jueves, 14 de junio de 2007

CCXCIX ... La balanza

TINTERO VIRTUAL CCXCIX La Balanza
Gracias, qué amables. Resulta que va a ser éste un ejemplo práctico de lo que decía Andresniporesas sobre resistir y ganar.
No coincido en separar a un lado las ilusiones y a otros las responsabilidades, pero entiendo lo que ha dicho, en relación a los que van hacia Cumbres Borrascosas. Por ello, me decanto por este tema; la balanza. (En cualquier situación) No sé si se habrá propuesto con anterioridad, pero da igual, sirva entonces para mejorar lo que en su día se escribió.
Sólo me resta, para no perder las buenas costumbres, invitaros a un buen desayuno, a elegir; zumos, té, café, chocolate, frutas, huevos, embutidos y bollería fina, (incluye "sobaos de Arroyo") A ver si dan de una vez la fórmula, que no hay manera de imitarles, demonios.
A disfrutar. Buen fin de semana a todos.

ASOMBRILLADA 08/06/0708:44


  • La Balanza de los Colores.


Un amarillo presumido estaba sobre la valla de un jardín, y contemplaba desde su puesto de pintura el amarillo triste y verdoso de un limón. Mientras discutían sobre lo que hacía el dueño de la finca, un asesino que había matado a un hombre y lo había sepultado en dicho jardín, se posó un caballito del diablo verde y lila en una flor azul, y los colores, aburridos, empezaron a hablar de lo cara que estaba la vida para los colores, pues había un aprendiz de mago en las inmediaciones que los robaba y los apresaba en una redoma para sus magias indecentes. La conversación rayaba en la discusión enfervorecida y todos los colores estaban a punto de pelearse los unos con los otros. El dueño de la finca había usado para el asesinato un azadón, y quedaban restos de sangre púrpura en el filo del instrumento, afilado hasta el espanto. El púrpura de la sangre habló entonces advirtiendo que el aprendiz de mago estaba cerca y todos sus contertulianos enmudecieron a la vez. El silencio se posó sobre la escena como la lápida de un tumba sobre el hoyo, pesadamente y rotundo. En la finca el asesino cortaba el seto y el emparrado con unas grandes tijeras rojas. Una mosca negra y molesta le revoloteaba por la frente, con la desobediencia de lo molestísimo, y el asesino, vestido con un nicki de algodón violeta, intentaba proseguir la poda macabra y al mismo tiempo acabar con el furioso díptero. Estaba al borde del colapso nervioso, pues la insolente mosca, atrevida y bravucona, intentaba metersele por uno de los orificios auditivos, de tal manera que el hombre, sin querer, le dió un espantoso corte al rosal del jardín, y una rosa negripúrpura cayó sobre la hojarasca rojiza del césped, como un extraño guante desprendiéndose de una mano de reina. El hombre entonces, cesó su trabajo y empezó a dar manotazos al aire. La mosca no se apartaba de su presa, furibunda como su primo el tábano, y pegajosa como una cinta de celofán, sonaba a lo lejos algún violín estridente y eléctrico tocado por un demente. El mago apareció en el escenario. Era un muchacho joven, de unos veinte años, delgado y guapo, pero tuerto de un ojo, lo que lo afeaba considerablemente, y estaba vestido con una camisa de Foam Gum, con un títere o muñequito fucsia sobre un fondo negro, y unos pantalones vaqueros. Dió un golpe a su varita mágica y todos los colores se desgarraron de sus sitios precipitándose en la redoma de cristal que llevaba en la mano. Sonó un chillido como de azúcar y zumo de pomelo. La naturaleza quedó translúcida, la libélula transparente, el césped, incoloro, como de cristal, como de gasa, la valla amarilla quedó desprovista de color, el limón parecía una extraña medusa marina, la rosa parecía otra medusa, o hecha enteramente de vidrio, como en las tiendas de Joyería, y finalmente, el suelo de la finca quedo tan desnudo a los ojos que se pudo ver el cadáver del muerto, con la cabeza separada del tronco y los ojos casi saliéndosele de las órbitas, enterrado en la translúcida arena. El negro de la mosca desapareció del artrópodo dejándolo igual que un camarón marino, y de los ojos verdes del asesino desapareció el esmeralda, atrapado en la redoma. El muchacho, entonces, invocó al demonio Absalón, y desapareció. Pronto estuvo en la escuela de magia potagia, abstraido en ir separando uno a uno los colores que había robado hacía poco. Los que más le gustaban eran el lila de la Libélula, el púrpura de la sangre, y el negripúrpura de la rosa. La tarea que le habían pedido sus profesores era la de pesar cada color en la balanza de los colores. Tenía que ir con mucho cuidado. En uno de los platillos de la balanza tenía que poner el color, y en el otro platillo del instrumento tenía que poner notas musicales. Las notas eran ácidas y diamantinas, maullidos de gato, chirriar de canto de grillos, brillos de luces en los cristales de los coches, transparencias de las aguas de una piscina. En fín, una tarea ardua y complicada pero muy muy bonita. Sus profesores le pusieron un notable alto.
Francisco Antonio Ruiz Caballero.

Escritorcillo 08/06/0713:56

  • Le quiero, la quiero, le quiero, la quiero.

Y el hijo puta me aconsejó sopesar las cosas: que a veces era necesario conocer de qué lado se inclinaba la balanza (imaginaria) ; que a veces era importante saber valorar, bla, bla, bla.
¡Y con lo mal que se me dan las proporciones y los números! ... y no te digo nada lo de calcular consecuencias. Pero él lo sabía eh?
Total, que con esa recomendación en mi cabeza que, ya de por sí, estaba llena de tortura y duda, me puse a deshojar la margarita, me puse a pesar la angustia – perdón, sopesar la angustia - :
* Con Arturo la apuesta es segura pero, visto lo visto, un poquito aburrida. Con Adela va a ser un campanazo pero, intuido lo intuido... (Arturo 0 / Adela 1).
* Con Arturo pocas son las cosas que aclarar, ni vestiduras que rasgar, ni recuerdos que conjurar. Con Adela tendré que volver a revolver mi adentro y mi afuera... (Arturo 1 / Adela 1).
* Con Arturo he dominado y con Adela parece que me apetece ser dominada (Arturo 1 / Adela 2).
* Con Arturo sueño y con Adela me ensueño, y ya se sabe que la fantasía (Arturo 2 / Adela 2).
Al ver que la balanza "mental" no se movía pensé: ¿se podrán sopesar más de dos cosas? Por ejemplo, una tercera opción podría ser dedicarme a la lectura, la vida contemplativa y a las maniobras individuales / personales / intransferibles, pero, claro, esto puede parecer una huida. Bueno, más que parecer lo es.
Por lo tanto, en la intención de hacer lo que parece ser que otros hacían, decidí seguir contando las bendiciones y como con éstas no me bastaban metí mano a sus miserias. Aquí fue el acabose, sus miserias se mezclaron con las mías, que eran las que más abultaban, las que más dolían (¿no estaba yo valorando a otros?), las que más me avergonzaban, las que más escocían (¿quién dijo lo de la balanza?), las que me alejaban. ERA YO QUIEN SOBRABA.
Y mi querido asesor ya contaba con ello. Y mi querido asesor ya había utilizado su balanza. A él se le dan bien los números. Y se acercó a mí y me acerco a él. Y supo acariciar mis lamentos y beber mis suspiros. Pero es lo único que hizo, y de esto hace dos años.
Y aquí estoy yo, con una pequeña pesa que se quedó entre mis manos intentando encontrar el momento en que el hijo puta se vuelva y pueda sacarle un ojo (y esto no será imaginario).
Así que ya saben, las balanzas para las naranjas... de la china, na, china, na...

Redimida 12/06/0711:05


  • Balanza de precisión.

Ya sabemos que hay gente para todo, que es muy difícil ser original porque siempre hay quien ha madrugado más que otro. Pero conocí un elemento que era todo un personaje. Tenía un empeño extraño y original: Quería pesarse una peca.
Bien mirado es una bobada, pero con las condiciones que él lo proponía era un reto casi imposible. Pero Cefo, de Nicéforo, no se arredró y solicitó ayuda. Puso un anuncio en la prensa local en busca de ideas.
Algunas fueron muy originales. Un tal Cuadritos le propuso hacer una foto de la peca, recortar el perímetro y pesar ese trocito en una balanza de precisión. “La película pesa más o menos como la piel”, le dijo.
Otro, más entendido, propuso colocar unos cubitos de hielo sobre la peca; esperar a que la sangre se “alejase” de ella y después recortar con un bisturí el perfil. Cefo, que era raro pero no tonto, hizo pruebas con el gato que tenía una peca en la oreja pero por la parte de adentro. Con una mano acariciaba el lomo del gato y con la otra le sujetaba el cubito en el pabellón auricular. El minino al notar las primera gotas de agua helada deslizarse oído adentro daba un brinco y le dejaba las uñas marcadas en las rodillas. Cefo había olvidado el refrán que dice que el gato escaldado hasta del agua fría huye.
Por fin se decidió a quitarse él mismo la peca. Para conseguirlo se proveyó de cubitos de hielo, de unas tijeritas muy afiladas y de una pletina para colocarla y de una balanza de precisión.
Llegó el momento esperado. Bajó las persianas y dejó la habitación en penumbra. Se quitó los pantalones y la ropa interior. Se sentó en el borde de la silla con las piernas muy abiertas. Enfocó la lámpara flexo hacia la peca. Tomó un algodón y lo empapó en alcohol.
Precisamente en ese momento sonó el timbre de la puerta. Era su novia. La vio por la mirilla antes de abrir. Después de un breve diálogo ella se ofreció a quitarle la peca de tan delicado lugar. Comenzó su labor con aplicación desinteresada pero eficaz y en un momento de la succión le dio un mordisco certero.
¡Ay!
La novia se levantó como un rayo y escupió el contenido en la balanza de precisión.
“¡Seis gramos!, gritó. La peca pesa 6 gramos”.

ANDRESNIPORESAS 12/06/0716:36


  • "Los astros lo anunciaron por revelación, ciencia o conjetura"

Los Libra somos un signo que intentamos contentar a todo Dios y así nos va, amigos de todos, amigos de nadie.
No creía en estas cosas de los astros hasta que un día una pitonisa, amiga de una amiga mía, que levantaba cartas astrales, me levantó la mía, - a parte de las quince mil pesetas de antaño del siglo pasado reciente que me cobró por el "concienzudo estudio que me lleva más de veinte horas de dedicación" dixit -
La cosa pintaba clara. Nativo de Libra con Ascendente Libra, con el Sol, Mercurio, Venus y Júpiter conjuntos en Libra en casa XI, la de la amistad aseguraba, opuestos a Capricornio en Urano conjunto a Plutón, Marte y Saturno. en la casa V, la de proyectos como escribir un libro, hijos y árboles por plantar. "Tú eres un pendón, un putón verbenero. Siento decírtelo tan alto y tan claro. Por un lado te apasiona la literatura y sueñas con escribir una novela que te catapulte a la fama, pero por otro "tiran más dos tetas que dos carretas", que en tu caso son un número infinito elevado al cubo, porque mujer que conoces, mujer que te llevas de calle y luego a la cama. Aunque veo aqui que no siempre es en la cama, sino más bien donde se tercie ello, oye. Te daría mi número de teléfono para quedar, pero yo nunca, nunca mezclo profesión con devoción...Prosigamos -perdona el inciso- el caso es que tú te propones escribir ocho horas diarias, que se quedan en media hora de participar en una revista literaria de unos colegas tuyos o algo así. En fin, que eres un tipo con muchísimo talento, pero lo desperdicias con tanta solera y garbo que la cosa también tiene su mérito. Te salen amigos hasta de debajo de las piedras. Amigos de toda índole -eso me lo dicen Venus y Mercurio que hoy están locuaces y extravertidos- Estos amigos, en casi todas las ocasiones se aprovechan y sancan partido de ti o viceversa. Tú sacas mucho partido de ellos, especialmente de ellas, que te adoran primero para aborrecerte después. No te faltarán querellas judiciales con damas de toda condición social. Así que ándate con ojo tanto con las putas como con las aristócratas que te rondan...Lo que se dice enamorado, yo te veo más bien enamorado de todas a la vez y de ninguna en especial, pero allá por el año dos mil y pico, -el pico no lo veo claro - te enamorarás rendidamente de una mujer mayor que tú - entre doce y veinte años más veterana. Si quieres más precisión son doce mil pelas más. Bien, por esta mujer perderás el "oremus" y el sentido. Te tratará como a ella le vendrá en gana, como un pelele de carnestolendas y tú no lo podrás evitar. Eso me lo dicen Plutón, Urano y Saturno en Capricornio. Y me dicen que te diga que no se andan con rodeos y hablan totalmente en serio. Así que aplícate al cuento.¡ Estos planetas son de armas tomar!....Siento decirte que hijos legítimos no tendrás ninguno, pero demandas de paternidad y pruebas de ADN las que quieras y más. La novela que sueñas las escribirás , pero cuando te declaren impotente y se apague el furor sexual que es en ti arrollador y casi demencial, caótico y absurdo. Tendrá mucho éxito esta novela a nivel internacional. Se traducirá a veinte lenguas -más o menos. Ya sabes si quieres saber más es cuestión de estirar la guita-...
..............................................................................................
Viernes, doce de junio de 2017. La novela "Los astros lo anunciaron por revelación, ciencia o conjetura" alcanza una cifra récord de ventas a nivel mundial. Traducida ya a veintitrés lenguas, expertos de varios países analizan la clave de su éxito. Es libro de obliga lectura en la ensañanza secundaria y superior. Su autor, J.C. Benthancourt atribuye tamaña aceptación a décadas de sequía inspirativa y auna trayectoria vital "casi demencial, caótica y absurda."

gemmayla 12/06/0716:55


  • El juez

Los torvos soldados del general Azumbre habían encontrado lo que buscaban y volvían desde las cámaras interiores del Palacio de la Ópera Flotante, hasta el vestíbulo donde los esperaba el general. Volvían rápidos y en grupo compacto, protegiendo, o sirviendo de escolta, a un hombre que venía enmedio de ellos: un individuo mayor vestido de etiqueta, muy pálido, muy flaco, muy decidido, con el ceño fruncido como el que ha tomado una determinación importante y se marcha a pasos largos, dejando mucho atrás.
Benson lo reconoció enseguida: El juez Balanzo, el amigo de la justicia, el servidor de la ley por antonomasia que salía en todos los programas de hiperondas para explicar algunos puntos complicados de las sentencias que se dictaban en los tribunales galácticos. La gente le tenía mucho respeto y lo que él decía se lo pensaban dos veces antes de olvidarlo y hacer lo que buenamente querían. Pero por lo menos se lo pensaban.
El enorme soldado que venía en cabeza del grupo se acercó al general Azumbre.
- ¡Mi general, el juez viene con nosotros por su propia decisión! -dijo en voz alta, para que le oyeran los vigilantes de plantilla de la öpera Flotante, que estaban agrupándose junto a la puerta, nerviosos, mirándose unos a otros, sin saber en qué pierna apoyarse, como si quisieran prepararse para salvar del secuestro al juez usando sus menguadas armas.
- ¡Ah, fantástico! ¡Viene por su propia voluntad! - recalcó Azumbre con su vozarrón de trueno, y se acercó al juez que le dio la mano con gravedad.
- ¿Nos vamos? - dijo el juez y sonrió a los vigilantes - No pasa nada -les dijo-, me marcho con estos... estos amigos. Voy a hacer un comunicado a la prensa ahí afuera. Sí, ahí fuera. Mañana lo leeréis en las noticias.
Y se volvió para subir las escaleras hacia la salida.
Azumbre se frotó las manos con una sonrisa.
- Ya ves, Benson -se dirigió al joven que seguía toda la escena a su lado-, desde este momento, en nuestro nuevo planeta hay justicia. ¡La ley se viene con nosotros! ¿Has pensado ya si quieres venirte tú también? Ya sabes que si te unes a nosotros serás libre.
El juez Balanzo, en lo alto de las escaleras, se volvió para mirar lo que dejaba atrás. Levantó los brazos para ajustarse el vuelo de la capa, y por un momento Benson vio que la mano derecha del juez estaba situada, visualmente, sobre la cabeza de Azumbre, y la mano izquierda sobre la de la joven Yanna...
Y Benson se imaginó, vio claramente, como si el juez estuviera sopesando, tentando con sus manos, las dos fuerzas principales en la decisión que él, Benson, tenía que tomar:
a) Marcharse con Azumbre a su mundo nuevo, donde sería respetado y podría recuperar una vida normal, aunque no tan libre como le estaban prometiendo, eso seguro.
b) Yanna, la chica enigma que le encantaba y que no era de nadie, tampoco suya, que él supiera... La chica que le ligaba a un mundo gris que le rechazaba a él, que le tenía miedo... La chica que temía a los soldados y que nunca se iría con ellos...
Vaya, se dijo Benson, sólo faltaba que la música empezara a sonar ahora y le echase el puntito dramático a la situación.
Y justo entonces, en el auditorio la música rompió con la obertura de la ópera que tocaba aquella noche y el foyer se llenó de notas dulces y trágicas.

BLANKA-L 12/06/0721:03



ASOMBRILLADAInvitado
Publicado: Mie Jun 13, 2007 1:04 pm Asunto: El principio del fin, o cómo destrozar una reputación.

- ¡Y me lo dices ahora! - No te enfades, escúchame; es que el plan que propones me da mucho corte. - ¿Pero cómo has esperado a última hora para echarte atrás? Me haces una faena, que lo sepas. Hoy es nuestro aniversario. Tenía preparada la escena. Podrías haberte negado hace días, lo hemos hablado hasta el aburrimiento y estabas de acuerdo. Lo que no entiendo es que lo digas tú. Que me lo diga otro, vale, ¿pero tú? Tenías que estar acostumbrado. -Mira, es distinto. Una cosa es desnudarse en público como yo hago, con música, con arte, y otra es hacer lo que me propones. Me da palo que el tío esté mirándonos, qué quieres. No puedo. Quedo en deuda, pero no, lo siento. Le colgué ¡Pusilánime! Faltaban sólo tres horas para que llegase Eduardo, mi marido. No puede mezclar pastillas, por el corazón, por eso busco métodos naturales que le animen. Creía que sería sencillo, hasta que lo intenté. Miré los anuncios. Había uno que buscaba mujer y se ofertaba como cristiano, católico, fuerte de moral y voluntad, inteligente, sensible, sociable y con sentido común. Esto último le sobraba al anuncio, o le faltaba a él. Lo primero me sobraba a mí, así que seguí mirando. Era difícil decidirse. Al final, un brasileño al que apenas le entendía cuando llamé, estuvo de acuerdo en venir a la cita, “Si, no problema”, por ciento cincuenta euros. Estaba dispuesto a cualquier cosa, eso lo dejó claro. Me decanté por él. Era un tipo alto de unos treinta años, y su color, moreno intenso, contrastaba con el pálido de una de mis amigas que estaba junto a él cuando abrí la puerta. Habían coincidido en el ascensor, y ella parecía cortada, como requesón con ramo de flores, si fuera un cuadro. Lo era. Víctor, - así se llamaba el de las rastas - sonreía. Se sorprendió al ver que mi amiga dejaba el ramo en la entrada y escapaba balbuceando una excusa. Pareció desencantado. Le dije qué era lo que yo pretendía. Se desnudó y se puso, sin problema, el tanga rojo que le ofrecí y los zapatos de tacón de aguja que había comprado por la mañana en Karima. Me habían costado una pasta. Me disfracé yo también, a juego. Esperamos tomando una copa. Por lo que me contó, se conocían, mi amiga y él. Dijo que ella le había ayudado con los papeles de extranjería. Le pregunté qué diría cuando hablara de mí. Justo entonces sentimos unas llaves hurgando en la puerta. Nos acercamos al vestíbulo, y allí estaba Eduardo con parte de mi familia y la suya. Querían llevarnos a cenar a un restaurante que habían reservado para celebrar el día. Intenté explicar lo que veían. Quedó peor.
');
//-->

ErkaytanoInvitado
Publicado: Jue Jun 14, 2007 8:21 am Asunto: La Balanza de la Justicia

Amos a ve como sale aqui. La balanza de la justicia Era un joven con la mayoría de edad recién cumplida. Había dejado atrás su adolescencia y pensaba que era ya hombre. Todas las mañanas, en el camino hacía la oficina donde prestaba servicios como ordenanza, pasaba por delante del Palacio de Justicia. Allí, ante el atrio, en el centro de la fachada, había una estatua de unos dos metros de alta. Era de mármol blanco y frío y representaba el cuerpo perfecto de una mujer. Un pañuelo blanco de seda le vendaba los ojos. Con la mano derecha izaba una espada de acero negro y con la izquierda sostenía una balanza de forja. Cada mañana, el joven se paraba ante el edificio y observaba durante unos minutos la figura de mármol blanco erguida sobre su pedestal. Un día, llevado por la curiosidad, colocó en un plato de la balanza una piedra. Al momento, la balanza se inclinó hacía un lado y la piedra al suelo. Al día siguiente, colocó la piedra en el otro plato y ocurrió lo mismo. Tardó unos días en probar a poner una piedra en cada plato y, al hacerlo observó que la balanza no se quedaba quieta, que se inclinaba un poco hacia un lado, ya que no eran del mismo peso las piedras. Durante muchas mañanas, el joven pasó por delante de la estatua. La miraba de reojo y luego seguía su camino hacia la oficina. Al cabo de unas semanas, convencido de que la balanza no le servía para nada, se atrevió a quitársela. Con mucho cuidado, la despegó de su mano izquierda y la colocó cuidadosamente en el suelo, sobre el pedestal, a los pies de la estatua. Ante su asombro, la figura comenzó a mover su brazo izquierdo y con la mano se quitó la venda de seda. El joven quedó paralizado, asombrado ante lo que estaba viendo, sobre todo cuando la figura comenzó a hablar y le dijo: “Gracias joven por dejarme la mano izquierda libre. He podido quitarme la venda. Ahora podré ver a los asesinos y cortarles el cuello con la espada” El joven salió corriendo a toda prisa hacía su trabajo. Al día siguiente, mientras ojeaba la prensa, pudo ver en primera página que los componentes de un comando de terrorista habían aparecido muertos en su piso, al parecer, decapitados.
');
//-->



domingo, 10 de junio de 2007

CCXCVIII... Camisetas

TINTERO VIRTUAL CCXCVIII
Qué sensación quedar empatada con Hablador¡¡¡
Mi parte del tema para esta semana va a ser: CAMISETAS
Cuando venga mi admirado Hablador, ya dirá él si son mojadas, infantiles, rotas, camioneras, verdes, a la moda...
Un abrazo, Tinterianos.

BLANKA-L 01/06/0714:22



Las camisetas
Casi, casi, me inclinaría por las camisetas mojadas, jejeje, pero no, lo vamos a dejar abierto al libre albedrío, cada cual elija su camiseta.
Por cierto, gracias otra nueva semana y en esta ocasión con más honor por compartirlo con Blanki.
Un saludo de otro pobrecito hablador...

HABLADOR 01/06/0716:48



  • La camiseta del Toro de Osborne
Me he comprado una camiseta roja con un toro tipo "Osborne" clavado en el pecho - de la camiseta se entiende -. He cometido este dispendio no por vanagloriarme fatuamente de ser nacionalista española, no porque quiera gritar a la humanidad que alguien está poniendo los cuernos a alguien, ¡No! Si he de ser sincera, no sé por qué leches me he comprado esta dichosa camiseta. En las playas de mi tierra natal no la podré lucir porque por ahí anda mucho nacionalista suelto de otro cuño. En la calle tampoco porque la camiseta es hortera con ganas. Para andar por casa, tipo camisola, menos. Ese rojo tan vivo junto a ese negro tan premonitorio de muerte, crisparía mis delicados nervios. Para andar por casa lo mejor es vestir prendas ligeritas de lino o algodón de colores suaves, sin estridencias, o sin contemplaciones pasearse desnudo por los pasillos y recuperar todo aquello que perdemos cuando nos vestimos.
El caso es que mi sentido práctico me dicta que he de encontrar un sentido, un significado último y razonable a esta absurda compra de la camiseta de marras.
Recapitulemos. Un tipo en el mercadillo de los lunes en mi barrio tenía expuesto un tenderete de camisetas de todos los colores, alusiones y tallas. A mi, la camiseta que ahora guardo como oro en paño dentro del primer cajón de la cómoda - este cajón es el de las prendas que me importan por encima de las demás - me llamó poderosamente la atención. Me pareció ver al Toro de Osborne mover su cornamente para chistarme, "¡Chist! ¡Eh, tú! ¡Sí, tú! La de los ojos verdes. Llévame a tu casa ahora mismo!" Como hipnotizada obedecí, pagué la camiseta y callé. Sí, permanecí callada dos días seguidos. Sabía que había realizado la compra más absurda de mi vida y esta certeza me sumía en un mutismo casi delirante.
Medito concienzudamente. No sé, Tal vez debiera comprarme otra camiseta amarilla con un burro -"Ruc" dicen en mi tierra - clavado en el pecho -de la camiseta se entiende - para autoboicotearme. Tal vez debiera a continuación adquirir otra azul celeste con un "Oso y un Madroño". Quizás, debiera coleccionar camisetas con solapados motivos nacionalistas. ¿Con qué fin? Pudiera ser,...no estoy muy segura,...para acallar mi conciencia tan poco solidaria con los nacionalismos, tan ácrata, tan rebelde, tan de la "Tercera España", esa España que no se casa ni con los unos ni con los otros, que no encuentra su ideología perfecta, sus valores inamovibles, su Norte, su Quimera Excelente...En fin, hete aqui ante una coleccionista de camisetas. Corro al IKEA a comprar una cómoda que me sirva para guardar estas prendas que nacieron para ser deportivas y ahora son banderas de usar y lavar.

gemmayla 01/06/0717:04


  • Mensajes
-SOPORTO ESTOICAMENTE TU INEPTITUD-
La chica llevaba ese mensaje en la pechera de su camiseta.
Me dieron ganas de abofetearla, zis, zas, izquierda, derecha, hasta que le rebotaran los mofletes. ¿Quién era ella para decirme nada? Ni que fuera mi madre. ¡Qué mal me sentó!
Salía del vagón del metro cuando yo entraba. Nos habíamos cruzado alguna otra vez, pero nunca se había mostrado insultante, hasta ayer.
La primera vez que coincidimos, lo recuerdo como si fuera hoy, le pedí ayuda porque mi bono de metro estaba casi sin saldo, y yo no sabía, entonces, qué había que hacer para reemplazarlo.
Pasaba por mi lado. Vestía camisola de flores, larga, con vaqueros amplios. Me pareció una mujer tranquila, asequible, y me acerqué a ella y le expliqué lo que me pasaba; Las máquinas automáticas me resultan tan impersonales con sus instrucciones, que no puedo con ellas, prefiero preguntar a alguien.
Después de varias explicaciones de ella, e intentos por mi parte, me miró raro, y cogió, cómo lo diría yo, con demasiada decisión, el bono viejo que tenía en mis manos, junto con el billete de diez euros, y ella misma hizo la operación. Se lo agradecí, claro.
Otra vez ocurrió en el metro, - aquel día íbamos en la misma dirección, sin megafonía, entre un gentío inmenso. Le pedí por favor que me avisara al llegar a mi parada, y le dije cuál era, porque ese día había olvidado mis lentillasl. Qué le costaba estar un poco pendiente, ¿no? Podría habérselo pedido a otro, pero se dio así.
Ahora que pienso, puede que haya más. A lo mejor es por mi traslado. Son coincidencias que se dan. Trabajamos en la misma empresa, y, desde hace días, somos compañeras de sección.
Pero yo diría que hay más. Son muchos los compañeros que la tratan con recelo. Hoy, por ejemplo, ha traído una de color rosa con letras negras, que va a mosquear a más de uno.
Pone:
- ANDA Y QUE OS ONDULEN, CON LA PERMANÉN-

ASOMBRILLADA 05/06/0712:54



  • La osadía
En tropel salieron los caballeros enfundados en camisetas negras atravesadas por un zarpazo rojo de tres uñas lacerantes. Eran unos doscientos, en realidad un número escaso para emprender una epopeya singular, que si no fuera una mera utopía, cambiaría el destino de cientos de miles de hombres, tantos cientos miles de hombres como los habitantes de Madrid para ser exactos.
Podían pasar por unos vándalos; de hecho, en la puerta del Museo del Prado recibieron un no rotundo como respuesta a su intento de entrada por parte de los afanados arrancacinturones, proctólogos aficionados, que escoltaban el lugar laico de culto engolado, pese a sacar a la vez idénticas carteras de piel con iguales billetes de cinco euros perfectamente planchados y diríase que hasta horneados. Aún es más, para su perplejidad e indignación un grupo de doscientos ancianos, según la Consejería, ciento noventa y nueve según el organizador –no podía admitir bajo ningún concepto entrar en aquella, para él, peyorativa categoría a sus cincuenta y nueve años- pasaban ante sus ojos sin apenas sufrir en sus plegadas carnes el manoseo en ocasiones gozoso y en otras humillantes de la guardia de seguridad de las meninas, mucho más amable y sensual que la de saturno devorando a su hijo, quienes arrancaban con los dientes las horquillas de alguna moza que ocultaba en ellas microchips para encoger de tamaño diversos cuadros hasta poder ocultarlos en los recovecos más inaccesibles de sus pabellones auditivos.
Desalentados y algo nerviosos, quizá escépticos la mayoría ante la idea del líder de aparecer de dicha guisa y siempre agrupados donde quiera que fueran, emprendieron camino hasta el Reina Sofía donde, sin duda confundidos con figurantes de alguna performance vanguardista, su gesto sincrónico de desplegar su cartera y atenazar el billete impoluto entre el pulgar e índice se vio cortado de cuajo por los entusiastas aplausos y vítores de unos veinte sujetos, adornados con una camiseta rojinegra de rayas y los ojos sospechosamente vidriosos y enrojecidos. Ante tal muestra de entusiasmo por parte de quienes dictaban las normas morales y estilísticas de lo que se venía en llamar el arte conceptual, o basura sin más en algunos círculos conservadores, y que a nuestros amigos de camiseta negra rasgada en diagonal con tres rayas irregulares y encarnadas les parecía pura mierda, los guardianes de la Kultura con K les dieron paso acompañando el ademán con alguna reverencia y, también, no todo iba a ser enajenación, con algún movimiento nervioso de palillo de lado a lado de la boca, por parte de algún ujier que creía haberlo visto todo y que nunca dejaba de repetirse que uno nunca lo ha visto todo.
Todo lo que vieron les pareció una asquerosidad repugnante, ya que su mentalidad obtusa nada tenía que ver con su estética näif a la par que ingenua. La intención de ese grupo, que nunca más volvió a juntarse, era crear una corriente de opinión, una nueva clase social, que se uniría al grupo en pequeñas unidades al principio, en masa después, como siguiendo a un flautista de Hamelín grupal. ¿El fin? Quién sabe, tal vez su máxima aspiración fuera tan simple como aparecer, para orgullo de familiares y amigos, en algún programa de media tarde de la uno, quizá y, si no quedara otro remedio, de la dos. Quizá pretendían algo más profundo y duradero, pero nadie nunca lo sabrá, porque sus camisetas agrupadas si bien eran una auténtica revolución en Villalpando de los Condes, en Madrid, no eran más que uno de tantos, aún si cabe más ordinarios por no haber comprado la herramienta más característica, esto es, una flor de peluche de descomunales proporciones con las que seguir al guía espiritual.

Sea como fuere, una ola de calor les hizo despojarse de aquellas prendas al unísono. La imagen, captada casualmente por un reportero que hacía el turno de guardia del desguarnecido agosto madrileño sin madrileños ocupó la página 53 del Diario Madrid Secundario, de escasa tirada y menor lectura, aunque de gran absorción y fama entre los pescaderos de Mercamadrid. El guía se dio por satisfecho en cierto modo y dio por finalizada la aventura, pero se juró no volver a salir de Villalpando, donde las camisetas ardieron para desaparecer de aquella osadía rural intrusa en un urbanismo diletante de un decoro cuando menos artificioso y probablemente estúpido y rapaz.

PietroCrespi 06/06/0721:07



  • La herencia
Un hombre vivía en una habitación alquilada en una ciudad lejana; se puso enfermo el martes, se murió a fin de mes, y lo enterraron con su traje bueno... y de esta manera, cuando llegaron los dos hijos se encontraron con que no había dinero ni nada de valor: su padre no les había dejado nada.
Los chicos eran finos y bien criados, y el ama de la casa les abrió el cuartucho que había sido de su padre para que se llevaran sus cosas.
El mayor se puso de muy mal humor.
—¿Cómo es posible que nuestro padre viviera así, y no nos lo dijera? —señaló la cama estrecha, el armario casi vacío, las cosas de afeitarse en un estante que hacía de única mesa, la colcha rota— ¿Por qué nos hizo creer que tenía un buen empleo? ¿Por qué nos mintió?
El pequeño había encontrado una camiseta vieja con un paisaje de palmeras y playas y se entristeció al ver que estaba raída y tenía manchas de sudor.
—Todo lo que ganaba, nos lo mandaba —contestó suspirando—. Por eso nunca quiso que viniéramos aquí a verle.
Se puso la camiseta vieja de su padre, con el sol ingenuo y desteñido en el centro del pecho.
— Pero ¿quién pagará las cuentas ahora? —se quejó el mayor con desesperación— Yo estoy estudiando, tú ibas a empezar este curso... ¿Es posible que no haya ahorrado un céntimo? Ayúdame a buscar, ha de haber algo -y se puso a registrar los cajones.
—Pero nos ha dejado un tesoro. Mira esto —señaló las manchas y las marcas bajo los brazos y en el pecho—. ¿Sabes qué es?
—¡Estás loco, hermano! ¿Crees que eso es el plano de un tesoro? —levantó la alfombra con un tirón rabioso—. ¿Cómo un pobre fracasado, como él, iba a tener un tesoro?
—Cállate hermano. Esto es sudor, sudor de haber trabajado. El que es así, no fracasa, y eso es lo que nos ha enseñado nuestro padre: que hay que currar.
—¿Currar? ¡Vete de aquí, estúpido! —le gritó el mayor, fuera de sí de rabia, y siguió registrando los rincones, la cama y el armario y hasta las tablas del suelo, por si encontrara escondida en algún sitio una cartilla de ahorros, o bien la última paga, o simplemente un calcetín lleno de oro.
—Me voy, tio; ahí te quedas con las cucarachas. Y me llevo el único tesoro que hay aquí. Ya verás como yo tengo razón.
Y el hermano pequeño se marchó a la calle llevándose puesta la camiseta vieja con olor a su padre.

BLANKA-L 06/06/0721:50



  • Rarezas.
Comenzó porque se obsesionó con el cambio climático estaba seguro de que cada año tendría al menos nueve meses de temperaturas muy frías. Y comenzó a abrigarse superponiéndose camisetas de felpa. No exageraría si dijera que su perímetro aumentó al menos siete tallas.
La higiene no era problema porque las camisetas iban siendo sustituidas de dentro afuera, por capas. La felpa creaba unas nubecillas de borra que se depositaban en el ombligo como una nieve intemporal. También las arrugas, que abundaban en su anatomía adiposa, fueron depositarias de los cordoncitos de borra que desprendían las camisetas.
Compraba sus camisetas de tallas muy superiores a su estatura así las anudaba en la entrepierna en forma de body, con lo cual se ahorraba los calzoncillos que sólo usaba los meses de buena temperatura.
Con el tiempo hizo un elenco de camisetas marcadas con los nombres de la semana, los meses del año y los años bisiestos. No escribía relatos, pero copiaba sobre ellas frases, que creía ingeniosas, con un rotulador de tinta indeleble. Anotaba las sentencias en las camisetas, así cuando las volvía a usar recordaba el momento en que se le ocurrió y se ponía ufano. Le gustaban esas situaciones. La que lo pasaba peor era la camiseta superior, la epidermis como si dijéramos, porque le servía de recordatorio de cuanto tenía que hacer en ese día. La usaba como su agenda. Y los días de mucha actividad la ponía perdida de rayotes. Estaba seguro de que con sus camisetas se podría escribir su biografía.
La primera novia que tuvo se alegró cuando se sacó una camiseta, le escribió un poema y le entregó la caamiseta con el poema. Pero cuando ya acumuló la camiseta dieciocho, tuvo un momento de lucidez y se alejó de él como se huye de un desequilibrado. La novia no pudo resistir el olor.
En estos últimos días está practicando para sacarse todas las camisetas a la vez sin darles la vuelta. Está en eso, según dice, y ya hace progresos.

ANDRESNIPORESAS 06/06/0723:40



  • Pues yo no me quedo sin colgar el relato
¡No es justo! ¡No es justo! y ¡No es justo!
Ayer estuve todo el día intentando colgar el relato pero estos de Terra no me dejaron entrar. En fin, como lo importante es participar dejo aquí lo que había escrito y si alguien lo lee habrá servido para algo.

Automotores Orletti

Ya más de treinta años y aún sigue aterrando el nombre. Este sitio, que en tiempos del dictador Videla era centro de operaciones del plan Cóndor, donde se detenía y torturaba a decenas de uruguayos, ahora se ha convertido en un taller clandestino de ropa. Tal vez la tortura sea menos escandalosa, pero de seguro es igual de dramática.
Una veintena de ciudadanos indocumentados, con sus familias, viven y trabajan hacinados en unas dependencias indecentes. Roberto Salvador Faliña es un boliviano de treinta y dos años, y forma parte del grupo de personas que están aquí recluidas. Junto con su mujer y dos hijos de corta edad consiguió entrar en Buenos Aires como muchos otros compatriotas, seducido con la posibilidad de un trabajo y una vivienda dignos. Y como a tantos otros, el mismo camión que les facilitó la entrada por la frontera les condujo hasta la situación de esclavitud en la que viven desde hace diez meses. Cuando llegaron no se les entregaron papeles, ni se les dio en momento alguno un sueldo que les hiciera ilusionarse. Simplemente, bajo amenazas, se les negó la salida del recinto amurallado, se les explicó su nueva labor y se les dijo lo que ocurriría de no obedecer las órdenes.
Entonces no sabían dónde estaban, ni tan siquiera les sonaba el nombre de Automotores Orletti, aunque los guardianes pronto nos encargamos de explicarles todos los detalles. A partir de ese momento, el mundo de dificultades que habían conocido se convirtió en un lejano recuerdo de bienestar. Cada semana les suministramos unas cajas de comida, explicándoles que tienen que racionarla si no quieren pasar hambre. Por supuesto no hay suficiente comida para todos y menos para que pervivan semana tras semana, pero no es problema nuestro. Nuestra misión es que trabajen, que los encargos vayan cumpliendo sus plazos de entrega y que nadie se escape de aquí. Las condiciones de higiene son nulas, la alimentación deficiente y las enfermedades muchas. Con todo, la jornada de trabajo no baja de las doce horas y a quien trata de quejarse se le propinan palizas bestiales.
Roberto Salvador no es de los primeros que llegaron aquí, otros estuvieron en su lugar. Otros que vivieron las mismas penurias y que ya no están, como él y su familia dejarán de estar cuando no sean productivos. También hubo otros guardianes antes que nosotros nos hiciéramos cargo, y también se fueron, aunque por otras causas. Estoy seguro que nosotros tampoco estaremos mucho más, porque si bien es cierto que la paga es buena, pasamos demasiado tiempo sin ver a los nuestros y se hace duro. Es irónico decir esto. Irónico contemplar cómo los hijos de esta gente nos miran llenos de espanto, cómo sus mujeres nos rehuyen por miedo a que las violemos cualquier día de borrachera y cómo ellos mismos, desolados, bajan la vista en nuestra presencia con rabia y pavor. Irónico compararlo con la vida que hemos llevado fuera de estos muros, la vida que recuperaremos cuando, llenos los bolsillos, pasemos página y regresemos a casa. Digo irónico porque yo amo a mi mujer y a mi hijo de seis años y estaría dispuesto a hacer lo mismo que estos infelices hacen por sus familias, y en cambio no les comprendo, no comprendo su fragilidad y su desánimo, su falta de rencor.
Cuando les miro todo me parece eso: una ironía. Tremenda ironía, como lo es que los dos pequeños de Roberto Salvador, acurrucados en su regazo mientras él descansa y su mujer se esfuerza en preparar algo de comer, lleven puestas dos enormes camisetas como única vestimenta entre tanta ropa apilada por doquier. Unas camisetas de las tantas que su padre ha falsificado hoy. En el pecho, bajo el reconocible anagrama de una famosa marca textil, reza un eslogan lacónico: No hay Vida sin Libertad.

HABLADOR 07/06/0720:11




VOTACIONES DEL TINTERO CCXCVIII: Las camisetas.
Bien, una semana más llegamos al jueves y se abren las votaciones durante todo el día, hasta las cero horas.
Cada uno podrá votar 3, 2 y 1 según las preferencias.
Buenas Letras a todos.

ANDRESNIPORESAS 07/06/0700:01



Pocos,poquísimos..
Os imagino a todos preparando el equipaje para este estupendo viaje a Cumbres Borrascosas que os aguarda..
BLANKA-L 3
ASOMBRADILLA 2
PIETRO 1
Muy feliz viaje y estancia en el "País de Siempre Sí" !!!

gemmayla 07/06/0716:20



Votos.
ASOMBRILLADA......................3 votos
BLANKA-L..............................2 votos.
GEMMAYLA.............................1 voto
Salud y buenas letras a todos.

ANDRESNIPORESAS 07/06/0717:00



complicado está votar
Seremos pocos pero qué difícil está votar. Todos me gustan, cada uno en su estilo...
3) ASOMBRILLADA porque se supera
2) GEMMAYLA porque se está creando un estilo
1) ANDRESNIPORESAS por vacilón
PIETROCRESPI, vivo yo muy cerca del Reina Sofía y, después de leerte como unas diez veces sin comprender, de pronto he visto claramente a los 200 pensionistas de Villalpando con sus camisetitas de El Zorro, haciendo cola... y me he reído muchísimo. Sigue por aquí ¿quieres?

BLANKA-L 07/06/0717:41



Votox
Da sombrilla ----------3
Ay, la geeeemma----2
Kal Blanca-------------1

PietroCrespi 07/06/0718:08



Voto
Aquí huele a confabulación, que diría alguien.
PietroCrespi.................3
MyGemla.....................2
Andresniporesas..........1
Blanka, premio al mejor diálogo, anda que...ya os vale.:)))

ASOMBRILLADA 07/06/0721:13



RECUENTO DE VOTOS DEL TINTERO 298.
HECHAS LAS DEBIDAS SUMAS EL RESULTADO OBTENIDO ES EL SIGUIENTE:
Ganadora: ASOMBRILLADA.........11 votos.
Finalista: GEMMAYLA................7
Le siguen:
Blanka, 6 votos.
Pietro Crespi, 4 votos.
Andresniporesas, 2 votos.
---------------------
Ojalá sea un fin de semana inolvidable. Estaremos con vosotros en la distancia. Así son las cosas: a un lado las ilusiones al otro las responsabilidades.
Circunspectos saludos y buen botillo.

ANDRESNIPORESAS 08/06/0700:07


CCXCVII - La paternidad

TINTERO VIRTUAL CCXCVII - La paternidad
Sorpresa, sorpresa. Perdonad que cuelgue tan tarde el tema pero no me lo esperaba y no busqué tiempo para mirar las votaciones.
Muchas gracias a todos, esto sí que es llegar y besar al santo (o como se diga).
Bueno, como reza el enunciado, el tema que os propongo es el de la paternidad, el padre y su reto de ser humano ante la llegada de un hijo.
Repito, gracias y para todos muchas letras.
otro pobrecito hablador...

HABLADOR 25/05/0719:45



  • Estas mercancías ya han pagado aduana
Si casi no estamos dotados para la maternidad, para la paternidad menos. Y ahora a muchos toca ejercer de padre y madre a la vez, como áquel - acentuado por el riesgo inminente de anfibología - que un buen día fue a dar a un paseo con las manos vacías y alguien, un extraño, le echó a la espalda un pesado fardo cargándole con la responsabilidad de transportarlo pero sin decirle a dónde, cómo ni por qué.
Decía Kahlil Gibran que "tus hijos no son tus hijos son hijos e hijas de la vida" ¡Joder! Entonces ya sé, fue la vida la que me soltó sobre los hombros la mercancía envuelta con lienzo embreado para que no sufra maltrato durante el traslado a una mayoría de edad segura -más segura para mi que para mis vástagos -, a una autonomía e independencia, a un título universitario quizás, a una oposición a Notaría tal vez, a un puesto de Técnico Informático pudiera ser. Este destino laboral incierto me hace temer que el fardo, la mercancía la he de guardar como oro en paño en una habitación de mi casa convenientemente acomodada para que no le de el polvo y el varapalo de la vida.¡ Descuiden por treinta o cuarenta años la guardamos a buen recaudo! Entiendan, no es que uno vea los hijos, esas reproducciones perfeccionadas de nosotros mismos como una cosa valiosa que se cuida y mima con primor y que algún día se teme perder, sino que se palpa, se siente, uno se huele -con un olfato de resignada percepción del humo que vaticina el fuego inminente -que no se perderá jamás. Uno compra un valioso jarrón de porcelana china para toda la vida, pero luego no entiende que cuando a los hijos se les expide el Documento Nacional de Identidad, no se les otorgue también el pasaporte con un billete de ida sin vuelta.
Seamos honestos. Esto de entender la paternidad como un tráfico de mercancías pesadas sin distinguir aduanas sólo pasa en este país, llamemósle España -creo que se sigue llamando así aún -. No se diferencia mucho un padre vasco de un catalán o de uno murciano. Vayas donde vayas, en cada casa hay una estancia reservada para guardar celosamente estos valiosos géneros - de algodón, de hilo, de seda...otros parecen más bien de metacrilato -que no son extraños huéspedes de un almacén cualquiera. No lo olviden señores, son sus hijos e hijas.
De la maternidad ya hablaremos en otra ocasión.
(A todos los padres del mundo con mucho cariño y que tomen esta charleta con sentido del humor y mucha paciencia y ánimo distendido)

gemmayla 26/05/0711:56




  • Paternidad
Era un hombre fácilmente localizable.
Ya fuera día festivo, o de labor, todos sabían que a Manuel se le podía encontrar en la barra de un bar, junto a un vaso de cerveza.
En el pueblo había diez bares, a ambos lados de la misma calle. Parecían puestos a propósito, por si alguien tuviera que ir dando tumbos. No era su caso. Las cervezas, todo lo más, le soltaban la lengua, y media docena de personas, que casi siempre le rodeaban, reían al ver cómo imitaba los gestos y dichos de algún ausente. Tenía buen carácter.
Tuvo cuatro hijos y dos hijas. Todos menos uno, el mayor, eran clavaditos a él; sus caras anchas de pómulos rotundos, y ojos claros y sus narices aguileñas, eran inconfundibles.” Tú eres de Manuel” solían oír cuando algún vejete se encontraba con uno de ellos. "Sois del mismo palo."
El tronco era Sebastián.
Sebastián, el padre de Manuel, había tenido también ese carácter alegre de joven, pero ya para los cincuenta y cinco, el vino y las copas le habían trastornado hasta tal punto que hubo que recluirlo en un psiquiátrico, de los que antes se llamaban manicomios.
Cuando le conocí, era el barbero; afeitaba a los internos que estaban peor que él, taciturnos, distraídos, o agresivos, según tocara el día. Nunca alegres. A veces, en los ratos de visita comentaba: “De la cárcel se sale, pero de aquí no.”
Tuvo y no tuvo razón. Allí terminaron sus días pero volvió al pueblo en coche negro, dentro de una caja, camino del camposanto.
Fue allí, hace treinta años, donde Luisa, la mujer de Manuel, quedó preñada, entre el ciprés y los robles, junto a la tapia.
Sólo ella y el cura saben quién es el padre.

ASOMBRILLADA 29/05/0719:39




  • ¿Y eso por qué?
La tierra prensada marcaba el camino entre una fila de álamos. Todos los días, cuando el sol recortaba los dientes de la sierra, Juan, con su flauta de caña retornaba al redil mientras dejaba escapar sus notas, sin menoscabo de su atención al pequeño rebaño que le precedía.
Juan tenía diez años y aquella flauta había nacido con él. Tallada por las manos curtidas de su padre, tan fuertes como hábiles, las que lanzaban guijarros al río junto a la alameda, y que a su busca, salía raudo el perro hasta encontrarlas con gran facilidad para devolvérselas fielmente a sus pies. Y tras aplastar su rabo, sentado sobre la tierra, quedaba quieto a la espera de un pequeño pedazo de queso. ¡Ahí va, Tazón, cógelo!
Pero esto sólo es un recuerdo. Desde muy niño, su padre le había hecho sopas con leche y pan, el primer alimento tras la hora de los maitines que compartían con el perro, el encargado de limpiar el cuenco como una patena desde el día que entró a formar parte de la pequeña familia del padre y su hijo, al qué llamaron desde entonces Tazón. La madre había muerto en la hora del parto, y Juan vivía solo en su vieja cabaña con sus apenas dos docenas de ovejas encerradas en una pequeña cerca, con la compañía inseparable de Tazón y su flauta de caña, con la oración y en el recuerdo de su padre, recientemente fallecido. Todo aquello era la herencia que había recibido a tan corta edad.
¿Sabría Juan la razón del porqué todo aquello era de su propiedad?
Cuando nacía un corderillo, Juan se alegraba sin más alcance que ver como iba aumentando su rebaño, y cuando un rayo partió en dos un álamo, al poco tiempo, del tronco cogido a la tierra, vio nacer sus primeros brotes.
¿Sabría Juan la razón de ver como nacían las cosas de su alrededor?
Juan hacía sonar su flauta y la melodía se perdía entre el ramaje sin que nadie pudiera escucharla, a excepción de su único espectador, el fiel Cazón. Las ovejas humedecían su hocico en la hierba y nunca fijaron su atención en los sonidos de la flauta, reaccionando sólo a los embates del perro guardián.
¿Sabría Juan qué era lo que salía de aquella flauta de caña seca?
Pasaron unos años, no muchos, y Juan descubrió que existía algo desconocido hasta entonces cuando vio que unos hombres talaban los álamos, huyendo con unos enormes balsas llegadas por el río.
¿Descubriría Juan que la explicación a todo aquello estaba en las curtidas manos de su padre, al que perdió tan pronto y del que sólo le quedaban preguntas sin respuesta y una flauta de caña?
Boscán

nuki60 30/05/0713:13



  • Carta del escritor a su hijo.
Me dijiste que querías sentarte a mi lado mientras escribo, que no me molestarías, te lo prometo, papá. Es lo que más me gusta en esta vida: tenerte a mi lado. Sentir que respiras, verte leer lo que escribo. Pero ya sabes, hijo, que escribir es un vicio solitario, que la luz es demasiada luz para concentrarse y que hasta la noche es poca noche para la soledad que busco.
¿Qué sería de mí si en algún momento me dieras un beso, silencioso, si tus labios mojaran con tu infantil saliva mis mejillas? No podría seguir trabajando, no podría seguir el hilo de la narración. Y ya sabes que los que escribimos vivimos obsesionados, nos gusta pensar que tenemos una misión. Sentimos un aislamiento total de un mundo que no aprecia nuestra labor como escritores. Somos raros. Nos pasamos un año sin salir de un cuarto oscuro con una lámpara central que ilumina un trozo de la mesa y allí sobre un papel blanco vamos dejando un reguero de letras. No sabemos si aquello será útil para alguien, si aparecerá en las librerías y algún lector lo acariciará en sus palmas o si irá a un cajón donde se guardan los olvidos.
Pero, hijo, Andrés, yo te he visto orgulloso de tu padre, te he visto silabeando las frases que he escrito y eso me ha llenado de orgullo. Un orgullo natural que me nace desde la sangre.
Escribir un libro es como crear un hijo; ya te lo he dicho alguna vez. Es un acto de amor hacia el lector al que le entregas tus pensamientos. Tú me entiendes, ¿verdad? Sabes de mis sacrificios para escribir, de las muchas horas que me paso en esta habitación encerrado por dentro y cómo un día me dejasteis un folio enganchado a la puerta anunciando que os ibais a la feria porque yo no quería venir con vosotros. Sí que quería, pero la escritura me tenía agarrado como un pegamento a la silla.
Tengo que escribir; ya lo sabes. ¡Cómo me gustaría tenerte a mi lado, escribir con una mano y acariciarte el pelo con la otra! Pero no puede ser. El proceso de creación es muy celoso y me obliga a tener todos los sentidos concentrados en la escritura.
Pero no dejes por eso de querer a tu padre, Andrés. Todo lo que hago es por ti y para ti. Cuando tengas un hijo lo comprenderás.
Te envío un beso muy grande y un abrazo.

ANDRESNIPORESAS 30/05/0722:29




  • Aurelio
Tan solo una vez Aurelio bajó del monte a la ciudad. El resto de sus treinta y seis años los fue dejando por riscos, majadas y prados de pasto, donde el pastoreo era la única salida. No echaba nada en falta, aunque poco tenía. Ni soñaba un futuro mejor en las innumerables horas de solitaria reflexión junto a las ovejas. Se encontraba tranquilo en su vida de pastor, viviendo con sus padres y un hermano mayor que, como él, se sentía feliz de llevar una vida tan austera como desprovista de sobresaltos.
Su padre y su hermano sí que bajaban a la ciudad un lunes al mes. Acudían al mercado agrícola de Gernika. Fieles a la tradición montaban en el viejo Land Rover y desaparecían camino abajo muy de mañana. Si a la vuelta regresaban por el camino asfaltado ya sabían, su madre y él, que la venta había sido buena y que venían cargados de provisiones. Si por el contrario aparecían entre la polvareda del camino de Nabarniz, se volvían a sus quehaceres tratando de olvidar el hambre que se les avecinaba.
La única vez que Aurelio estuvo en Gernika también fue un lunes de trabajo. Hubo venta, por lo tanto el padre estaba feliz y por ser la primera oportunidad en que bajaba con su hijo pequeño quiso recompensarle. Le dio unas pesetas y le dijo que las gastara bien, que no volviera a casa hasta el día siguiente y que si preguntaba en la calle de la Rua tendría cama y quién sabe si compañía para la noche. De aquel día poco o nada recuerda Aurelio. Sabe que entró en una casa de las llamadas de citas y sabe que bebió cosas de las que desconocía la existencia. Pero de cómo regresó al siguiente día al monte con los suyos no tiene idea.
Diez meses después de aquella experiencia y con ocasión de otro lunes de mercado, su padre volvió con noticias extrañas. Edurne, la hija de Juan Antxon Gasabe, había parido un niño en pecado, sin padre reconocido. Todos sabían que Edurne se dedicaba a la vida nocturna y por eso nadie quiso hacerse cargo del bebé. Pero el padre de Aurelio, tras coincidir con la madre y el niño, había encontrado un parecido sorprendente con su hijo y estaba convencido de que era su nieto.
Durante unos días Aurelio no hizo más que pensar en aquel vacío de su mente que no le dejaba recordar. Si era verdad que había estado con aquella mujer, si las posibilidades de que fuera hijo suyo eran suficientes, tendría que asumir la paternidad y reconocer al niño. Seguramente debería bajar a vivir a la ciudad, buscar un trabajo y casarse. La gente se reiría de él por haber caído en la trampa de una fulana. Lo más posible es que fuera un mal padre, que su hijo no llegara a entender cómo un inculto así podía ser su progenitor. Sería repudiado por la familia de ella, por ella misma y su hijo, y aún así su deber estaba por encima de todo. Asumió el cometido como conclusión y expiación de un error.
Éste arrojo se diluyó enseguida. Las bajadas de los lunes se fueron sucediendo y no se decidió a acompañar a su padre y a su hermano. Ya se contaban diez años desde la noticia. Su padre visitaba y ayudaba regularmente a su nieto y a la madre, pero al regresar a casa callaba y no contaba a Aurelio los progresos del pequeño en el colegio, ni lo rizado que tenía el pelo, ni el color avellana tan dulce que desprendían sus pupilas. Y es que su padre sabía el valor que había que reunir para afrontar la paternidad cuando se es pobre y miserable, y sabía también que su propio hijo no sería nunca capaz de aceptar aquella enorme responsabilidad.

HABLADOR 30/05/0723:36




  • El gigante
Decía mi padre que había un gigante que tenía tres hijas, que dormían con coronas de oro.
El gigante trabajaba en el bosque allanando tesos y abriendo senderos, y cuando terminaba se echaba una pinta onderrok de cervecita en la tapería que habían abierto unos trasgos australes debajo de un peñasco de granito, que les iba muy bien y tenían buena clientela de criaturas sobrehumanas y del inframundo. Era un sitio simpático donde se podía cantar. Por la noche, el gigante volvía contento a su casa y le extañaba la curiosa manera que tenían las cosas de duplicarse, donde antes había un roble ahora había dos, donde había dos piedras, ahora cuatro, y el camino era un un constante problema porque se bifurcaba sin avisar y se empeñaba en inclinarse a un lado y otro, el muy borracho, con lo que le había costado a él enderezarlo todo el día y ahora no había forma de andar por él a derechas. Vamos, que encontraba su casa de milagro.
Sin embargo sus hijas eran únicas para él, y las quería mucho.
Por eso, la noche que aquel jovencito tan simpático se ofreció a acompañarle hasta casa y le ayudó a entenderse con los dobles robles y los dobles caminos, una sensación de amistoso alivio y de confraternidad le invadió, y le hubiera dado un buen abrazo si no fuera porque ya iba un tanto abrazado a sus hombros para no caerse, con lo que su gesto de amistad habría pasado desapercibido.
El gigante se puso a cantar y su horrorosa voz hizo temblar el bosque. Un roble se cayó muerto de risa.
Suavemente, el jovencito, entre canción y canción, empezó a hablarle al gigante de cosas de la vida, de mujeres, del hogar, el amor, los pequeños gigantitos... y así, como si no dijera nada, de pronto le dijo que estaba enamorado de su hija.
La noche quedó en suspenso, horrorizada. El gigante, inmóvil.
- ¿No os equivocáis? - le preguntó al chico, es decir, a los chicos, porque el muchacho, como todo lo demás, se había vuelto torpemente doble y dos sonrisas bobas florecían en medio de sus carrillos blandos como miga de pan ahogada en un estanque oscuro. ¿Cómo le había podido parecer tan simpático aquel pedazo de masa sin forma que retorcía sus cuatro labios delante de él, como si la noche no se hubiera estupendamente estropeado?
- La quiero - dijeron los labios, y había algo tan serio, tan firme, tan definitivo, en los cuatro ojos verdes del chico, que el gigante se impresionó. Era verdad.
El gigante se rascó su nariz roja, pensativo. ¿Era un amor tan grande el que sentía aquel hombrecito, como el que les tenía él a sus pequeñas? Era imposible. Eran sus niñas, las había criado, nunca las había abandonado, las quería. ¿Era un amor mayor? ¿Quizá distinto?
Era la vida que llegaba por la noche, hermosa pero ladrona, pero hermosa, y se empeñaba en continuar partiendo corazones.
- Oh - contestó con un vahído. Se apoyó más fuerte en el brazo del chico y lo encontró firme y amable. Al fin y al cabo, tenía que pasar y más valía que al menos el pequeño gusano que se llevara sus tesoros fuera simpático, como aquellos dos gusanos que le sonreían - Y, decidme, ¿lo saben ellas?
Y continuó su tambaleo por el bosque apoyado en el hombro de los dos muchachos. Al fin y al cabo, se dijo, aunque aquellos dos muchachos se llevaran a dos de sus pequeñas, todavía le quedaría una soltera y la cosa no sería tan mala, se conformó y suspiró.

BLANKA-L 30/05/0723:54




VOTACIONES DEL TINTERO CCXCVII:
La paternidad.Se abren las votaciones durante todo el jueves.
Den 3, 2 y 1 voto a los relatos que más les gusten.
Buenas Letras a todos.

ANDRESNIPORESAS 31/05/0700:04



Voto así
Hablador.............................3
Blanka................................2
Nuki60................................1
Han sido interesantes todos los relatos. Gracias, generosos.

ASOMBRILLADA 31/05/0715:03



votos
HABLADOR 3
BLANKA-L 2
ANDRESNIPORESAS 1
¡Qué poquitos en esta ocasión!

gemmayla 31/05/0715:48



votaciones
Por los pelos pero he participado, así que tengo el derecho y el deber de votar. Voto pues:
3 Puntos - "El gigante" / BLANKA-L
2 Puntos - "Paternidad" / ASOMBRILLADA
1 Punto - "Carta del escritor a su hijo" / ANDRESNIPORESAS
Pocos pero bien avenidos. Un saludo de otro pobrecito hablador...

HABLADOR 31/05/0719:11



+ votos
Pues yo también puedo votar porque en el último pelo está la virtud, por eso los padres van distinguiendo mejor lo bueno y lo malo según van teniendo claro qué pelos son los que les quedan, los que más valen, los que siempre estarán con ellos. Ay señor, qué semana de barbaridades he tenido, casi como las reflexiones que hago. En fin, como dice mi antecesor Hablador, un saludo y encantada de estar aquí todavía, como pelo de cogote.
3) HABLADOR
2) NUKI60
1) ASOMBRILLADA
Mis cinco puntos esta semana son para GEMMAYLA. Cuatro con estremecimiento frío y perverso para Andresniporesas.

BLANKA-L 31/05/0720:05



Mis votos
Blanca-L 3 puntos....por su imaginación.
Gemmayla 2 puntos... por su carácter reflexivo
Andresniporesas 1 punto...por lo bien escrito.
Tengo ententendido que la máxima puntuación es de 3 puntos. ¿Es así?

nuki60 31/05/0720:57



Votos (desde el andamio).
Hablador.......................3 votos.
Blanka..........................2 votos
Nuki60..........................1
Ha sido interesante.

ANDRESNIPORESAS 31/05/0721:53




RESULTADOS O RECUENTO FINAL DEL t-297.
Hechos los recuentos correspondientes, salvo error u omisión, dan los resultados siguientes:
Ganadores ex aequo: BLANKA Y HABLADOR....12 votos.
Le siguen: el resto.
FELICIDADES A LOS GANADORES!!!!
Según la costumbre, poner tema de común acuerdo o bien un tema cada uno...estamos ansiosos por escribir dos relatos cada uno. :-)
Buenas Letras y buenas Noches.

ANDRESNIPORESAS 01/06/0700:07


sábado, 26 de mayo de 2007

CCXCVI... El balcón

TINTERO VIRTUAL CCXCVI.- El balcón
Eh, qué buena gente¡¡¡ Se agradece mucho el premio. Esta semana ha sido como para presumir de ella. Muchísimas gracias.
Esta semana venimos asistiendo a una lenta escena del balcón, modificada para la vida moderna. El joven galán pone la pasión y la fuerza pero también tiene que cargar con los yerros mismos hasta un segundo piso, y arriba le espera una doncella en forma de albañil rumano que no se sabe si tendrá trenzas pero sí que sabe de verdad ponerse inaguantable, como buena princesa. Cara princesa.
Y el pobre caballero acaba machacándose la mano...
Merece la pena dedicarle un tintero a los balcones.
Suerte y muchas gracias otra vez. Sois increíbles.

BLANKA-L 18/05/0701:30




  • El sueldo de Sandra Merced
Sandra Merced ha cobrado la nómina esta mañana de fin de mes de un noviembre adusto como un paisaje cansado . Un estipendio compuesto de retales y migajas - doscientos euros por aqui, por atender a un anciano en Chamberí, trescientos euros por allá, por limpiar cuatro casas de una misma finca en el barrio de Salamanca, ciento cincuenta euros acullá por hacer suplencias en el turno de noche de una gasolinera de la A-2. Seiscientos cincuenta euros como seiscientos soles de las antiguas monedas de su país. Sandra Merced es peruana, inca del Cusco como Túpac Amaru I. Todos aqui, en la madre patria, la toman por ecuatoriana. Antes se ofendía. Ahora le es indiferente. "En este país no distinguen entre Simón Bólivar y Antonio José de Sucre" Sandra Merced es licenciada en Historia en su país y aqui no le convalidan el título, pero lo mismo da, a nadie parece importarle eso.
Su hermano Mario viene esta noche a recoger el sobre con los trescientos euros que aparta todos los meses para mandar un giro a su país. Con esos trescientos, su abuela, sus hermanos y su madre viven bastante mejor allá que antes, cuando su hermano y ella no habían emigrado. Con los restantes, ella y Mario malviven aqui compartiendo techo con una jauría de malhechores colombianos y magrebíes. En cuanto le sea posible buscará mejores compañías con las que convivir las escasas horas que le quedan de asueto.
Sandra Merced aguarda la llegada de Mario asomada al balcón de la terraza. Una terraza repleta de cachivaches que se almacenan ahí por si algún día tuvieran alguna utilidad. Cosa tan improbable como imaginar que a Sandra Merced le pueda marchar bien la vida un día de éstos, inopinado, fortuito, un día cualquiera cargado de buena estrella. Mario ha llegado ya. Silba a su hermana que esparce un aire distraído por la atmósfera, como de hadas. Sandra lanza el sobre que contiene los trescientos euros cansinos a la calle para que las manos extendidas del joven lo coja como todos los treinta de cada fin de mes. Pero el sobre contiene trescientos euros cansinos, hastiados, indolentes que no admiten trayectorias certeras ni líneas de meta precisas. El sobre, los trescientos euros como soles peruanos han querido dejarse caer en la jardinera del balcón del piso de abajo, ese piso deshabitado, de dueño ignorado y paradero desconocido. Sandra Merced y Mario, desolados, no saben qué hacer, cómo proceder. Se turnan por la noche para velar el sobre, pero a eso de las cinco de la mañana a Mario le vence el sueño y se queda dormido con la cabeza reclinada sobre su pecho, sentado en una silla de formica desvencijada, que trajo de la cocina pero que se quedará ahí engrosando la cacharrería. Se ha quedado dormido con una lata de Coca-Cola en la mano, que también se quedará ahí por tiempo indefinido engordando el desorden de la terraza.
A eso de las cinco de la madrugada Mario no ha podido ver al pajarraco ése, paloma o buitre urbanos, que se ha llevado en su pico rapaz el sobre que contenía los trescientos euros cansinos, hastiados, flojos pero cargados de solera como soles peruanos.

gemmayla 18/05/0709:45




  • Semilla de perejil
A sus cuarenta y cinco años, Juan Arganda era Jefe de Producción de una fábrica de tuberías para desagües y ya pensaba en su jubilación. En lo que haría cuando llegase el momento de iniciar la tercera y última etapa de su vida. Su duda era elegir el lugar, entre el campo o la playa. Ambos tenían en común el sol, la tierra y el aire que era lo que más ambicionaba. Desde que se casó, todos los meses cogía unas pesetillas y las depositaba en su Libreta de Ahorros. De esto hacía ya dieciocho años. Enemigo de los plazos, lo suyo era pagar al contado y cuando tuviera lo suficiente, echaría una moneda al aire: y si cara, al campo, y si cruz, a la playa.
Y esto encantaba a su mujer, Anita, mujer de carácter pero bonachona, quien al ver tan ilusionado a Juan hacía aumentar los ahorrillos con igual cariño e interés. Sin embargo, eso de la playa en la que el viento empuja la arena hacia los ojos y el agua salada que le producía arcadas no terminaba de aceptarlo. Llegado el caso, pensaba Anita, iría a San Pancracio, de quiera era devota, le pondría perejil a sus pies, y seguro que la moneda les conduciría hasta una casita en el campo donde plantar lechugas, limpiar sus rosales y caminar por los senderos de la mano de su esposo recordando el pasado, alegres por los días de paz que tendrían por delante.
Juan Arganda, a poco de su jubilación, tenía ahorrado lo suficiente para comprar su anhelo en la playa, donde ver todos los días la salida del sol, o en el monte, donde correr con sus perros dentro del bosque, según le dictase la moneda. Y fue cuando Anita plantó en su mejor maceta del balcón donde vivían, una ramita de perejil, ignorante de que al mismo tiempo la vida también tiene sus semillas.
Juan Arganda tiene setenta y cuatro años acabados de cumplir este 15 de Agosto, fiesta de la Virgen de la Ascensión, pero el no lo sabe. Anita, tan enamorada como siempre, le ha preparado un helado de turrón, su postre favorito y se lo ha dejado, como tantas otras veces desde hace muchos años, en el balcón, para la merienda de la tarde. Allí seguirá Juan hasta la hora de acostarse fijando su mirada en uno de los desagües callejero, camino de entrada a toda la red de alcantarillado de la ciudad, sin saber porqué.
Boscán

nuki60 18/05/0713:25




  • Duda razonable
En la explicación de los hechos no se argumenta cómo pudo abrir la puerta del balcón para salir. Se puede conjeturar que estuviera abierta o que en todo caso la manilla no fuera difícil de girar. De cualquier forma se puede asegurar que a duras penas se asomó por la baranda, tal vez apoyara la barbilla en la fría superficie metálica o simplemente contemplara el exterior entre la separación de los barrotes. También es seguro que su atención debió centrarse en algo que le atrajo desde fuera, que regresó dentro para coger carrerilla, que no lo pensó ni un instante y que en alocada carrera saltó por encima de la barandilla como un pura sangre lo haría por encima de un obstáculo en el Grand National.
Una señora se sobresaltó en la calle al escuchar el estruendo tras de sí. El horrible sonido de casquería machacada le hizo recordar la vez que su madre cayó al suelo y se rompió la cadera. Se volvió con rapidez presintiendo que vería algo penoso y su temor resultó minúsculo frente a la visión de un cuerpo reventado contra el asfalto. Como un globo lleno de agua que al explotar esparce su contenido por todas partes, así lo recordaría más tarde. Había sangre en todas direcciones y, espachurrado contra el suelo, un setter inglés de color casi indescriptible, quedaba ante sus ojos desorbitados.
Pudiera ser que las palomas o pajarillos que siempre venían a posarse en la barandilla de su balcón le provocaran con sus aleteos. Podría ser que por unos momentos creyera ser tan ágil como un gato y que nada debía temer porque tendría tantas vidas como éste. Tal vez lo único que quisiera era jugar, o volar ¡por qué no! en el espacio que se abría en aquel gran horizonte que sus ojillos miraban con lánguida envidia. Quién sabe si no fue un acto desesperado de huida por no aguantar más aquella perra vida a que le sometía un amo cruel y déspota. Por qué no pensar que el dueño tuviera algo que ver en la caída. Al fin, quién puede negar que aquel salto representara una decisión reflexionada de un animal al que no le quedaba otro camino que el suicidio.
Todo quedó en la suposición de que el perro se precipitó al vacío tratando de alcanzar a unas palomas. Nadie preguntó al propietario si conocía otras causas posibles.

HABLADOR 20/05/0710:34




  • La torre del tigre
—Házmelo grande —le dijo la princesa al arquitecto—, amplio, bien saliente... Házmelo orientado a la ciudad para que yo pueda ver a mi pueblo y estar con ellos.
—Así lo haré, princesita —sonrió el viejo arquitecto, Enrolló los planos de la nueva torre y se los dio a su hijo y ayudante para que los guardara en el estuche.
La princesa, muy contenta, les señaló la puerta con la punta de su babucha de seda y plumas de avestruz. Por fin iba a poder ver su maravillosa ciudad y sus buenas gentes siempre que quisiera, sin tener que esperar a que estuviera reunido el cortejo y listo el palanquín de sándalo sobre el elefante.
El rajá esperó en la puerta al viejo arquitecto con el ceño muy fruncido, y le ordenó.
—Oye, ese balcón tiene que estar bien alto en la torre. No podemos dejar que cualquiera contemple a la princesa y ella tampoco debe oír la voz del pueblo cuando se pone terco y violento ni cuando llora. No conviene. ¿Me has entendido?
—Sí, mi señor. Alto estará —contestó el arquitecto obediente.
Y así fue como el balcón, en forma de media luna, quedó grande, amplio y en la cima de la torre nueva del palacio. Era un espacio bello, armónico, y estaba bien adornado con pedrería y las mejores cortinas mosquiteras de fina gasa de seda. Se veían las terrazas de la ciudad por el día y las luces por la noche, y se oía un vago rumor humano y todos los trinos de las aves del cielo.
Todos quedaron contentos.
Menos el hijo del arquitecto que era un jovencito apasionado y desde que había visto a la princesa sentía un ardor extraño y unas ganas de volver con ella, y soñaba que se acercaba y, por Shiva, la abrazaba y todo lo demás, y se moría de melancolía porque desde su casa sólo podía distinguir un borrón oscuro con un punto de luz, la carita morena adornada con un diamante en la frente, cuando ella se asomaba mucho por encima de la barandilla. Si no, no se veía nada.
—Necesito tu magia —le dijo a Shiva, la de los cien brazos— porque quiero abrazarla aunque sólo sea una vez.
—Me darás tu vida —le advirtió la diosa, que era justa en sus tratos.
—La tendrás de todas maneras porque se me va —suspiró el jovencito.
Entonces, en el momento en que se ponía el sol, la diosa tomó una gota de sustancia del horizonte y convirtió al hijo del arquitecto en un mágico tigre enorme, en parte rojo como el poniente, en parte negro como la noche que venía, y le ordenó:
—Alcánzala y sé uno con ella.
El tigre dio un salto prodigioso sobre los tejados de la ciudad y ardiendo como el sol rojo cayó sobre el balcón del palacio, y la princesa corrió hacia él y se lanzó a su fuego y fue una con él. Y cuando toda la torre ardía, Shiva los salvó y los hizo descender suavemente en sus manos hasta la selva.
Por eso en la región de Bengala los tigres descendientes de la princesa y el hijo del arquitecto tienen la fuerza de él, y un diamante blanco en medio de la frente como ella.

BLANKA-L 21/05/0715:03




  • UNA MIRADA DESDE EL BALCÓN.
Salí al balcón hacia las once de la noche y me acodé en su barandilla. Hacía una noche tibia, como consecuencia de un día templado. De pronto la luz de una habitación de enfrente se encendió y apareció recortada sobre la pared salmón la figura de una bella mujer. Se acercó al balcón suavemente y se fijó en mí, que abandoné mis pensamientos para llenarme de su presencia. Un escalofrío me recorrió el cuerpo como una sacudida.
Entreveía su cara plácida retando las sombras de la noche y cruzando su mirada con la mía. De cuando en cuando su lengua mojaba los labios y yo me encendía por ella. En ese momento hubiera hecho el amor en el aire. Creo que a distancia la poseí con el dulce apasionamiento que se aman dos seres que saben que ya nunca más se volverán a ver. O como dos gaviotas que se dejan llevar por el viento.
Desapareció un instante de la luz y al punto volvió con un peine y comenzó a peinarse de espaldas a la ventana. El gesto repetido de pasar el peine por el pelo, que le llegaba hasta los hombros, me puso tan nervioso que adopté una postura incómoda, con la cabeza estirada y casi colgando hacia el suelo. Me di cuenta de que la farola de la calle estaba apagada. Seguramente se fundió la bombilla y ya se sabe que el Ayuntamiento es lento en reparar los desperfectos.
Cuando volví la mirada a la ventana advertí que ella había desaparecido. Dudé un instante en irme yo también o esperar, pero si había dejado la luz encendida es porque pensaba volver. ¡Y volvió! Esta vez llevaba un camisón de raso blanco con adornos que no adiviné si imitaban motivos vegetales o una fauna exótica.
Nos observamos mutuamente. Ella hizo un gesto de interrogación. Yo le correspondí afirmandole que me parecía muy bella. Acompañaba mis gestos con los movimientos de los labios correspondientes a la frase que quería transmitir. Ella no se inquietaba y seguía allí en pie, dispuesta a seguir la conversación. Le tiré un beso con mi mano derecha. Ella se llevó instintivamente la mano al corazón. Y volvió a hacer un gesto que interpreté como de llamada. Insistí para asegurarme de que no era una equivocación.
No lo era: de nuevo con su mano me indicó que fuera a verla. El corazón comenzó a batir en mi pecho y me flaquearon las piernas. Aquella preciosa mujer solicitaba mi presencia. Raudo, me di la vuelta y dejé el balcón.
Enseguida todo se me vino abajo. Al abandonar el balcón, instintivamente, encendí la luz de la habitación y en ese instante el mundo de mis ilusiones se vino abajo roto como un cristal que recibe una pedrada.
La noche sombría me envolvió de nuevo.

ANDRESNIPORESAS 22/05/0716:40




  • La maldita silla
Si les hubieran dicho que iban a terminar así, jamás hubieran gastado aquel dinero en la silla de jardín, reclinable, verde oscuro.
El día que la compraron, el mozo que subió a por ella a la última estantería parecía tener una mirada extraña. Lo recordaban ahora al repasar los hechos tratando de ver dónde habían cometido el error, si es que lo había.
Les dijo que era ligera pero resistente y bromeó diciendo que parecía tener vida propia. Le costó bajarla, lo notaron. Varias veces tropezaron sus pies contra los peldaños de la escalera, como si ésta defendiera a la tumbona del asalto o como si él estuviera borracho. No lo estaba. Hablaba con fluidez y con cordura. Tan sólo aquella mirada.
El vendedor les enseñó después varios tipos de cojines y eligieron el de cuadros, que era a la medida y que entonaba con la silla. Les acompañó hasta el aparcamiento, y se aseguró personalmente de que la tumbona quedara bien sujeta. Les pareció el colmo de la amabilidad, pero ahora dudaban de que fuera ése el motivo.
En el trayecto a casa, tuvieron un pequeño percance. El conductor del coche que venía detrás del suyo no se dio cuenta de que habían frenado y embistió con fuerza suficiente como para abollar el maletero, que quedó abierto sin posibilidad de cerrarse. Llovía. Rellenaron los papeles para el seguro y prosiguieron el viaje. Ya llevarían el coche al taller; antes convenía descargar la silla.
El envoltorio estaba empapado. No le dieron importancia. Lo metieron en el ascensor con dificultad, y les pareció notar que había ganado peso. Él se aplastó el pulgar contra el espejo, que se cuarteó, y unas gotas de sangre cayeron sobre el envoltorio.
Por fin llegaron al balcón, lugar de destino de la silla. Seguía lloviendo. Abrieron el embalaje y colocaron la tumbona en la esquina más resguardada del balcón. Se olvidaron de ella hasta el día siguiente.
Amaneció un día radiante. El sol daba de plano sobre la silla, que ya no estaba donde la habían dejado. No les llamó la atención, pensaron que el otro habría hecho el cambio.
Han pasado meses y los vecinos comentan que hace mucho que no ven a la pareja.
Ellos pasan el tiempo cuidando las flores de su balcón, cada día más débiles. Las tijeras de jardín que utilizan, no saben cómo, no se dan cuenta, picotea sus carnes al menor descuido cuando cortan las hojas muertas, y ellos se sientan por turnos, a restañarse la sangre, pensativos y cansados, en la silla que parece, cada vez más, hecha a medida para ese balcón.

ASOMBRILLADA 23/05/0700:17




  • La calle Tintero
Me despertó el sudor del mediodía, había pasado mala noche y el sueño tardó en recogerme. Me di una ducha y abrí el balcón, todavía entraba más calor de la calle del que ya había dentro de la casa, y el sofoco de llantos, de ruidos de patadas, hizo que me asomara a la calle medio desnuda. Los balcones y ventanas de los demás hogares también estaban abiertos, y los que permanecían cerrados no tardaron en abrirse aun teniendo el privilegio de poseer ventiladores y aire acondicionado.
En la calle se representaba un espectáculo insólito, una pareja de ancianos decrépitos apaleaban con sus bastones a unos jóvenes indefensos ante el respeto de las canas violentas. Los balcones miraban sin parpadear y sin abrir la boca, la gente en la calle pasaba de largo, algunos se daban la vuelta para seguir mirando sin hacer mucho caso ya que soñaron o pensaron que nada era real, una alucinación por el calor sofocante que auguraba una portentosa tormenta.
- ¡Quietos!, ¡Basta! – grité sorprendida por ser la única persona que parecía tener voz.
- ¡A callar! ¡Metete en casa! – dijo el viejo sin dejar de golpear a diestro y siniestro a los jóvenes ya maltrechos.
Su bastón estaba teñido del color intenso de la vida y en el rostro de la vieja resaltaban sus ojos de sapo salpicados de sangre joven dándole un aspecto terrorífico.
Llamé a la policía y bajé a la calle envuelta en un albornoz, cuando puse los pies en el asfalto los viejos se lanzaron hacia mi y volví al interior del patio de mi casa para protegerme. Aporrearon la puerta y rompieron los cristales.
- ¿A qué viene esta violencia?
- ¡A callar! – repetía el viejo - ¡A callar! – coreaba la vieja - ¡La calle es nuestra, llegamos aquí hace cinco años y ningún niñato nos va a desplazar de estas aceras ni de estos bancos!, ¡Faltaría más!
No daba crédito a aquellas palabras, pues hacía más de siete años yo ya me había sentado en aquellos bancos junto a otros vecinos a charlar de nuestras cosas y de los últimos libros que habíamos leído y aquellos rostros eran completamente desconocidos para mi. Afortunadamente la policía no tardó en llegar y fueron rápidos apoderándose de sus bastones. El viejo amenazaba a los policías y la anciana se protegía tras sus espaldas, entonces me atreví a salir y me dirigí a auxiliar a los tres muchachos malheridos, uno de ellos ya sin vida, completamente roto. Lloré amargamente y miré hacia arriba, hacia mis vecinos silenciosos, todos ellos culpables del crimen allí cometido.
Pronto llegaron ambulancias, auxiliaron a los muchachos todavía vivos y al muerto lo enfundaron en un saco negro, el sonido del cierre de aquella cremallera me hizo una cicatriz en mi vida. A la vieja se la llevaron con facilidad pero el viejo seguía gritando:
- ¡La calle es mía!, ¡la calle El Tintero siempre ha sido mía!
Unos dicen que fue el calor, otros el preludio de la tormenta y los que más culparon a la locura senil de una vida vacía. Mis antiguos vecinos, ya repartidos por mejores barrios, no daban crédito cuando leían las noticias del suceso de aquél barrio tranquilo que siempre fue libre hasta que aquellos ancianos intentaron tomarlo como suyo.
D.E.P.

ecumedesjours 23/05/0703:02




  • AgostoAgosto.
Veía el partido encabronado ¿A caso había otra forma de ver el furbol? Lanzaba los brazos hacia la tele cada vez que el arbitro tomaba una decisión discutible, luego se frotaba vigorosamente la calva. Su sonido favorito era un gutural “baaaaaaaaaaaaahh”, y sus insultos más exóticos “Sinvergüenza” e “indocumentado”, pero de forma inconsciente el sabía que nada superaba la frase: “Tu puta madre”. Para él, “tu puta madre” era el cúlmen de la lengua castellana. Podía denotar sorpresa, enfado, insulto, tristeza, etc. Servía para todo, que le pitaban al conducir...”¡Tu puta Madre!” Que una lata de cerveza henchida de gas le manchaba de espuma...” ¡Su puta Madre!”...Que Vanilsterroy metía el primero: ”¡¡Tuuuuuuuuuuuuu puta madreeeeeee!!”
Pero todavía había posibilidades, no todo estaba perdido. El sufría, sufría con los suyos, nada existía mas allá de la tele, nada trascendía al partido. Era un simbionte, un solo ser, estaba convencido de que era el jugador 12. Se acercaba al televisor cada vez que los su equipo penetraba el área y se replegaba en el sofá cada vez que defendía.
Su mujer decía algo desde la cocina, no había tiempo para escucharla, ella hablaba a tiempo completo. Los “si cariño” y los “Arava” ya no la contenían, algo pasaba, pero él no la entendía, cascaba tan rápido la jodida. A veces creía que los sonidos de las letras los pronunciaba tan velozmente que se convertían en un “chorro” acústico, sin pausas, constante e implacable, como una batidora, un taladro, o una lavadora centrifugando furiosa. Su cerebro pensaba “cállate ya mujer, por dios, ¿no ves que vamos uno cero?”
Los lances de la lid lo mantenían nervioso pero atento a pesar del zumbido de su mujer y la música ratonera de su hija. Él estaba con sus chicos, ellos corrían y el se rascaba la panza repleta de morros y callos.
“¡¡Tu puta madre, arbitro, sinvergüenza, indocumentado!!” Penalti en contra, la hecatombe. Necesitaba cerveza, se llevó la lata los labios y justo en ese momento le calló una piedrecilla de grava en la lata. Se extrañó. Sostuvo la piedra en su mano y entonces “Gol!”, Raúl transformaba el segundo. “Cagon´ la hostia” susurró, y entonces una segunda piedra le dio en la calva y reaccionó. El atontado del novio de su hija estaba tirando chinitas al balcón abierto. Una tercera piedra rebotó en su panza y entonces gritó: “ La ventana de al lado pedazo de anormal”. Bueno, "saque del medio campo", anunció el idiota del comentarista. Dos cero, nada estaba perdido pero, para él, ahora todo el mundo era mediocre y estúpido. Encabronamiento máximo.
La Jenni se asomó dejando que su ebúrneo escote compitiera con la luna en belleza y descaro. El “Deivi” casi se cae de la scooter al verlo. “Ahora bajo, niño” -le gritó-. Mientras esperaba, se ajustó la chupa naranja, se afiló los curnecillos de su peinado-cenicero estilo “rey del burger King” y puso Andy y Lucas a todo el volumen que su móvil permitía. Era un romanticón.
Jenni pasó por el salón trotando para que nadie se fijara en su atuendo de pilingui. Un éxito de táctica, al menos contra su padre que estaba ocupado en la tele y en una concienzuda exploración digital de su oído izquierdo y sus fosas nasales, al más puro estilo de Luis Aragonés. Pero de pronto, la mama se interpuso en su camino con los brazos en jarra y su pie repiqueteando el suelo. “¿Ande te crees tú que vas asín jovencita?”
Algo ocurría, había una distorsión, un ruido extra al de su mujer, más agudo, más molesto... estridente. Dios mío que se callaran. No oía a Julito Salinas, podrían estar comentando algo interesante como la humedad en el campo o una de esas estadísticas absurdas que los becarios de periodismo se inventaban para los partidos. Su hija no dejaba de berrear con su mujer, aumentó el zumbido a niveles insoportables, y en la calle el cani del deivi daba la serenata con el móvil. ¡Qué plasta de tías! No quería oírlas, pero su cerebro cazaba frases como: “¿Has visto como va tu hija? , “pero papa, déjame que yo solo”, ” Ni hablar señorit...” , “haré lo que quiera...”, “¡te cruzo la cara!” ¡Qué te calles bruja!”. Entonces ese cerdo de Roberto Carlos toma el balón en la banda, corre como un condenado, se la deja a Beckham –puto nenaza y su pierna de francotirador-, la cuelga a la frontal, “¡Joder nó! ¡Paradlos, paradlos!” -Se oye gritar-. El balón cae a los pies de.. de... “¡ Pero quita de en medio mujer!!” Su mujer se pone delante de la tele, solo ve las piernas paquidérmicas de su esposa y las cachas desnudas de su hija adolescente. Tendrá que contorsionarse como una anaconda de 100 kilos para poder ver la tele detrás de su familia de tocapelotas. “¡Apartaos, apartaos, por dios!” El balón lo tiene Robinho, la defensa no hace nada. Consigue ver un cacho de tele entre las piernas de su hija, la falda es tan corta que pueden verse hasta las gradas. ”Pero Manolo ¿¡la vas a dejar salir asin?!” Pase en profundidad para Raúl, que deja para Vanistelroy en el área chica “¡¡contesta manolo!!” “¡¡NO NO NO Jodeeeeeer, Es el fin, el fin!! Vanistelroy recorta, se agarra a la pequeña mesa auxiliar con toda su fuerza “¿¡cómo que no papa?!” “¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!”
Y gol.
Tristemente gol. Gol gol gol gol gol gol gol....Estalla la rabia y sus brazos de tornero fresador levantan en un acceso de ira la pequeña mesa de cristal, la lanza por los aires lateralmente y acaba saliendo por el balcón. En cámara lenta, las dos mujeres ven la mesilla volar, mientras la legión de figuritas que la asediaban se dispersan por el salón y los retratos de la comunión se estampan contra las paredes. Todas las miradas, menos una, ven como la mesa se precipita a la calle. La mujer y la hija se abalanzan sobre la barandilla. Abajo, el ruido anuncia la catástrofe...El Deivi se tambalea a cuatro patas entre trozos de cristal y madera , el impacto desde un primero lo ha dejado grogi.
El padre se lleva las manos a la cara, esta conmocionado, es un mazazo, una tragedia...una tragedia...tres cero...tres cero..tres cero...es el fin.

Revontulet 23/05/0710:02




  • Balcón con vistas a la dicha.
Cuando despierto, la mujer se mueve. La miro durante un rato y cuando estoy seguro de que aún duerme, la beso en el cuello y me levanto cuidadosamente. Cojo el paquete de tabaco, enciendo un cigarrillo y subo la persiana. La mañana bonaerense es plomiza, el viento de levante, encajonado en la calle silba una monótona cantinela. Su ulular es leve, pero recuerdo que ya me advirtieron de su capacidad para hacer enloquecer a la gente. Pero me atrevo a desafiarlo y abro la puerta y salgo al balcón. La calle está desierta, la ciudad aún duerme y ni siquiera los cantos de mirlos y vencejos son capaces de despertarla. Como párpados blancos, las persianas velan el último sueño de sus moradores.
Me acodo en la baranda y recuerdo lo que ayer decía la mujer: "habrá que pasarle también el trapo". Su rostro vuelve a estar a mi lado, reconfortante. La ilusión frente la nueva vida que se abre ante nosotros resplandece en ella, le confiere un aura que me acaricia sin abrazarme.
Miro la calle, a la izquierda una rotonda, a la derecha más allá de las ruinas del convento cruza un pesado mercancías. Nada de eso importa. Dentro de unas semanas, cuando la brisa marina refresque el calor inclemente, estaremos los dos sentados en este mismo balcón apurando unas cervezas. Miraremos sin ver, hablaremos de cosas vanas que no dejarán huella, y cuando ella diga, tras un estremecimiento, exclame: " cariño, tengo frío", mi abrazo se verá envuelto de ternura y nos retiraremos a dormir.
Abrazo la baranda, es una sensación extraña: por primera vez en mi vida viviré en una casa con balcón. Es así, con estos pequeños detalles, con los que se goza la felicidad.
_______________________________________________
Nota del Autor: Para Erkaytano con mi agradecimiento por su dedicación e interés, y para Soneto con el deseo de que vuelva a tener pronto buena inspiración y mejor ánimo.

Txambelin 23/05/0723:29



Re:Balcón con vistas a la dicha.Respuesta a: Balcón con vistas a la dicha.Gracias por la dedicatoria Txambelín, aunque mi ánimo está muy bien y mi teclado sigue sacando nuevos relatos.
Saludos.
:)

SONETODECUERDA24/05/0714:59


VOTACIONES DEL TINTERO 296: EL BALCÓN.

Es ya medianoche y se abren las votaciones para el Tintero 296. Asómense al balcón y voten 3, 2, y 1 a los relatos que les gusten.
He contabilizado 9 relatos; ha faltado uno para diez, lástima.
Tienen tiempo hsta las 0,00 horas del jueves 24.
Buenas Letras.

ANDRESNIPORESAS24/05/0700:02


Votando que es gerundio.

3) "Duda razonable" de Hablador
2) "La calle Tintero" de ecumedesjour
1) "Agosto" de Revontulet

Txambelin24/05/0701:39


votos

Revontulet 3
Asombradilla 2
Andresnipor 1

gemmayla24/05/0709:46


Mi votación

El sueldo de Sandra Merced 3 puntos
La torre del tigre 2 puntos
Vistas a la dicha 1 punto
Boscán

nuki6024/05/0720:16


votos

3) GEMMAYLA
2) ASOMBRILLADA
1) HABLADOR
Muy bonito Txambelin, muy prometedor Nuki, un cinco para REVONTULET

BLANKA-L24/05/0720:39


votaciones

¡Cuánto tiempo sin ejercer este derecho! Es como un preludio del domingo electoral ¡fijate!
Sin más:
3 puntos - GEMMAYLA "El sueldo de Sandra Merced"
2 puntos - ASOMBRILLADA "La maldita silla"
1 punto - BLANKA L "La torre del tigre"
UN saludo de otro pobrecito hablador...

HABLADOR24/05/0721:08


Voto

Blanka...............3
Hablador............2
Revontulet.........1
Hasta mañana

ASOMBRILLADA24/05/0721:46


Votos.

Blanka-L...................3 votos (Me encantan los cuentos; soy un niño).
Hablador...............2 votos.
Asombrillada...........1 voto
Pues nos vemos en el recuento. Gracias.

ANDRESNIPORESAS24/05/0721:52


v

Tambelin 3, Hablador 2, Gemmayla 1.

Revontulet24/05/0723:32


V

Txambelin ---- 3
Hablador ------ 2
Revontulet ---- 1
Salud

ecumedesjours24/05/0723:36


  • RECUENTO DE VOTOS DEL T-296: EL BALCÓN.

Hecho el recuento correspondiente, salvo error involuntario, arroja los resultados siguientes:
GANADOR.....(Otro Pobrecito) HABLADOR....12 votos.
FINALISTA....GEMMAYLA...........10 votos.
Le siguen BLANKA Y ASOMBRILLADA Y TXAMBELÍN Y REVONTULET.
Al menos ha acabado el día con un regalo para quien tanto dio por el Tintero. (Si como en casa en ningún lugar, OPH).
FELICIDADES Y a poner tema.
Buenas y nostálgicas Letras a todos.

ANDRESNIPORESAS25/05/0700:04