responde "Chulos con chocolate no entlar en el menú". Le replico que mi cuñada que yo sepa ha ido sola con su madre, o sea mi suegra y que yo sepa aún no han ligado con ningún chulo porque sino me lo habrían hecho saber por Sms o a cobro revertido aprovechando mi tarifa plana. La china dice no entender una palabra de lo que le digo. Asegura que sólo se ha aprendido de memoria la carta del menu, pero que "hay una chulería muy cerca del lestaulante chino". Caigo en la cuenta del enredo. Pido disculpas. Llamo a la habitación del hotel de chocolate y mi cuñada me dice que como me he demorado tanto en llamarla, no puede contarme nada porque ahora toca cenar ligero, una ensalada y un tazón de leche con cola-cao, "porque tú ya sabes que no puedo dormir si no me tomo un cola-cao calentito y a pequeños sorbos". Siento que empiezo a aborrecer el chocolate y todo lo que ello conlleva, es decir, los embadurnamientos, los chorros y las sobas. Pero cuando aborrezco algo mucho tiendo a pegarme empacho de éllo para terminar de asquearme del todo. Me dirijo al cuarto de baño con un tarro enorme de la nocilla de las meriendas de mi niño. Unto de nocilla las distintas partes de mi cuerpo, haciendo hincapié en aquellas que ya no tienen remedio. Permanezco inmóvil de pie dentro de la bañera unos veinte minutos. Las mascarillas hay que soportarlas sólo eso, unos veinte minutos. ¡Pero que veinte minutos! ¡De ésos que parecen durar una eternidad! Con una manopla de esparto y el chorro del telefonillo retiro el emplasto. En esta difícil operación invierto otros veinte minutos. Decido acabar con esta pantomima chocolatera y escucho a través de la puerta la voz de mi hijo gritar, "Mamá, ¿cuando me preparas mi tazón de leche con Nesquik y galletas?"
¡S.O.S. preciso un SPA por favor, pero de cualquier cosa, que no chocolate!

gemmayla 16/02/0714:12





  • ARCO y Hannibal Lecter.
ARCO y Hannibal Lecter.
Estuve en la Feria de ARCO y lo que más me llamó la atención fueron los cráneos humanos rellenos de fetos y corazones. Inmediatamente imaginé el negocio. Chocolate. Chocolate, cráneos humanos de chocolate blanco rellenos de fetos humanos de chocolate negro o rellenos de corazones de caramelo, de gelatina temblenqueante de fresa. Podía ser un buen negocio. A vender en el Burguer King junto con sus magníficas hamburguesas, estreno, claro está, el día de Halloween, al más puro estilo yanqui. Aquí conquistamos la colina de Iwojima o no conquistamos ni la acera de enfrente. Ya sé, ya sé, me acusareis de necrófilo, de pordiosero intelectual, de necrófago, de provocador, de carroñero, me da lo mismo, el negocio puede resultar francamente bueno, cráneos humanos de chocolate blanco rellenos de nata, rellenos de helado, o rellenos de fetos de chocolate. Una delicia y un buen negocio. Ahora sólo hace falta encontrar un socio capitalista y con redaños que ponga el dinero, yo me quedo con el siete por ciento por haber tenido la idea, porque yo no pongo un duro ni para comprarme un cupón de la ONCE, bueno, ni siquiera eso, ofrezco la idea gratuitamente a quien la quiera ejecutar a cambio de comerme los cráneos gratis. Lo único malo es que el chocolate estriñe. A mi el chocolate me gusta muchísimo, me pongo muchas veces morado comiendo bombones, no sé si los mejores son los de LINDT o los de Ferrero Rocher, siempre, claro, es glamouroso recibir a las visitas como Madam Porcelanosa. Se siente uno aristócrata. Pero lo malo es que el chocolate estriñe y estriñe muchísimo, y no es que a mi me guste andar diarreico por la calle como una vaca, pero tampoco me gusta llevar tres kilos de cemento oloroso en las tripas. El chocolate deja en el paladar un regusto de un ummm acuoso, y nada más que pensar en que podemos comer chocolate ya nos deja el paladar acuoso como untado de mantequilla por dentro. Qué buen invento tuvieron los dioses creando ese espectacular manjar, estos aztecas, que exquisitos eran, libaban chocolate y al mismo tiempo contemplaban un sacrificio humano, exquisitos al cién por cién, refinadísimos, ellos con sus plumas en la cabeza como si fueran Drag Queens de Las Palmas o de Tenerife, en pleno carnaval salvaje, enseñando el culo, un vaso de deliciosísimo Teobroma, y, de película de acción, la última de Mel Gibson, con un corazón palpitante y sanguinolento en la mano, aún caliente y rítmico, recién sacado de un pecho humano, aquí un sorbito de chocolate templado, ummm, allí el ritual religioso de Huitzilopxli, negra y sedienta de calaveras. Qué gustazo una tableta de chocolate Milka, con la vaquita azul, qué linda ella, o de ese chocolate, Valor, que tiene un anuncio que dice: “Placer adulto”, y es un anuncio realmente original, bueno bueno bueno, con mucha calidad, o el tradicional y barato chocolate Nestlé, que nadie lo pide, pero que cuando se trae a casa todo el mundo se pelea por él, porque está buenísimo. Y la madre se lo da siempre al crío más sacrificado y los otros rabian que te rabian por no poder comérselo. Bueno, eso de que el chocolate está barato tampoco es verdad, pero siempre se prefiere el verdadero chocolate a ese sucedáneo que hacen que es un asco y de tan dulce parece que te están desvirgando el paladar de lo malo que sabe. En fín, yo, con mi pequeña idea me doy por satisfecho, comer en un Burguer King un cráneo humano de chocolate relleno de nata. Una idea que ni a mi querido amigo, Hannibal Lecter, se le hubiese ocurrido. Primero una suculenta hamburguesa, de tamaño extragrande, y que le den a Zapatero por el culo, o un Long Chiquen, y ¿quién dice miedo a la gripe aviar?, luego unos aritos de cebolla, y por último un corazón de gelatina de membrillo en un cráneo de chocolate con leche. Ummmm.
....
Francisco Antonio Ruiz Caballero.

Escritorcillo 18/02/0713:38



  • Chocolat Noir.
Se desplomó cansado sobre el escritorio, había sido un día duro. Aun así, abrió su diario con desgana furiosa y buscó frenético su pluma como busca el asesino pasional una improvisada arma del crimen. Se detuvo un segundo frente a las hojas para ordenar sus ideas, después comenzó a apuñalar el papel con la triste crónica de un día menos:
“14 de Febrero de 2007. San Valentín sin Bombones.
Miércoles. Miércoles. Miércoles. Miércoles. Esta semana se resiste como un pulpo agonizante. Todos los días se han levantado con bruma. Una niebla densa y pesada, de consistencia casi sólida. Como un vasto pantano blanco y espectral. No me gusta, parece que el tiempo no transcurre cuando hay bruma. Hoy ha sido una mañana fría con la luna por testigo. He vuelto a atravesar el sórdido callejón que me lleva a la oficina, rodeado de silenciosos desconocidos uniformados de gris y negro; todos viajamos como un legión de cadáveres entre la niebla, una fantasmagórica procesión de caricaturas humanas encadenadas a la rutina.
Miércoles. Miércoles. Miércoles. Puta mierda. Al menos trabajando te olvidas de la apatía, pero la noche trae con la oscuridad la más habitual de las desidias. Así que aquí estoy, otra vez, supurando secretamente tonterías sin ningún objetivo concreto y con la esperanza de que dando forma a las sensaciones logre identificar la fuente de la apatía. Pero no lo conseguiré. Hace tiempo que el chocolate perdió su dulzura para mi, ahora solo noto el recuerdo de su amargor en mis labios, y sin embargo... aun sigo queriendo más.
Hoy es una de esas noches en las que me gustaría atravesar los fríos pasillos de mi solitaria mansión con la única compañía del sonido de mis pasos sobre el mármol, llegar frente a los ventanales de mi despacho y sentarme en el sobrio sillón, color sangre, con un copón de cherry en mi garra zurda. Destaparía distraídamente el panel secreto de uno de los brazos del asiento y dispararía el cañón disruptor, -de fabricación propia- para provocar un precioso selenoclasmo. Miraría con ojos brillantes como el cuerpo celeste es desmembrado por terribles explosiones y como sus restos se precipitan a la atmósfera. Los fragmentos, como lágrimas meteóricas, caerían regalando impresionantes estelas de fuego. El firmamento se iluminaría súbitamente en plena noche para robar la luz a las estrellas, y luego... solo quedaría profunda oscuridad.
Finalmente, las mareas anegarían las costas, los continentes serían tragados por la mar, la tierra sería ahora más pequeña que mi tristeza, y yo me iría a la cama satisfecho por haber privado a los amantes nocturnos de la luz de la Luna.
Das alte Leid.”

Revontulet 19/02/0717:49




  • Propiedades curativas.
¿Eso que llevas ahí es chocolate, tron? Se ha sobresaltado. Al preguntarle una segunda vez, porque me mira sin decir nada, otro se acerca y dice que qué pasa. Olvido siempre la distancia venerable que me separa de generaciones más jóvenes y estos lo son de una muy reciente. Antes de interrumpirles, estaban alardeando los dos de motocicleta frente a la puerta de un local nocturno de copas para llevarse al huerto a sendas mozas, en excelente estado de salud ambas a juzgar por el montón de carne que enseñan. Escucho música, que no identifico, sólo si la puerta se abre para que pase gente, el sitio está animado, bulle de clientes. Yo desentono incluso fuera, tergal marrón, hilo morado y zapatos negros. El negocio está en una plaza que distribuye tres grandes vías de tráfico, el resto es zona verde. Voy de camino a casa a pie con la autoestima lesionada, no es mi ruta habitual, pero la conozco. Sufro por culpa del amor, me gustaría sentir un estímulo que me alivie, un lenitivo, deseo algo de chocolate.
He logrado entablar un inicio de conversación con los dos tipos, uno tiene chocolate con toda seguridad, vi cómo lo sacaba envuelto en papel de aluminio para ofrecerlo a las chicas y luego lo ha vuelto a guardar en el bolsillo de la camiseta con intención de que se note. Ellas han perdido la prudencia sintiendo que sus acompañantes dominan la situación y se acercan, una me toca incluso el brazo con un dedo mientras se cerciora de que mi presencia es real, me lo preguntará varias veces con respeto, aunque sé que sin tomarme en serio, antes de confirmarle a la otra que no soy una aparición. Estoy decidido a conseguir el chocolate y largarme, cuanto más pronto llegue a casa mejor, pero antes de dormir tengo que meterme chocolate en el cuerpo o pasaré una noche terrible. Desconozco cómo se consigue comprarlo a estas horas de la noche.
Resulta que la máquina del individuo que tiene el chocolate es un ciclomotor Yamaha TZR 50, imposible de identificar porque le modificaron completamente el aspecto, no les gustaba el carenado de serie y el que lleva ahora es de fabricación casera, además, el motor ha sido rectificado hasta la exageración, no quedan rastros originales ni marcas, la pintaron de nuevo a mano usando sólo el verde, el negro y el amarillo. Me va a contar el tipo la fuga completa, a los mandos de semejante portento, de la furia que se desató en otro conductor a causa de un pique en el semáforo. Encontraré más adelante su explicación llena de interés, está cargada de matices muy bien detallados y la acción sorprende por electrizante. Pienso que en su momento ojalá hubiera seguido con atención todo el desarrollo, pero en ese instante vengo yo de confirmar apenas hace un rato mi total y definitiva ruptura matrimonial, así que se me va de vez en cuando el santo al cielo.
Los cuatro perciben mi alelamiento y se preocupan. Casi les cuento mis penas, aunque en último término consigo eludir explicaciones largando superficial. De pronto, por ese motivo, sufro el castigo que se da a los que no son sinceros. La conversación pierde naturalidad y estoy a punto de quedarme sin chocolate. Me desespera la idea, trato de improvisar una justificación que me brota torpe, una de las chicas levanta dudas acerca de mis intenciones insinuando que podrían ser las de un viejo rijoso. Ruego en ese caso piedad, pero que esta noche, si eso la tranquiliza, traigo poco de lo segundo y mucho de lo primero por circunstancias que, tediosas, mejor evitar. Me tienen dos horas de interrogatorio hasta que coinciden conmigo en lamentar mi triste y confusa situación. Por fin, me pregunta el tipo de la moto que yo en realidad qué es lo que quiero. Le señalo de forma inmediata y sin ninguna clase de disimulo con el dedo índice la tableta de chocolate que sobresale del bolsillo de su camiseta. Me lo da, es de la marca Crunch, podría ser mejor pero no me quejo. Adiós. Habrá más mujeres, dice el tipo de la moto mientras me alejo. Nos reímos todos por el tópico.

SEMENTERIO 20/02/0705:35




  • La tata Consuelo.
La tata Consuelo era oronda como una mesa camilla, y tan confortable también, y tan acogedora. Me había criado a sus pechos, como decía ella. Mi madre, endeblucha y canija cuando yo nací, no pudo amamantarme, y tata Consuelo, que estaba ya destetando a mi primo, lo hizo por ella.
Mi tía Consuelo y Luisa, mi madre, eran uña y carne. Vivían a dos manzanas de distancia y yo me crié casi más con mis primos que con mis hermanos. Su casa era para mí un refugio, un oasis de risas y música, porque mi tata siempre cantaba, y no se le daba mal. Cantaba al estilo de la Jurado o de la Piquer, aquellas dramáticas coplas que rasgaban el aire recalentado de las tardes de verano y que todo el patio de vecinos se paraba a escuchar. Aquellas coplas a veces también animaban las reuniones familiares, salpicadas de risas, bailes, chistes… mi tata Consuelo era una fiesta, y yo la adoraba.
En mi casa el ambiente era muy distinto. Yo creo que mi madre estaba tan delgada por la mala vida que mi padre le daba. Nunca le vi maltratarla, pero cada cierto tiempo le observaba a mi madre un ojo morado o la veía llorar a escondidas. Yo, con mi inocencia de niño, no sabía qué pasaba. Sólo años más tarde, después de que papá muriera, mi tío Antonio me lo contó todo. Y me contó aquella vez en que mi tía Consuelo se enfrentó a mi padre, cómo se plantó delante de él con su enorme cuerpo desafiante, y como mi padre agachó la cabeza y prometió no volver a hacerlo más. Y creo que desde ese día casi cumplió su promesa, o al menos tuvo más cuidado de no dejar marcas.
Así que yo me escapaba de las lágrimas y de las palabras hirientes de un padre que llegaba borracho día sí, día también, y me refugiaba en casa de mi tata Consuelo.
Después de morir mi padre, mamá empezó a engordar y a parecerse cada vez más a su hermana. Se volvió alegre, juerguista…Las dos hermanas, viudas, y una vez criados los hijos, se dedicaron a viajar y a divertirse. Hasta que un día Consuelo empezó a sentirse mal. Se resistía a hacerse un reconocimiento en condiciones porque nunca había creído en los médicos, pero llegó un momento en que no hubo más remedio. El médico le preguntó a mi madre si su hermana querría saber toda la verdad, mi madre, conociéndola, sabía perfectamente que sí, Consuelo era valiente y no había cosa que odiara más que las mentiras. Así que el médico le habló claro, le diagnosticaron un cáncer y le dieron tan sólo unos meses de vida.
Pocos días después, una tarde, mi madre me llamó a casa. “Paquito, ven, que tu tía te tiene que hacer un encargo”. Yo acudí rápido, temiéndome lo peor, pero cuando llegué me las encontré a las dos muertas de risa.
- Paquito, cariño, tengo un antojo, quiero probar el chocolate antes de morirme.
- Pero tata, con lo gorda que estás… -aduje yo, medio en broma, sospechando que no se trataba precisamente de “ese” chocolate.
Así que ahí estaba yo, yéndome a toda prisa al barrio menos recomendable que conocía a buscar el preciado alijo.
Aquella tarde fumamos los tres, y nos reímos como nunca nos habíamos reído. La tata Consuelo estaba feliz, como una niña chica, con sus relucientes carnes temblando a cada nuevo ataque de risa.
Quiero recordarla siempre así, aquel día en que el “chocolate” la hizo retroceder a su infancia, a esos momentos felices y despreocupados, cuando no importa el futuro, cuando nos creemos inmortales…

ANNNIA 20/02/0718:39




  • Tomasa.
Tomasa era la negra linda de la plantación, de crujiente delantal blanco sobre pulcro algodón rojo, “Amapola”, como solían llamarla los lugareños, acostumbrados a los tintes coloridos de la niña.
No se sentaba plácida sobre el porche, que tenía ambas manos ocupadas en amasar el plumón recién arrancado de las aves del corral, intentando sin conseguirlo separar las más suaves, de las de caña picajosa y poco adecuada para almohadón fino. Atrapaba en sus carrillos hinchados la carcajada de pura alegría que estaba a punto de escapar de sus dientes revoltosos y aserrados, hasta que ya no pudo más y soltó una rotunda y trotona risa.
Se comenzaron a escapar entonces, como si tuvieran voluntad propia, las plumitas más ligeras y blanditas que tan afanosamente se había dedicado a atrapar en su delantal. Pero cuanto más era su empeño, mayor risa le entraba, así que dejándose caer sobre la tarima del porche, se llevó ambas manos a la boca entre sonrisa sofocada y verdadero horror al ver, entremezclados con las plumas que rápidamente la abandonaban, diminutas perlas tostadas fruto de su risa jocosa y el dulce chocolate que todavía, en su boca, saboreaba.
“Serán las plumas más dulces que jamás hayan salido de esta casa” pensó la negra Tomasa, mientras enjugaba de nuevo, entre sus manos canelas, las plumas blancas. Y como si de una bendición se tratase, confeccionó con aquellas risueñas plumas, de agradable aroma, un precioso cojín todo lleno de colores. Verde y marrón y rojo amapola, como no podría ser de otra forma, y amarillo limón y azul mar y rosa. Era todo el del más suave algodón, con los apliques de lino y tafetán y algún que otro de seda.
Y como no podía ver el cojín sin que la risa le brotase de los labios, decidió la niña Tomasa, que para ella se lo quedaría. Que muy pocos se pueden dar el lujo de disfrutar de un cojín lleno de plumas risueñas como aquel. Así que desde entonces se lo lleva al porche y lo deja sobre el suelo, donde se sienta, y mientras se deleita con la dulce amargura del chocolate-café, pringa las plumas blancas de perlas canela.
Y sigue pensando “Serán las plumas más dulces que jamás hayan salido de esta casa”, mientras no deja de sofocar su risa.
Por eso, siempre que me voy a acostar, lo hago con especial deleite, y siempre, cada noche, antes de dormirme, espero paciente y escucho la risa sofocada de las plumas encerradas en mi almohadón, bendecidas por perlitas negras de la alegre Tomasa.

YUYUWANA 21/02/0720:39




  • El rey del cacao.
El general Azumbre se dirigió hacia el guardarropa que había a la entrada del Palacio de la Ópera, donde tres de sus soldados ya estaban dejando las armas con mucho ruido y vocerío. Uno abrió su casco y, del lugar en que hubieran debido estar los sesos, sacó un cañoncito portátil con su mira de precisión y todos sus avíos completos, y lo hizo rodar por encima del mostrador con una risotada que asustó a la chica del guardarropa. ¿Dónde escondía, entonces, la masa encefálica aquel bergante? Porque aunque no le sirviera para pensar, al menos debería tenerla para poder obedecer… Buena pregunta, pero era un misterio.
Azumbre llegó a la altura de Benson El Verde y Yahna que estaban apartados mirando a los soldados, y se detuvo. Un olor intenso a chocolate se esparció alrededor: el general comía habas tostadas de cacao; las sacaba de una cartuchera de su cinto, las estrujaba entre los dedos, les quitaba la corteza y las mordisqueaba con placer. Tenían que estar muy amargas pero él no parecía notarlo, miraba distraído a Yahna que también estaba comiendo una barrita de chocolate con leche y se había manchado los labios. La muchacha se veía verdaderamente frágil a su lado, se asustó y se atragantó.
—¡Tosa, tosa y escupa! Le sentará bien—le dijo despreocupadamente el general Azumbre—. Esas chocolatinas son una bazofia que le soltará la tripa y hará que le salgan granos. ¿Quiere usted del mío? Este sí es natural —y le ofreció un puñado de habas tostadas en su manaza enguantada de hierro. Se volvió a Benson y le habló de un modo que quería ser casual y cortés—. Yo le conozco, joven. Usted es el soplón que han colocado los agentes de la Espaciovigilancia en la taberna de Cannas, ¿verdad? No lo niegue, no se moleste en decirme que usted es un músico que ha llegado a Cannas en busca de aventuras porque yo comparto confidentes con la Espaciovigilancia y tengo muy buena información sobre usted —sonrió con suficiencia.
»Me han dicho que es usted un portento, que es medio hombre y medio planta y que no necesita respirar, pero ya veo que sí respira usted —se inclinó y le observó tan de cerca que Benson olió el cacao agrio entre sus muelas cariadas y se echó atrás con cara de pocos amigos. El general notó su enfado y echó una sonrisa marrón—. Es usted valiente, joven Verde, me pone morros ¿eh? Es una pena esa vida que lleva en Cannas, una vida inútil de soplón, de rata de alcantarilla, durmiendo de día, vigilando de noche, husmeando en las cosas de los demás, corriendo de acá para allá siempre seguido por los espaciovigilantes que quieren que les cuente usted su ración de cotilleos diarios.
»Yo le ofrezco otra vida. Usted puede ser libre en un mundo nuevo que estamos preparando para que sea el paraíso, lo más bonito de toda la gran frontera, de todo el cinturón exterior de los mundos conquistados. Es un planeta con mucho terreno en la franja tropical, con un clima suave, una vegetación salvaje, animales libres, aguas mansas, mares limpios con playas blancas… No hay riquezas pero se está allí tan bien que el que va siempre quiere volver.
»Únase a nosotros, ayude a civilizar la zona, eche una mano con las plantaciones nuevas y tendrá usted un pedazo de tierra en el paraíso. Será usted el rey del cacao.
»Estas semillas son de allí. Nunca ha probado usted nada tan rico. Tome un poco; le dará fuerza, ánimos, nueva vida, y le conquistará como nos ha conquistado a todos nosotros

BLANKA-L 21/02/0722:55




  • Y el chocolate se hizo mujer.
Desde las alturas parecía una estepa árida. Ante aquella visión, con las colinas al fondo, sonrió. Cogió la chocolatera y tras remover su contenido, lo vertió.
El chocolate, trazando una cascada, se derramó por aquella meseta. Así nació el río, primero lago en el vientre, después un cauce que avanzaba hacía aquellas montañas, coronadas con las tiendas rojas de sus pezones, luego avanzó hasta el cuello y allí se convirtió en un delta, en un mar oscuro rompiendo contra su barbilla.
Al calor del río de chocolate, la mujer se estremeció, abrió los ojos y al sentir la mirada de deseo sonrió. Sus piernas se abrieron sobrecogidas y deslizando desde el vientre su mano sobre el bosque de su sexok, entornó los labios en una señal... Y el río cambió de curso, y fue torrente que inundaba su oscura y húmeda feminidad.
Y viéndola gemir y estremecerse, plena de vida, supo el creador que su obra era buena.

negroyblanco 22/02/0700:08

CCLXXXII.- Infiltrados

TINTERO VIRTUAL CCLXXXII.- Infiltrados

  • Gracias.
    A propuesta del señor Kastorp infíiltraos donde podáis o queráis.
    Quiero hacer una mención especial a las magníficas sobremesas que nos brinda el señor Sementerio.

    Chesterton 09/02/0710:49
    .........


    Troll.
Tiene usted razón. Ahora que lo dice, soy un Troll, me siento descubierto. Fui llevado para serlo a una escuela donde me educaron con ese fin, en aquella comunidad de enseñanza y adiestramiento se preparaba en el sadismo una conducta, que unida a una capacidad para llevar la violencia al paroxismo, iba a hacer de nosotros lo que somos. Los estudiantes eran empujados desde que ingresaban en el centro al desarrollo de sus cualidades Troll en multitud de campos de la expresividad, sobre todo sus formas deformadas. Desde la atávica locura hasta el moderno surrealismo, se nos dotó con capacidades de histrión. Mi físico no era adecuado y se estuvo preparando en mi casa el interminable año en que un dentista puso sentido de proporción Troll en mi boca. El dentista mantuvo fijamente encajonado un tanque de la Segunda Guerra Mundial en mi dentadura, pensando equivocadamente que mis piños de bestia inmunda se retirarían a posiciones menos expuestas en la batalla, pero que al final sólo me dejaron al crecer fuertes dolores de muelas por no estar los dientes en su sitio.
Mientras tanto, los domadores encontraron oportuno estimular mi vocalización Troll en la escuela. Aprovecharon aquel amasijo ferroso que me hacía llevar la familia en los belfos, para dar futuros lucimientos a mi aspecto y que realzara la nobleza de mi estirpe, y se creó para mí el deber como heraldo de transmitir en voz viva cuantos comunicados se hacían diariamente los profesores durante las clases. Aquellos partes, edictos y circulares sin sentido tenían que declamarse oralmente, en público, ante la mirada atenta de otros florecientes, atribulados, jóvenes Trolls, indignados por el tedio de semejantes sesiones. A las horas de recreo, en el foso de arena, multitudes confusas de compañeros Troll se acercaban a agitarme y transmitirme su rabia. Enturbiados por sus sentimientos aprendidos en las jaulas de adiestramiento, me hacían partícipe de sus denigradas emociones, que se suponía provocadas al ver mi imagen declamando horrendas chorradas cada día con mi boca de hierro, la lengua entorpecida en un esperpento semoviente descomunal y tratando de transmitir emitiendo gruñidos obscenos las notas que se pasaban los profesores, escritas sólo con la intención de regalarse los unos a los otros el placer de mi horrible espectáculo.
En una de estas asambleas aglomeradas, donde se me asediaba para el derribo en el coso de las fieras durante el recreo, la efusión y el descontento de mis compañeros fue tan intenso que sufrí roturas y desgarros en varios tendones del pie derecho. Mis padres, que nunca habían escuchado las quejas de mi persona cuando el habla no la tenía entorpecida por ningún armatoste dental, ahora me entendían mucho menos cuando les exponía la necesidad de arrancar el arsenal bélico que portaba en las fauces. Por ese motivo, cuando al horror del injerto odontológico se sumó el entorpecimiento paralizante de mi pata enyesada, se apoderó de mí la firme determinación de poner fin por la vía rápida a este singular bautismo educativo. Me negué con furia Troll en redondo a transmitir una chuminada profesoral más. Como consecuencia inmediata, fui alzado de la Tierra, tirado de mis incipientes patillas, por iniciativa disciplinaria de un venerable maestro indignado ante mi actitud insumisa. Me mantuvo así, en vilo, agitación de pies en el aire, hasta que el cuero cabelludo cedió quedándose parte de él en sus manos, y el resto sangrante aterrizó conmigo en un aparatoso reencuentro con el suelo, que sonó tremendo al chocar el vendaje de yeso en mi pie contra la loza.
Durante los días sucesivos a este incidente, mi capacidad de declamación se convirtió aún más en una cacofonía tartamuda, inquietante y salvaje, que al menos junto a mi cojera, a mi rostro despellejado y a la magnitud de mi prótesis dental, me convirtieron a los ojos de mis colegas en un monstruo Troll peligroso, al que no convenía acercarse mucho, más por temor al contagio que por otra cosa. Con el tiempo, pude reconducir mi puesta en escena a una vaga normalidad para pasar desapercibido entre los que no son Troll y vivir entre ellos, pero mi naturaleza acaba aflorando tarde o temprano y causa espanto entre los que me rodean. Una vez descubierto, no hago nada para ocular mi aspecto y deseo que empiece la caza. Soy un Troll, estoy entre vosotros.
¡Uhurrrrg!

SEMENTERIO 11/02/0707:46




  • "La incursión de Pedro Salinas en mi pueblo".
Cuando los libros, el cinematógrafo, el gramófono, la lectura de romances y la audición musical bajo los castaños, llegaron por segunda vez a mi aldea, las gentes de la comarca nos increpaban, "Niños, gritad bien fuerte que se os oiga hasta en las colinas del valle, COMUNISTAS". Nosotros obedecíamos vociferando "COMUNISTAS, ¿CUANDO EMPIEZA LA SESIÓN DE CINE?"
Entonces una gran concurrencia de ancianos, abuelas, mujeres, hombres, niños y niñas corríamos detrás de los jamelgos cargados de libros,provisiones, material escolar, botiquines, víveres y las cosas más impensables que imaginarse uno pueda y hasta que no comenzaban los juegos y ejercicios gimásticos en la pradera, no cesábamos de chillar, reír e incordiar a los recién llegados.
Sudorosos nos dábamos un baño desnudos en el río con el maestro de escuela y algunos varones de aquellos infiltrados. Las niñas, las mujeres de la aldea y aquellas damas tan exquisitas e intelectuales sentían pudor y preferían reclinarse bajo los castaños a escuchar el coro que cantaba por el altavoz del gramófono "La voz de su amo". Las niñas preguntaban cómo se llamaba aquel perro que olisqueaba el cono dorado del altavoz y una bella mujer de sinuosas curvas físicas e intelectuales, le respondía con un timbre de voz vibrante, alto y claro, "Nipper, se llama Nipper. Sabemos que tiene amo porque lleva collar, ¿lo veís debajo de sus lindas orejitas negras?" Las niñas asentían y las más atrevidas se abrazaban a aquella mujer de talla intelectual escultural y hermosos senos escondidos en sendas copas de cristal tallado en el jersey de lana tejido por sus primorosas manos.
Al atardecer proyectaban una de Charlot con la Séptima de Beethoveen de fondo. Eran tales las carcajadas, vítores y palmas que al concluir la primera sesión, aquellos infiltrados, que muchos tenían por desalmados comunistas subversivos, tuvieron que rendirse a las exigencias del nutrido público y proyectarla de nuevo de principio a fin, en esta ocasión con versos de Lorca de fondo.
Durante la despedida de la Misión Pedagógica que el cura del pueblo denominaba "La de los Infiltrados", repartieron víveres para dos semanas, incluso un mes, si te sabías administrar. A mi me regalaron un libro que vi y me gustó mucho. Este libro lo tengo escondido a día de hoy en un sitio seguro. No quiero revelar el título y tampoco el autor porque temo aún que algún día venga alguna misión extraña de infiltrados, pero de otra índole. Una misión que arrample con todo, con los cines, las bibliotecas, los museos... que ahora afortunadamente germinan por doquier. Temo que venga ese otro tipo de infiltrados y entonces, vuelta a empezar. Ya no tengo edad para estar bañándome desnudo en el río. Ya no tengo edad para tumbarme ocioso debajo de los castaños.

gemmayla 11/02/0711:48




  • MEMORIA HISTORICA.
Arsenio González García, hijo de Andrés “el purgante” y de Adela “la bordadora”. Nacido en 1923 dentro de una familia con integrantes republicanos y algún que otro falangista. El padre, trabajador del campo, donde había dejado su piel y su aliento, su orgullo y su protesta. La madre, criada entre bastidores y encajes, entre buenas costumbres y la Iglesia.
Cuando Arsenio comenzó la edad adolescente, dejó la escuela y los libros, el juego callejero y a veces los amigos. Todo abandonado por estar al lado de su padre en el campo, por aprender en la universidad del jornalero.
Al cumplir los veinte años el ejército lo reclamó y se lo llevó al cuartel. Dos años de instrucciones y guardias en garitas. En esos años conoció a varios compañeros que le instruyeron sobre las desgracias de los obreros de la minería y los astilleros. Llegó a comprender la diferencia entre la opresión del señorito andaluz en el campo y las luchas de profesionales de la siderurgia, mejor preparados.
Una vez cumplido el servicio militar, tal fue su curiosidad por trabajar en el astillero, que a los compañeros de mili les solicitó ayuda. Y allí se lo llevaron, al principio de follaor de la fragua, mas tarde de moldeador de la fundición. Haciendo piezas de acero y bronce para los barcos, al calor del fuego asfixiante.
A sus veinticinco años conocía en sus carnes las injusticias de aquella época. Al cabo de unos meses comenzó a reunirse con los compañeros del trabajo en la trastienda de la taberna de Paco “el cojo”. Allí escuchaba, por boca de los mas veteranos, las siglas de la UGT y la CNT y se interesó por la historia de las dos centrales sindicales, por los derechos de los trabajadores.
Al principio de los años cincuenta, ya era un miembro del comité sindical en la clandestinidad, por lo que debía saber elegir sus amistades y las amigas. Ante tal recelo, decidió no tener novia nunca y de esa forma evitaría comprometerla con sus ideales. Cuando tenía ganas de sexo, lo hacía con prostitutas, mientras follaba escuchaba las desgracias de aquellas mujeres, el callaba, no decía nada, recelaba de todo desconocido.
Una noche, llamó a la puerta de su casa un compañero del trabajo. Entre jadeos y gritos le dijo que se marchase, que la guardia civil estaba haciendo una redada, y se estaba llevando al cuartelillo a todos los compañeros. Que cogiese cuatro prendas y se marcharse a Portugal, que un camionero le esperaba en la venta “El chaparral” para llevárselo al País vecino.
A la semana siguiente, Arsenio González García, hijo de Andrés y de Adela, se embarcaba en un buque que partía desde Lisboa a Argentina. Nunca pudo volver a España. Murió, solo y sin familia, sin poder pedir justicia. La misma, que un falangista le había quitado un día, cuando se infiltró en el comité sindical en clandestinida

erkaytano 12/02/0720:38




  • Tenemos infiltrados.
-Tenemos infiltrados, mi capitán, señor
-Recluta Gutiérrez, le he dicho mil veces que no repita tanto lo de señor
-Señor, sí, señor, perdón señor, son esas películas del ejército americano, señor.
-Recluta Gutierrez, se lo perdono porque es usted nuevo y como todos los jóvenes está americanizado. Informe de la invasión.
-Toda el área derecha está invadida, señor, perdón, mi capitán.
-¿Qué aspecto tienen los invasores?
-Son de todos los tipos, señor: imágenes, olores, sonidos, sabores, sensaciones táctiles… parece que la invasión ha partido de todos los sentidos. Incluso el área inconsciente se ha visto afectada, señor. Todo está relacionado con un mismo individuo. Un tipo alto y rubio, señor, que es el protagonista de los sueños de nuestra Ama. No sabemos de qué se trata, parece una enfermedad causada por una persona concreta, me arriesgaría a decir que es una alergia.
-Recluta Gutiérrez, es usted demasiado joven. Una alergia… Ay… hace tiempo que no vivíamos una invasión como esta. Es más, diría que nunca la había visto antes, o al menos no tan virulenta.
-¿Cómo vamos a luchar contra esto señor?
-Lo primero es informarnos sobre el tipo alto y rubio. ¿Padece él la misma invasión?
-El Ama cree que sí, señor. ¿Con qué armas contamos, señor?
-Contamos con el batallón Olvido, es el único que puede hacer algo en estos casos. Pero si el individuo en cuestión padece el mismo tipo de infiltración, estamos perdidos, Gutiérrez.
-¿Rendición?
-Rendición Gutiérrez, vaya a buscar la bandera blanca.
(Para celebrar el día de los enamorados, con todo mi amor, para él, que lo sabe)

ANNNIA 13/02/0709:50




  • La Mano del Hombre Muerto.
Dady Cool, el nuevo éxito de Bonny M, hacía retumbar las paredes del club mientras el palillo de Carlito danzaba nervioso de un lado al otro de su brillante dentadura. Una timba rápida en la oficina de arriba, hasta que llegara Lolo. Luego se repartirían entre los cuatro la farla y la pasta del gran golpe. Sí, era una buena noche para Carlito, y además le estaba cayendo un joquer en cada descarte.
"Mi mujer me debe de estar poniendo los cuernos porque esta mano es insuperable. Afortunado en el juego..."
"Estará en la cama con todos los chicos, jefe, llevas unas cartas de pinga toda la partida. Yo no voy."- Carlito se sonrió, a Cachimba se lo permitía todo, era como su hermano pero en feo-
"Me vas a deber mucha pasta por el póquer y porque... ¡te pienso cobrar los servicios de mi esposa, mien`mano!! Allá van dos cientos”.- Vinnie ,el nuevo, no decía nada, calibraba concentrado su apuesta-
"Subo otros dos cientos"
"¡¡Ahí con cojones novato!! Pero sé que llevas la mano del hombre muerto, chico"
Lolo irrumpió violentamente en la oficina, tropezó con el sillón de cuero y se detuvo jadeante delante de Carlito.
"Escucha viejo, está la pasma fuera. Han rodeado la entrada principal, la de emergencia y la de servicio"- se encorvó sobre la mesa, subir corriendo las escaleras era una dura prueba para su orondo culo puertorriqueño-
"¡No puede ser Lolo! Dimos el golpe hace dos horas y media, alguien ha tenido que soltar el chivatazo."
"Solo nosotros lo sabemos jefe".- La observación de Cachimba cayó como un jarro de agua fría. El ambiente se heló y el aire se volvió un entramado de miradas aceradas que penetraban el humo de los puros a navajazos-
"Atranca la puerta Lolo"-retrocedió de espaldas, llegó a la puerta y ajustó el postigo-"tendrán que sacarnos de aquí por la fuerza"-dijo Carlito-"pero antes dejaremos las cosas claras"- Se levantó súbitamente mientras desenfundaba desde su cadera una ostentosa pistola plateada. Le siguió el resto, las armas salieron de sus fundas con un sonido precipitado similar al batir de las alas de un cuervo. Carlito y Vinnie se apuntaron recíprocamente, Lolo a Carlito y cachimba a Lolo. El tiempo se suspendió entre los cañones y sobre los naipes descubiertos.
"Venga, chicos... ¿Qué tal si nos calmamos todos?- Dijo Lolo –
"Primero, mejor que nos diga Vinnie que hizo después de que le dejáramos en Licoln road hace dos horas" -espetó Carlito con la vista fija en los ojos del chico nuevo-
"Ya lo sabes, viste como entré en el cine Regal, joder. ¡Mira!- tiró con fingida indignación la entrada sobre el tapete, cerca de las cartas de cachimba. La proyección era "La naranja mecánica", se acababa de estrenar-
"Es una película muy rara, no me gustó"- Cachimba nunca se inmutaba, era inmune a la tensión y al estrés, siempre estaba calmado y jovial. Se mesó la barba mientras recordaba como era el film- “carajo, sí, una peli muy rara” - dijo reafirmándose con aire meditabundo-
"La única parte buena es cuando violan a esa mujer y se cargan a su marido con un bate"
"¡Es verdad Carlito! No me acordaba viejo, esa parte estuvo bien graciosa"
"Sí, se lo carga mientras baila singing in the rain. ¿Era eso? ¿Una prueba para saber si la había visto Carlito? ¿Para eso era la farsa de conversación con Cachimba? Penoso... pues ya está. Ya ves que la he visto"- Vinnie estaba nervioso, todos callaban, nadie bajaba el arma-
Te diré lo que veo Vinnie” -retacó la pistola- “veo un chaval ambicioso que se presenta hace un mes con una carta de Richi da Conte bajo el brazo. Hay escritas en ella maravillas sobre él, el chico de oro dicen, pero hoy me entero de que Richi sale de Folson con la condicional y desaparece.” – El cuello de Carlito se tensaba como las mandíbulas de un lobo a punto de saltar por su presa-
“Veo a un chico que después del gran golpe se mete en un cine y sale conservando la entrada como prueba.” – excusatio non petita acusatio manifesta, un pandillero analfabeto enfundado en un hortera traje de Armani puede que desconociera el latinajo, pero conocía su significado: “No eres de Fiar”-
“Y todavía veo más cosas Vinnie: En esa calle vive Melani, mi mujer, y se que hay una cabina en el 1100 justo a unos minutos del cine. Veo como sales del cine sin terminar la peli, llamas a la pasma y le cuentas todo lo que ha pasado, luego nos esperas fuera y te traemos al club. ¿Sabes lo que veo Vinnie?- Lolo comenzó a dejar de apuntar a Carlito, lentamente bajó su arma.-
“ Lo que veo es un puto poli.” "Eh eh eh alto alto, no me jodas Carlito, llevo un mes a tu lado ¿no me he ganado tu confianza? Piensa ¿Y qué hiciste tú en esas horas ? ¿Y que hizo Lolo o Cachimba? -osó responder sosteniendo su mirada-
"Oh vamos, no seas estúpido chico, no voy a traer a un montón de polis a mi local. ¿Para qué? sería mi ruina si registraran esto. Cachimba me acompañó todo el tiempo hasta ahora y Tuercas me dijo que Lolo estuvo con él desmantelando el coche del golpe."
"Podría haber llamado a la pasma al salir" “Asqueroso cabrón..”- Susurró Lolo entre el iracundo chirriar de sus dientes-
Carlito clavó sus ojos en el alma de Vinnie, escrutó su rostro con la confianza creciente del cazador que reconoce un disparo seguro.
"Vas de Farol Vinnie. Llevas dos ases dos ochos y a la reina de corazones."
"Un momento Carlito"- Dijo Vinnie. Cachimba cambió de repente el blanco y le apuntó.-
"Te perdiste un buen tramo de la película, debiste cantar por el teléfono como una cacatúa. ¿Sabes Vinnie? El tipo de la escena de la paliza, no muere. A diferencia...
"¡Esperad un poco chicos! Puedo explicarlo, la verd.."- Dejó de apuntar a Carlito para alzar las manos pidiendo calma... Un gran error.-
"...¡De ti!"
Lo ultimó que vio fue la corredera del arma retrocediendo lentamente con el brillo de la guadaña reflejado en su superficie cromada. El trágico destino, condensado en 357 mm, se le incrustó en el cráneo desperdigando su vida por la pared de la oficina. Silencio.
.... "En fin, tocará a más" -Dijo Cachimba sin perder la compostura.
Primero Lolo, y después todos, se acercaron a las ventanas que daban a la pista del local. Había que pensar en el asalto policial. “Mierda..."- Lolo separó aun más los stores de la persiana veneciana. Entonces ellos también se dieron cuenta. Los agentes sacaban a dos hombres esposados: Renato y Walter casanova, ambos aficionados a las jovencitas.-
No venían a por ellos, menos mal. Se alejaron de la ventana, Lolo bufó, y el resto miró la pared recién pintada de rojo. Un segundo más tarde Carlito era el centro de atención. Se rascó la cabeza con la pistola aun humeante y dijo excusándose con despreocupación:
" ¡¿Qué?! Si no era poli seguro que se follaba a mi esposa.
Todos rieron...
Menos Vinnie.

Revontulet 13/02/0718:49




  • El general Azumbre.


Los mundos habitados cubrían todo aquel brazo de la galaxia y La Frontera, el último cinturón de mundos nuevos, era un lugar salvaje donde se reunían todos los que no tenían nada que perder en sus planetas de origen y mucho que ganar como colonos de los nuevos planetas apenas habitables, apenas dignos de llamarse civilizados, sin dueños y sin trabas y olvidados por la Ley.
La nueva Ópera Flotante era el orgullo de La Frontera, y sus parroquianos eran pioneros de lo más animado. Benson y Yahnna miraron la fauna que entraba en la sala central, el auditorio: Tipos riquísimos cuajados de pedrería recién extraída en los nuevos yacimientos, que mascaban tabaco y lo escupían groseramente por el colmillo. Mujeres muy guapas con vestidos refinadísimos, pero que procuraban descalzarse en cuanto llegaban a su asiento y agitaban los dedos de los pies en alto porque no estaban acostumbradas a llevar zapatos estrechos sino botas para el barro en los campos de sus asentamientos. Estos vanidosos destacaban entre la masa de gente sencilla que tenía la piel curtida por la luz de todo tipo de soles, y se reía y gritaba con libertad, como tenían costumbre en las tabernas y los tinglados libres de sus planetas. Los niños nacidos en la periferia, que nunca habían conocido un lujo como el de aquel edificio de cristal, iban con la boca abierta y los ojos como platos. Se veía algún viejo patricio desterrado a la periferia por intrigas políticas que se sentaba en su palco con vieja dignidad, con indolencia, como si se rindiera a un destino superior y más refinado. La Frontera era un hervidero de intrigas y luchas de poder, un campo efervescente de codicia, donde los desterrados de la política central también tenían campo para sus habilidades.
En ese momento entraba un buen ejemplo de luchador: el general Azumbre, un tipo que había empezado vendiendo protección y había acabado con un ejército propio que alquilaba para pacificar tal o cual planeta, o para destrozarlo, según el gusto del que le pagaba. Era un individuo enorme que venía revestido de una armadura completa, reluciente, que hacía un estruendo como de truenos a cada paso que daba y que miraba ferozmente con un solo ojo telescópico todo a su alrededor, como calculando a quién se iba a comer primero. Venía serio y cejijunto, y rodeado por un montón de guerreros de los suyos, todos exoesqueleto metálico y barbas salvajes. Un horror.
Los jóvenes vigilantes de la entrada, que estaban tan orgullosos de pertenecer al personal de la bella Ópera Flotante que no tenían miedo, le cerraron el paso a Azumbre y le indicaron que allí no se podía entrar con armas. Todo el cortejo de guerreros se detuvo. Azumbre miró al rubio jovencito que le señalaba el guardarropa con un dedo largo de artista, miró la multitud congregada dentro de la sala, calculó su poder si se producía una estampida, observó las armas de defensa que le apuntaban ocultas en las puertas, y entre unas cosas y otras, y quizá porque sólo venía a pasar una velada entretenida, decidió portarse bien: Ordenó a sus soldados que diesen la vuelta y dejasen las armas en el guardarropas.
Los guardianes de la ópera suspiraron de alivio mientras los enormes guerreros crujían y retrocedían.
Benson también sintió un gran alivio. Sonrió y decidió que era hora de buscar asiento
—¿Entramos? —le dijo a Yahna.
Pero la chica estaba muy seria y le indicó que se volviera y mirara atrás.
—Se están metiendo en los pasillos interiores —dijo con miedo.
Y era verdad. Unos pocos guerreros armaban ruido delante del guardarropa, pero la mayoría se habían escabullido en un silencio difícil de creer por los pasillos de cristal azul que llevaban a la parte de atrás del escenario y a los camerinos. Se estaban infiltrando en el edificio sin que nadie se diese cuenta.

BLANKA-L 13/02/0721:15





  • El ejército de Colión.
(Fuera de Concurso.)Edward llevaba dos días de marcha por el desierto cuando vio a lo lejos el cuerpo de un hombre enterrado en la arena; y aunque al principio lo observó con cierta desconfianza, modificó el rumbo y se acercó.
Obligado por las circunstancias se bajó del camello y .palpó con cautela la parte visible de aquel cuerpo con la punta del zapato. La cabeza de aquel individuo se deslizó violentamente hacía delante, cayéndole unos mechones de pelo sobre la frente. Edward se puso en cuclillas y lo miró unos segundos sujetando la cabeza por el pelo enmarañado. Luego apoyando una rodilla sobre la arena, posó una mano sobre un hombro y tiró con fuerza para liberarlo. Entonces se vio súbitamente arrastrado contra el suelo por una fuerza arrolladora que le aplastó las costillas. Se descubrió frente a la cara de aquel hombre que le clavaba entre ceja y ceja una mirada turbia, enloquecida.
_¡sus sombras oscuras se deslizan entre las dunas! _ gritó volviendo a la vida.
Un olor corrosivo surgió de aquella boca pastosa. Edward le miró inquieto, mientras aquel individuo siguió farfullando con furia. Hablaba de unos seres que habitaban las dunas y que lo habían arrastrado hasta el inframundo, de donde había conseguido escapar.
Después de beber agua, ávidamente, éste recobró un poco la cordura, el suficiente tiempo al menos, para revelarle su nombre, Rael, y contarle una extraña historia. Durante días había escalado con las manos desnudas las abruptas cavernas del inframundo, aunque ahora Colión, el guardián de las almas de los difuntos, le buscaba para devolverlo aquel lugar.
Rael no era mala compañía a pesar de todo; hablaba mucho, pero también sabía escuchar. Edward le observaba siempre que podía pues no terminaba de fiarse de él. Durante el día, Rael andaba detrás del camello, hasta que el calor se hacía demasiado insoportable para dar un paso más. Entonces los dos levantaban la tienda para resguardarse del viento y el sol, y una vez allí, bebían con deleite una infusión muy oscura, mientras dejaban escapar la tarde como arena entre los dedos. Al llegar la noche, los dos caían en un estado de profunda melancolía. Edward rumiaba su tristeza observando el cielo, las constelaciones, el universo inmenso y sobrecogedor. Rael solía canturrear una vieja tonada desafinada hasta que las fuerzas le abandonaban.
—No hablas mucho ¿eh?—exclamó Rael de pronto, incorporándose para mirarle.
Edward que apenas se inmutó, continuó perdido en la brillante bóveda del cielo, tan mudo como antes.
— Dime, ¿por qué has venido a morir aquí?
Pasaron unos minutos antes de que Edward se decidiera a pronunciar palabra.
— es mejor que te duermas, mañana tenemos que llegar a la región de Khos y es un viaje difícil
Rael murmuró algo en voz baja antes de enrollarse en su vieja manta de lana y echarse a dormir. Edward permaneció un rato más mirando el cielo hasta que sintió que el sueño lo atrapaba, pero no pudo dormir demasiado.
—Despierta, son ellos, están ahí— era la voz de Rael, que gritaba y lo zarandeaba.
—¿Quiénes?
—El ejercito de Colión, sus guardianes. Están ahí mirándome con sus ojos enrojecidos por la ira, míralos…
Edward echó un vistazo, pero sólo intuyó el contorno de las dunas iluminadas por la luz de las estrellas.
—sólo es el murmullo del desierto, las dunas que se mueven…
—ahí vienen ondeando sus trajes oscuros de tinieblas, sus bonitos trajes oscuros, bordados con hebras de bruma, mira sus ojos y su piel gris cosida a sus mejillas, sus negras ojeras como dos sombras nebulosas bajo esos ojos pequeños y rojos, demasiado hundidos en sus cuencas. Ríen, porque sienten mi miedo, son ellos, los espíritus del desierto.
—calla y duérmete, ahí no hay nada. Sólo oscuridad.
—buscan su tributo de sangre; aquí se ha derramado mucha sangre, la huelo, la siento, ese olor a podredumbre, a oxido, a humedad; y yo se que ese es su aroma, ¿no los hueles?, flotan amarrados a la brisa, son livianos y no pesan y casi no se ven pero cuando se cuelan por tu nariz, infiltrados, confundidos con el aire, se expanden y corren hacía el cerebro donde se vuelven de nuevo aire. Y ya no puedes escapar, porque ellos se ocupan de acelerarte la mente y de hacerla girar. Y gira, gira tan rápido que sientes que no lo vas a poder soportar. Tus pensamientos se aceleran, el corazón se dispara y sientes la sangre fluyendo cada vez más liquida, cada vez mas rápido y más rápido. Tu cuerpo empieza a colapsarse y…
— ¡calla de una vez!
— son las almas perdidas de los que murieron en el desierto. Enterrados vivos por las arenas. Pobres hombres…—susurró y miró fijamente a Edward—. ¡Tú has matado a muchos!, lo leo en tus ojos; tus manos están rojas y tus retinas llenas de sombras violáceas, moradas como el dolor. Tal vez esos fantasmas no vengan a buscarme a mí, esas almas errantes que surgen del frío gélido del desierto, creándose con la propia arena de sus tumbas, con la oscuridad viscosa de este mar infinito de desolación. Tal vez…tal vez hayan venido a vengarse.
De un rápido movimiento Edward sacó un puñal de entre las ropas y le miro fríamente. Rael le sostuvo la mirada sonriéndole de forma burlona.
—empiezo a creer que fue una pésima idea sacarte de aquel agujero.
El silencio del desierto ronroneaba en los oídos de los dos hombres.
— ¿Lo harías, verdad?— Rael rió ruidosamente— .Lo tendré en cuenta.
De pronto los ojos de Rael se perdieron en el infinito.
—Se van; se retiran por hoy.
Edward lo observó durante un largo instante.
—Va a amanecer y cuando lo haga estaremos a salvo hasta que vuelva a caer el sol; entonces, nadie, nada, los detendrá—, dijo, y se tumbó de lado, cubriéndose con la manta.
Edward lo miró pensativo. Guardó el puñal y echó una larga ojeada hacía el horizonte.
—Estas loco, ¿lo sabías?...loco.
La brisa agitaba ligeramente la tela de la jaima. A lo lejos, un mar denso y oscuro de arenas profundas y negras, se ondulaba. Edward sintió la tierra moverse bajo su cuerpo, y escuchó retumbar en su cabeza los pasos solemnes de un milicia. Suspiró incrédulo tratando de serenarse, y mirando las últimas estrellas de la noche, se recostó. Estuvo soñando con el desierto, con Rael hundido en su agujero, con el cielo estrellado y con él mismo; con las manos rojas de sangre, y los ojos brillantes, violentos, morados. Con Colión y su ejército. Ese ejército de arena, frío, y oscuridad. Hasta que el sol calentó su cuerpo y despertó.

espejodevanidad 14/02/0722:13

CCLXXXI.- Híbridos literarios

Tintero Virtual CCLXXXI. Híbridos Literarios.
Venga, animaros, queremos ver esos hibridos, esos mutantes, esas paradojas, esas contradicciones, vivientes o no vivientes , reales o no reales, geográficas, zoológicas , o botánicas, humorísticas o dramáticas, tragicómicas o comicotrágicas, bicefalas o cuasiinoportunas, mixtas o seudoarquetípicas, contrahechas o bienhechas. Trihibridas o polimorficas, imaginarias o reales. En la frontera o en el submundo, llegando al subuniverso o conquistando el suprauniverso. Curvilíneas o semirrectas. Etc, etc, etc.

Escritorcillo02/02/0720:44




  • Este relato lo he hecho esta madrugada de viernes a sabado.Sin Pies ni Cabeza, Fantasía Genética.


Franky acababa de asesinar a Salomé. Bailó para él, Sherezade soberbia, una danza de caleidoscopios y arcoiris, frenética y lasciva a veces, lenta y vaporosa otras, pero al final, al pedir en el último velo, el que cubría el negro pubis de violeta durísimo, la circuncisión de una cresta de gallo, y la cabeza del Bautista, se trocó su baile en un alfanje púrpura y caníbal para la voluptuosa danzante. Centelleó el arpegio de una trompeta y un pellizco de uña felino hizo vibrar los diamantes del arpa. Los ojos verdes de un gato cenizoso vieron ponerse el sol sobre lagos de sal. Franky acababa de asesinar a Salomé, llevaba una camisa naranja y una corbata medio deshecha estampada con cráneos humanos, negra y brutal, pirata y caribeña, con un toque alcohólico de rón añejo, ámbar, fuerte y poco meloso, duro y lejano de su madre caña de azúcar. También yo he probado el licor de arándanos, y su gordura deja el paladar ardiendo y granate, pidiendo agua de profundos manantiales. Franky, sobre el sillón, con la camisa naranja y la corbata calavérica, desahogada, desanudada, en un escorzo de estatua adolescente, con un perfil de Apolo y de Dionisos, tenía la tonalidad musical de las panteras. Se puso la bata y entró en el laboratorio. Había dejado un matraz con una infusión de glucosa medio abierto, las hormigas habían descubierto aquella ambrosía celeste y en una hilera interminable de más de cinco metros iban desde su nido a la fuente de la dulzura, tal maravilla exigiría una reiteración de compases de notas de piano, una tras otra, hasta el orgasmo. Dejó en paz a las hormigas, respetaba profundamente el milagro de la naturaleza. Bebed, dijo, hasta que llegue el catedrático, yo os saludo, mínimas fieras borrachas, llevad a vuestra casa miel, y saciaos de esplendor. Luego, Franky, empezó a calcular números complejos, polinomios y números imaginarios intentaban la dificilísima cuadratura del círculo, se resistían los trapecios y la circunferencia goniométrica reverberaba en sonsonetes de clavecín machacado, inexpertos senos y cosenos se enfrentaban a calamitosas tangentes, y por fín, el binomio de Newton surgió como una llama perfumada de manzanas, como un tuareg azul en un desierto, de la ofuscada mente del Pakito. Eureka, y allí estaba la semilla de las bestias a cohibridar, aquí, los cromosomas de un amigo fiel, allí, los ovocitos de un amigo arisco, el pájaro de fuego de Stravinsky se arrancó los ojos con las garras, y emprendió un vuelo ciego lleno de ira y pavor. Qué monstruosidad en una redoma acumulaba daño sutil y cópula aberrante, mixtura horrenda y bicéfala que traspasaba el límite. Bajo la esfera de nácar de la luna llena, la uña desaprensiva se aromaba con el colmillo, un aullido regresaba a la garganta del enamorado para la perversión, el mal en su fórmula de génesis, el aborto que llega, que llegaba a término, y Franky ya era un semidiós. El mechero Bunsen feroz como un tigre. Tras la ventana, el campus universitario, como un crisoberilo. Gargajos espantosos salían de los pulmones de los tísicos, lo mismo una rosa de nácar llevaba en su matriz la fastuosa luz de las luciérnagas, pero la espantosa uña se mezclaba con un húmedo hocico y la monstruosidad se hibridaba, el gato perro, el cán felino, nacía bajo la omnipotencia salvaje de Frankestein. Adquiriendo forma demoníaca, adquiriendo proporciones satánicas. Y finalmente, no es la cabeza de la Gorgona lo que Perseo metió en un ánfora, sino su propia cabeza llena de bucles venenosos.
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Francisco Antonio Ruiz Caballero

Escritorcillo 03/02/0712:26


  • "Ursus arctos", "La invasión de los osos"

Desde que no hibernan los osos, se ha observado no sólo un cambio de comportamiento en las distintas especies de úrsidos actuales, sino que especies extintas o en peligro de extinción resurgen por doquier.
Ha sido recientemente vista una pequeña manada de osos del Atlas transitando la cordillera, desde Túnez a Marruecos. Un prestigioso fotógrafo de la National Geographic ha podido captar que el rey de Marruecos, al igual que antaño hiciese un predecesor suyo, posee tres ejemplares en cautividad, obsequio de cumpleaños a sus tres vástagos reales. En la fotografía publicada podemos ver a uno de los príncipes que ronda los siete años de edad, dando de comer patatas fritas a un cachorro.
En California un turista asegura haber visto otra manada de "Ursus arctos californicus" y ha enviado copias digitales de las fotografías robadas de este bello ejemplar a todas las revistas científicas para que se interesen y tomen cartas en el asunto, a la par que no descarta embolsarse una suculenta cantidad de dólares por la venta de la exclusiva.
Un niño superdotado, muy pijo y resabiado, insiste ante las cámaras de televisión local que ha visto una pareja de Grizzlies blancos retozando en un frondoso bosque boreal del Escudo Canadiense de Ontario. Asegura que estos dos osos miden casi tres metros y deben pesar cerca de ochocientos kilos. Le parecieron muy cariñosos y juguetones, pero tal vez le engañó la vista de miope y simplemente se mostraban incapaces de incorporarse del suelo por la mole. "Tal vez sólo aguardaban que alguna grúa los levantase. Quizás por si mismos no puedan hacerlo y aprovechen la coyuntura para copular y retozar en tanto mejore su situación. Los vi tumbados durante horas y aunque me veían a lo lejos, ni se inmutaron" -Asegura este chaval que parece cabal y muy inteligente.
Un grupo musical de mariachis del Estado de Jalisco asegura que en su última gira por Tijuana vieron pasar un grupo de unos siete Osos Negros mexicanos de los denominados NOM-059-ECOL-1994. Se mostraron divertidos y parecián aplaudir con sus patas delanteras cuando la orquesta para festejarlo desde el autocar entonó "¡Ay Jalisco No te Rajeeeeeeeeeeeees!.
En Tarifa, la Península Ibérica de los Estados Reunidos de España, un grupo de surfistas italianos informó a la Policía Local que había visto por la playa pasear a tres Osos pardos Ibéricos. Se apartaban la arena que les entraba en los ojos con sus enormes patas delanteras por causa del viento de Levante reinante. Estos surfista temen que el Levante les vuelva locos y que una manada desaforada ataque a los bañistas y perjudique la práctica surfista en la zona.
Seguiremos informando.

gemmayla 03/02/0720:25


  • Juego de magia

Sonó una campana de plata en los pasillos de la Ópera Flotante, muy lenta y lejana. Daba el cuarto. Ya faltaba poco para empezar la función.
Los artistas corrían a sus puestos y la gran burbuja central, el auditorio, retumbaba bajo los pies de los espectadores que entraban y ocupaban sus asientos. Todo estaba listo.
PezLunar, la diva, la protagonista, que todavía estaba en la capilla de cristal de Mut, se estremeció de miedo. Tenía que cantar o fracasar. Se levantó, y miró alrededor buscando una lamparilla intacta para encenderla y dejársela a Mut en el altar, pero todas estaban ya encendidas, los deseos pedidos, nada para ella, demasiado tarde, demasiado vieja...
Se quedó de pie sin saber qué hacer, retorciéndose las manos. Estaba hermosa con el gran vestido de seda para la función. Era alta, orgullosamente madura, el cabello en una cascada de oro y los ojos negros enormes por el miedo. Llevaba un prendido de camelias sobre el pecho.
Todos la miraban, siempre la miraban, esperaban que ella hiciese algo exótico que prolongase el encanto, la ficción, la belleza…
Benson la miraba en especial, con la suave piel verde coloreada por un borbotón de clorofila. La piel vegetal de Benson, infiltrada artificialmente con fitoclorofila experimental, tenía su propio modo de sentir la escena y había algo en PezLunar que la atraía, que movilizaba sus reservas, que se imponía a la naturaleza humana del resto del cuerpo del joven y le empujaba hacia la mujer. La piel vegetal de Benson decía: ¡Tócala! ¡Vamos, tócala!
Pero Benson era todavía lo bastante humano y suavizó el deseo.
Se separó de su grupo, se adelantó sonriendo y le hizo a PezLunar una pequeña reverencia cortesana, de un actor a otro actor, sin exagerar pero con un puntito de galantería. PezLunar lo entendió enseguida, un compañero ya maquillado para la función que venía a saludarla. Había tantos colegas que la admiraban y querían que les dijera una palabra amable… Era una situación conocida. El pánico cedió y ella esperó.
Benson abrió las manos vacías y giró los dedos despacio, uno por uno, con gracia hipnótica, y, de pronto, apareció un pañuelo violeta en su palma, moviéndose, desplegándose, un gran pañuelo de mago que se estremecía lanzando destellos de raso y en cuyo centro había un pomo de aceite oloroso nuevo, sin abrir, una lamparilla votiva de Mut con su mecha preparada para encenderla. En la otra mano brilló una llamita. ¡Perfecto! PezLunar sonrió.
Benson la ayudó a prender el pomo y colocarlo en el altar. Luego, sin decir una palabra, acercó la hábil mano a su pecho y limpiamente le arrebató el prendido de tres camelias blancas que llevaba, y, sin volverse, caminando hacia atrás, se separó de la dama con su presa anhelada y salió de la capilla corriendo.
—¿Qué haces, Benson? —corrió su amiga Yhanna detrás de él.
Pero el joven acariciaba las camelias recién robadas con los ojos entornados, emocionado, y no la oyó.

BLANKA-L 04/02/0713:46


  • La oración del ángel

Señor, he estado en infinidad de lugares, donde las criaturas de Tu Creación han caminado yo iba con ellos. Cuando alguno abandonaba yo le recogía, llamé a cada una de sus puertas en los momentos en que caían sumidos en la tribulación, visité todos los hogares y los rincones donde habitan, desde los más ruines e insalubres hasta los más ricos y refinados. Curé sus heridas y enfermedades imponiendo mis manos, les di refugio y esperanza si se encontraban solos o perdidos. Obtuvieron comida de mí cuando Te la pidieron rezando y llené los ríos con Tu lluvia si les amenazaba de muerte la sequía. Les dije que todo cuanto recibían era debido a Tu divinidad, hice saber que el universo era Tu obra y ellos Te nombraron su Dios y su Padre.
Señor, encarnado en su propia apariencia les hablé de Ti, de Tu poder, de Tu gloria. Vi en ellos el éxtasis de la devoción, se sometían por millares a Tus órdenes con sólo uno de mis gestos, formé legiones con ellos, mataban a los que te odiaban sin pensarlo y morían si era necesario llevando Tu palabra a los que no la querían oír. Elevé monumentos serenos y majestuosos para alabar Tu nombre, donde las criaturas acudían mansas a expresar su amor por Ti con solemnidad y temor de Tu ira.
Señor, cantaban Tu nombre. Destaqué a los mejores para que su boca comunicara Tus deseos, los que no creían eran quemados vivos, las masas pedían perdón por sus pecados implorando Tu misericordia y los Reyes sometieron sus armas a Ti. Goberné sobre todos ellos, puse imágenes de Tu rostro en sus casas, en las calles, en sus lugares de reunión y en todo lo que concerniera a la vida pública. También, la hice esculpir en lo alto de montañas tan inmensas que cubrían de sombra las ciudades y algunos incluso lo tatuaron en su propia piel. Pedí sacrificios y los ofrecieron en Tu honor. Cree el Imperio más grande jamás visto para ponerlo a Tus pies.
Señor, eres el Ser más poderoso que imaginan, habitas en sus pensamientos con total autoridad. Procuran hacer Tu voluntad para no enojarte, vigilan por ellos y por los demás que se cumplan Tus normas. Cuando Tus criaturas están solas se atormentan e infligen tremendas torturas por sus faltas, se mutilan o se matan si encuentran que no son capaces de cumplir Tu voluntad. En las plazas hacen confesiones públicas de las afrentas que Te infligen en privado. Te aman por encima de todas las cosas, por Ti renuncian a su familia y hasta entregan sus propias vidas. Consagran los días de descanso a adorarte, renuncian a todo placer para no conocer otro que no sea el que Tú les das. Mueren esperando Tu bendición.
Señor, eres Todopoderoso en los Cielos, Padre de todos ellos; Tu nombre ha sido santificado, ha venido a ellos Tu reino, se ha hecho Tu voluntad tanto en el cielo como en la tierra. Comen cada día lo que Tú les das. Piden Tú perdón por sus ofensas y no perdonan a los que Te ofenden. No permitas que nadie en Tu reino caiga en la tentación de despertar Tu ira para que se vean libres del mal y hazles llegar Tu gloria.
Amén.

SEMENTERIO 06/02/0706:20


  • Génesis.

En el principio creó las tinieblas. La noche oscura me rodeaba, el firmamento se emborronaba en manchones de tinta vaporosos que parecían querer succionarme y diluirme en su lóbrega sombra eterna. Y dijo el Creador: ábranse las tinieblas. Y como un papel rasgado una hendidura de luz cegadora se abrió en la oscuridad y caminé hacia ella. Y dijo el Creador: salta al vacío y caí de las tinieblas a la luz. Volví la vista atrás y el cuerpo de mujer gigante se evaporó tras lamer el suelo. Se crearon entonces los ríos y los mares. Y el Creador los ordenó, dotándolos de corrientes oscuras, tenebrosas, infernales y asesinas.
Entonces no había nada, más que las negras y sucias corrientes, el espacio blanco, infinito, deslumbrante y yo. Era el primer día y se creó el Contraste. Y el Creador espoleó a Dogos y Mastines. Y millones de ellos se dirigieron hacia mí a la velocidad de la luz, enseñando terribles colmillos y furia homicida en los destellos de su iris. Atados con cadenas, largas para rasparme, cortas para no devorarme, aullaban desbocados, hambrientos, atroces. Y entonces creó el Miedo. Era el segundo día y creó el Miedo. Y llamó Dios a las Vestales, y los canes se transmutaron en Vestales. Y las cadenas no crecieron ni menguaron y sentí el roce de sus pieles con vello de melocotón, miradas sádicas, jadeos inquietantes, pero no palpé sus carnes. Sentí la Lujuria. Era el tercer día y vio el Creador que la Lujuria era buena.
De mi sudor y lascivia modeló el Creador una lluvia nueva, unas nubes de masa sanguinolenta, músculos y carne asomaron por el firmamento y diluviaron centauros, sátiros y esfinges, monstruos que caían pesados, en estrépito, sobre un suelo liso, inmaculado, ebúrneo. Agrupólos el Creador en dos bandos y me erigió en lo alto de un pedestal. Los lanzó unos contra otros y me permitió observar el Creador su nueva representación. Era el cuarto día y contemplé la Guerra.
Los cuerpos entrechocaban y del combate brotaban alaridos, rugidos, estruendo. Se agotó el Creador de la violencia y el fragor y creó un fuego devastador nacido de un relámpago que partió el cielo en dos mitades y consumió los cuerpos crepitantes con la fugacidad del trueno. Era el quinto día y se creó la Paz. Y con las cenizas creó la tierra que dio cauce a la violencia del agua y brotaron las plantas y los animales. En el sexto día creó entonces la Naturaleza.
El séptimo día el Creador me dotó de forma. Una forma descomunal y transparente que envolvió la Tierra y la cubrió con mi presencia. También me dio nombre. Dijo el Creador: te llamarás Dios y cuidarás la Tierra. Crearás al hombre y lo someterás. Y creé al hombre y soplé en su nariz el aliento de la vida. Y al hombre le dije: devorarás al Creador y lo llevarás dentro. En tus entrañas habitará y se transmitirá de generación en generación. Y el hombre engulló febril al Creador y no se avergonzaba. Doté al hombre con ello del poder de destrucción. Y yo me encarné en el bien y al hombre forcé a devorar el mal. Era el octavo día y creé el Bien y el Mal. Y reposé entonces de mi creación y dejé al hombre multiplicarse. Y vi la tierra desordenada y turbada y consentí el caos. Era el noveno día y regresé a las Tinieblas.

Chesterton 06/02/0710:37.


  • "La sustancia".

Llevo varias noches dando vueltas junto a la cama, cada una de nosotras gira con vida propia en sentido y a velocidad diferentes,
Alrededor nuestro rotan y se trasladan satélites cargados de ideas, de pensamientos, de magmas caóticos, de gases nobles e impuros, de brumas, de nieblas densas que no consienten en mostrar sus formas y menos aún su confuso interior; y cada cuál, a su libre albedrío, va forjando una extraña y hermosa confusión:
La sustancia de mi Universo.
He aprendido a lograr que la sustancia se adapte a mi y no yo a ella. La cama, poco a poco, va alcanzando mi velocidad de tal forma que cuando alcancemos la misma intensidad el movimiento, aun existiendo, desaparecerá; lograré crear la ilusión de que estoy parada y en reposo, pero verás como se incrementa el número de satélites y su masa.
Todo este movimiento genera energía y calor que es absorbido por mi rostro que lo asimila y resplandece, dando las gracias con una sonrisa que les otorga luz y color.
Llevo más de cuarenta y ocho horas terrestres sucumbido a esta posesión de mi realidad. Si cierro los ojos y duermo dejaré de girar y, junto a mi, lo hará el resto de mi Universo, se romperá el equilibrio de estos satélites, hijos míos todos, y esta sustancia se tornará pesada y viscosa, caerá en la arena, desaparecerá absorbida por ella y brotará una estrella de mar con miles de brazos que intentarás recortar y se irá multiplicando en número y fuerza hasta derrotarte, te engullirá y defecará en forma de semilla que esperará a ser regada, de nuevo, o bien con el mar de mis lágrimas o bien a la espera de que mi ser conciba nuevas sustancias.
Mientras mi cuerpo repose, descanse y duerma, mi mente se vaciará y, al despertar, todo, absolutamente todo, habrá de crearse de nuevo, una y otra vez, hasta el fin de la nada.
Es el alto coste de poseer una memoria efímera y volátil, las ideas mueren y asoman otras nuevas a cada instante machacando a la anterior. Los nombres desaparecen, se recrea un nuevo mundo en cada despertar, planetas nuevos y sus satélites vacíos, extraños, salvajes, inhóspitos, por repoblar.
Y cada beso será siempre el primero, y cada abrazo el último.
Amén

pantaleona 06/02/0714:07


  • Alienígena de chicle.

En el caleidoscopio las formas geométricas y los llamativos colores se entremezclan y deforman creando nuevas figuras. Aunque con este traqueteo es casi imposible aislarlo de la claridad y ceñir el tubo que lo contiene al contorno de mi ojo; tropieza una y otra vez con el hueso que lo rodea y el roce me ha abierto algunas pequeñas heridas. Me da un toque asqueroso. Me gusta.
_ Niño, deja eso. Vamos a parar.
Abro el otro ojo y a través del parabrisas Castilla y más Castilla. A lo lejos, al final de la interminable recta rodeada de la vasta tierra pedregosa sin más regalo a la vista que alguna raíz reseca, ondea –más que ondear cuelga un andrajo de tela polvoriento- una bandera, el último bastión en la tierra después de la devastación por los alienígenas. Mi padre y yo somos los únicos supervivientes, nuestro camión, con el tubo de escape vertical y la tapa tintineante huye de una abducción segura en busca de un lugar donde guarecerse y....
_ ¿Es que no me oyes? ¡Cógeme la cartera!
_ Perdón. Estaba pensando... oye, ¿tú crees que habrán llegado alguna vez?
_ ¿Qué? No sé para que te traje, chaval. Cosas de tu madre. ¿De quién coño me estás hablando?
_ ¿De qué va a ser papá? De los extraterrestres. ¡alienígenas, papá! ¿no te mueres de ganas de ver uno? Dicen que en Castilla, sin la contaminación lumínica hay cantidad de avistamientos. ¿Te imaginas papá?
_ Sí, hijo sí. Anda, cógeme el dinero.
Un caballo relinchante, negro azabache, enfurecido sobre un amarillo chillón nos da la bienvenida en eso que un día fue una bandera. Un rótulo en letras negras, espesas y apelotonadas reza: ¡Avanti! Reza, implora, ¡adelante! No os detengáis aquí o jamás saldréis vivos.
_ ¿Pero te quieres bajar? ¡Cierra la puerta, anda!
_ ¿Sabes que me apetece papá? ¡Chicles! Decenas de chicles. Me los meteré todos en la boca y haré un globo inmenso, embutiré dentro esta área de servicio y ¡boom! Al carajo con ella.
_ Joder niño, ¿cuándo callarás?
Una joven rolliza, con rulos en la cabeza y gafas de pasta espera detrás del mostrador. Se lima las uñas y masca chicle con descaro. ¡Chicles! Sin levantar la vista de su manicura escupe un saludo seco y castellano.
_ Déme veinte paquetes de chicles.
_ No vendemos chicles.
_ ¿Qué?¡La madre que... !
Eleva la vista por encima de la montura, me mira como a la insignificancia mayor que haya visto en su vida y vuelve a sus uñas. Salgo derrotado.
_ Ya estoy papá. ¿Dónde se ha metido?
La tapa del tubo de escape vertical tartamudea sobre el conducto. Afino el oído. Me humedezco las cejas y trepo al techo de la cabina. Qué condenado calor hace aquí.
_ ¡Eh gorda! ¡Gorda! –grito a lo bestia y la gorda sale- ¡Soy un alienígena gorda! ¡Un alienígena! ¿Te das cuenta? – me bajo los pantalones y los calzoncillos- ¿Ves éste de aquí gorda? ¡Éste también es un alienígena! ¡Un alienígena de chicle!
Me caigo de la cabina del ataque de risa. Ruedo por el suelo y no puedo parar de reir. Un zumbido potente, penetrante, retumba una y otra vez. Siento la forma de la mano inmensa de mi padre, como si no la hubiese apartado. Como si su huella se clavase en mi cabeza como un fósil.
_ Jodido niño. Sube. No se te puede sacar a ningún lado.
El caleidoscopio gira y gira. La tapa del tubo de escape tintinea. Castilla y más Castilla. Los alienígenas... ¿te imaginas?.

Voland_ 06/02/0718:18


  • La vida es bella.

Las 8 de la mañana, me levanto, ya voy tarde.
Me desvisto, me ducho, me pongo la ropa otra vez sin planchar, mi mujer me hilvana dos besos y salgo pitando al curro, las facturas están domiciliadas.
Salgo por la puerta, veo un cubilete, tiro los dados, un siete.
Voy al bar, el desayuno no ha de faltar. Entro, me fijo en el culo de una mujer de piel de ebano, casi pierdo la vista al escudriñarlo hasta el rabillo del ojo.
En la barra pido un café con leche y una tostada entera, con un dedo de sobrasada si me la untara yo mismo. Entra Murphy, se adelanta , me quedaré sin desayunar. Empezamos a discutir, como siempre. Me habla de leyes, le digo que se equivoca. Tostadas al suelo, lleva razón, me quedé sin desayunar, qué suerte tiene.
Salgo del bar , veo un cubilete, tiro los dados, un seis, necesitaba un cuatro.
Me monto en el coche, camino al trabajo , ahora si, con prisas llego a mi terreno verdiblanco de hierba y arena.
- Empieza la clase señores (plas , plas, desganado). Bien, el juego consiste en darle a la pelota con el palo de golf, ala, ya pueden empezar.
- Oiga, ¿ya se marcha?
- Si ( me tomo un copazo de Martiny dry cuyo culo hago sonar al dejarlo de nuevo en su lugar hasta la tarde)... y una cosa mas, hay que darle "palante" o en dirección a la bandera que indica el hoyo.
Salgo del trabajo, demasiado estrés, me cruzo con una pelota, hay un penalti. En la portería está Ablanedo, lo lanzo, me la para... !Dios! Sabía que tenía que tirarla por alto.
Entro en el coche, aparece otro cubilete, lanzo los dados , un cinco. Por el bien común me dejo de rimas.
Veo el restaurante, aparco, voy a cruzar la calle, el diablo me llama, no le hago caso y espero al verde. Ya tengo a mi mujer delante, sosa, callada como siempre:
-¿Querida, esta noche me esperarás levantada?
Mohín desagradable por respuesta, no tendré que pensar el resto del día en Halle Berry o Milla Yovovich .
Otra vez al trabajo, me dirijo al coche, alguien me asalta : - ¿Tiene hora , por favor? - Si, la tengo.
No me paro, me monto en el coche, no veo el cubilete. Salgo del coche,no está el cubilete, otro penalti, qué estrés. Bah Bah yo lo lanzo, en la porteria está vez Zubi, lo tiro por alto, me la para, ¿qué falló ahora?
Llego al trabajo, empiezo la clase:
- Señores, señoritas atiendan (plas , plas, algo mas animado, el segundo chispazo...) El juego consiste en darle a la pelotita con el palo, hacia delante, sin darse en los tobillos.
Abandono el puesto otra vez con prisas, algo me ha sentado mal. El martiny no fue, mi mujer me envenena. Llego al servicio,ocupado, la madre que lo parió. Por fin sale aquel mendrugo, me mienta no sé qué de los puntos aparte, me meto dentro, me siento.Empiezo a aliviarme, miro a la derecha, empiezo a tirar del royo... se escucha un corte seco...mierda, me quede sin papel.
Emigro del trabajo, otra vez al bar. Me enchufo otros cuantos cubatas sin gasesosa, llega Murphy. Charlamos ,como siempre , me nombra una nueva ley: La duración de un minuto depende del lado de la puerta del baño en la que se encuentre. Dios, empiezo a creer que es un profeta.
LLego a casa, abro la puerta, los dados y el cubilete no aparecen, ya empiezo a preocuparme. Dormitorio, sorpresa, mi mujer despierta y con lencería fina. Irremediable gatillazo, no pensé en Halle Berry y Milla Yovovich,las 1, mañana será otro día.

Sydney 07/02/0719:00


  • El reloj de cuco.

Todos hemos tenido parientes excéntricos y veranos inolvidables, y ambos se han cruzado al menos una vez en la vida. Mi verano fue el del año 83, y mi pariente el tío Ambrosio, un hombre que fue siempre viejo y calvo. Pasaba casi todo el tiempo con su gato, encerrado en el taller. Vivía en la planta baja de una casa de vecinos, y lo que llamaba taller era una caseta que había levantado en el patio con cuatro ladrillos y dos planchas de uralita. Los vecinos le envidiaban el patio, y se pasaban el día tirando pinzas de la ropa y basura. Cada vez que caían los desperdicios mi tío rezongaba
—¡Llueve!—y se asomaba para examinar el botín. Siempre rescataba algún pedazo de chapa, algún taco de madera, algún juguete roto, que guardaba para fabricar cachivaches más o menos absurdos, pero siempre curiosos. El más fascinante que construyó nunca fue un reloj de cuco hecho de madera, alambre y hojalata. Lo terminó aquel verano, al poco de mi llegada. Había aceptado acogerme mientras mi madre cuidaba a mi abuela, recién operada del corazón.
—¿Qué corazón?—gruñía el tío, moviendo apenas los labios para no romper el equilibrio de una colilla que no acababa nunca de consumirse. Pero yo no prestaba atención a las palabras. Sólo veía sus manos recorrer afanosas la mesa del taller, llena de herramientas y retales de metal y contrachapado, haciendo girar con habilidad la varilla del torno y atacando la pieza con la lima o los alicates.
Así vi nacer el reloj de cuco, que pronto pasó a la pequeña sala de estar. A la hora en punto se abría una puertecita y asomaba un resorte en cuyo extremo se encaramaba un pequeño cuco de chapa, que acompañaba con un mecánico aleteo el silbido
¡Cu-cu!¡Cu-cu!
que surgía de las entrañas del mecanismo. Aquel verano pasé tardes enteras sentado a la mesa camilla, escuchando la radio mientras dibujaba o leía, a la espera del canto puntual del cuco. No era un niño muy divertido, qué se le va a hacer...
Pero no duró aquella felicidad. Apenas había pasado un mes cuando el tío me echó de casa a cajas destempladas, y tuve que pasar el resto del verano torturado por las odiosas hijas de la odiosa hermana de mi madre.
—Bendita la rama que al tronco sale —sentenciaba el tío.
Todo ocurrió en la víspera de San Juan, a la caída de la tarde. Daban las ocho en punto cuando la puerta del reloj se abrió y el pájaro asomó en silencio. No sonaba el cucú, no movía las alas; estaba callado, inmóvil. Quise avisar al tío, pero al levantarme el pájaro dio señales de vida: aleteó levemente, bajó un poco la cabeza y la torció como si fuera un gorrión, examinando la sala con cautela. Batió las alas una, dos veces, con un ruidito mecánico, y cantó
¡Pío!
Aquel juguete de metal pareció entonces animarse. Agitó las alas con fuerza y levantó el pico. Con un ligero chasquido se separó del resorte, para oscilar en el aire antes de recuperar el equilibrio. Una vez seguro volvió a cantar
¡Pío!
y aleteó como un colibrí, describiendo círculos en el aire. Yo estaba petrificado. No pude reaccionar, ni reparé en la ventana abierta, hacia la que se dirigió el cuco, ya dueño de su vuelo, y por la que desapareció para siempre. Justo entonces entró el tío
—¿No canta el cuco?
y se quedó helado mirando el reloj, sin rastro del pajarillo. Me miró con gesto irritado:
—¿Qué has hecho con el cuco?
Yo no supe responder. Entonces me fijé en el gato, que había contemplado la escena desde un sillón al otro extremo de la sala.
—Ha sido el gato —señalé.
—¡Mentira! —gritó (¿el tío?), bajándome el brazo de un manotazo. Y aquella misma noche me llevó a casa de su sobrina con mi escaso equipaje. No dijimos una palabra durante todo el camino. Yo me limitaba a mirarlo por el rabillo del ojo. Más que ira parecía sentir vergüenza, como un mago desenmascarado.

Kastorp 08/02/0700:13